domingo, 12 de abril de 2015

SERES HUMANOS NORMALES


Si es usted un ser humano normal, no lo dude, su partido es el PP. Lo ha dicho don Mariano Rajoy. Ese "si", esa partícula condicional, expresa una dosis de desconfianza inicial. Tal vez a fin de cuentas usted, amigo ciudadano, no sea un ser humano normal del todo. Tal vez sea usted proclive a músicas celestiales. Podría ocurrir incluso que usted no esté sinceramente convencido de que, a fuerza de trabajo y honestidad, este gobierno de seres humanos competentes y sacrificados está sacando a España de la crisis.
La normalidad se vende cara. Ocho de cada diez españoles, según una encuesta, no creen que se vaya a reducir el desempleo en esta legislatura. Prácticamente los mismos estiman que la actual política conduce a una situación de mayor desigualdad social. Sin embargo, la carta de la economía, y no ninguna otra, es el terreno que ha elegido el partido del gobierno para librar la batalla electoral de las ideas.
Contra los experimentos. Contra la demagogia, el populismo, la frivolidad, el amateurismo, las tendencias disgregadoras, el chavismo. Vayan ustedes sumando anormalidades. Contra las ocurrencias mediáticas, contra las utopías sin base, contra la improvisación y la insolvencia, contra las aventuras equivocadas, contra pactismos que pueden conducirnos quién sabe a dónde. La retahíla prosigue. Cada día se suma algún nuevo jinete a la gran cabalgata del Apocalipsis que nos pinta el partido de los populares.
Hay una correspondencia curiosa, pero no casual, de esa actitud con la raíz del fundamentalismo religioso. Puesto que nosotros estamos firmemente aposentados en la Verdad, fuera de nuestras filas no hay sino error y confusión. La Verdad no puede transigir en ningún caso con el error. Tal es la teología subyacente en una política rígida y dirigista que apuesta de forma nítida por el atrincheramiento frente a todas las oposiciones.
Sí, por el búnker.
Y una vez eliminada tanta grasa superflua del modelo ideal de votante, ¿a qué queda reducido el ser humano normal? La imagen que uno evoca es la de un terrateniente, un militar, un registrador de la propiedad y un boticario, que juegan al tresillo en un casino provinciano y despotrican de las novedades. El camarero trota solícito para cerrar los ventanales y correr las cortinas polvorientas, porque en la calle grupos de vecinos protestan contra un desahucio. Los jugadores le han reclamado que ahogue los ruidos de fuera, necesitan silencio y concentración, la puesta para esta baza es importante.
Un país en sordina. Otra vez, frente a frente, la España que muere y la España que bosteza.