lunes, 6 de junio de 2022

CUADERNOS GRIEGOS. CRÓNICA PERSONAL DE LA CRISIS (y III)

 


Plaza Sintagma, manifestación del Oji. Una familia acrisoladamente griega a tiempo parcial, haciéndole la cobra a las troikas. Archivo personal.

 

"Apocalipsis now": referéndum, auto de fe y ceremonia de la purificación. Europa iba a quedar permanentemente dividida entre justos (los “austeros” del Norte) y pecadores (los despilfarradores del Sur). Pero el “nuevo orden” impuesto desde arriba duró solo cuatro años. Cuando en 2019 irrumpió el coronavirus, las jerarquías europeas constataron que, contra todas las previsiones establecidas, los “austeros” eran los primeros en morir, y lo que habían considerado la “lucha final” era solo la primera escaramuza de una larga guerra económica, ecológica y social, en la que las posiciones que habían mantenido hasta entonces podían acelerar el fin del mundo.

Las dos entradas anteriores de este documento pueden encontrarse en:

https://vamosapuntoycontrapunto.blogspot.com/2022/06/cuadernos-griegos-cronica-personal-de.html

https://vamosapuntoycontrapunto.blogspot.com/2022/06/cuadernos-griegos-cronica-personal-de.html

 

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12.- Bromas crueles

Atenas, 28.6.2025. Cuando el editorialista anónimo de El País de hoy escribe «Alexis Tsipras es el primer responsable del fiasco del pacto en el rescate griego», debería ser consciente de que los límites del humor negro se sitúan allí donde se causa dolor a otras personas.

Se está llamando “negociación” a la ceremonia del escarmiento; se está culpabilizando a las víctimas; se están predicando recetas de austeridad a un país que no puede físicamente soportarlas, después de ocho años de fracasos repetidos y consistentes de la austeridad como remedio anticrisis.

Muchos economistas serios insisten en que lo que se está haciendo es una barbaridad. Incluso Barack Obama ha llamado discretamente la atención de los estamentos europeos, en el sentido de que no es el mejor camino. Ni caso. Van ciegos sobre su presa.

Se está imponiendo toda una doctrina anacrónica de las causas y las consecuencias de la crisis sin argumentos ni explicaciones. Se culpabiliza a Grecia desde el menfotismo y la soberbia intelectual. Había unas líneas rojas en la posición inicial expresada por Tsipras, y todo el esfuerzo de los negociadores se ha dirigido a obligarle a romper esas líneas rojas. Había otras ofertas a modo de contrapartidas; se han ignorado o ninguneado.

El clímax de este juego sádico lo marca el desconocido editorialista cuando da como razón de la postura de Tsipras los problemas internos de su partido: «Si la coalición de Tsipras tiene problemas internos, la forma más desleal de dirimirlos es no asumirlos con entereza y, al contrario, trasladarlos a la sociedad para que sea esta la víctima de la bipolaridad.» Se puede ser más canalla aún en el análisis, pero es difícil; el listón ha quedado colocado muy alto.

El referéndum resulta ser ahora, no un instrumento democrático, no la llamada a la sociedad civil a adoptar conjuntamente una decisión difícil en un aprieto considerable, sino el recurso tramposo de un gobierno para eludir sus responsabilidades. Nueva Democracia, el PASOK y el saltimbanqui KKE acudieron de inmediato al presidente de la república para que anulara la convocatoria del referéndum anunciado por Tsipras. La Vuli votó de forma distinta. El editorialista de El País – y no es el único, por lo que he podido ver en un repaso a la prensa – parece convencido de que el funcionamiento de la democracia descansa tan solo en las decisiones del poder ejecutivo. Así nos va en España, y no menos en la Unión Europea, donde los pueblos han desaparecido por completo para dar paso a un extraño ballet de facinerosos de nombres impronunciables que toman en solitario decisiones que afectan a todos.

Estoy de vuelta en Atenas, en estos momentos. Invito al editorialista de El País de hoy a darse un paseo por aquí y ver con sus propios ojos el dolor inmenso que provoca siempre la injusticia. No le harán falta guías ni lazarillos; él mismo podrá ver lo que hay que ver. Quizás entonces se dé cuenta de que hay bromas que conviene evitar en una sociedad civilizada. Bromas crueles.

 

13.- Urnas peligrosas

Atenas, 30.6.2015. En unas declaraciones públicas hechas desde Bruselas, Mariano Rajoy se ha hecho a sí mismo la reflexión de que sería bueno que Alexis Tsipras perdiera el referéndum y así dejara el mando de una vez, para que otro gobierno, de otro color, rectificase el lío que se ha organizado y prosiguiese la imparable marcha de Grecia hacia el superávit y la superación de la crisis dentro de una Unión Europea más unida y cohesionada.

La ministra de Agricultura española, Isabel García Tejerina, ha sido más explícita todavía, al advertir que «las urnas son peligrosas» (¡qué confesión inefable para una supuesta demócrata!) y apuntar, mintiendo sin reparos: «Grecia crecía al 3% y en cinco meses están haciendo cola para sacar 60 euros.»

No se trata del club de la comedia, atención; son declaraciones serias. Ciertamente, cabe alegar en favor de los dos opinantes que no están hablando de Grecia, por más que una primera impresión superficial apunte en ese sentido. Son dos ejemplos clásicos del añejo refrán castellano «A ti te lo digo, hijuela; entiéndelo tú, mi nuera.» Es decir, Grecia les trae al pairo a los dos. A Grecia, que le den. Mariano no sabe con exactitud por dónde cae la península helénica, por más que un avión lo dejara allí mismo cuando fue a echar una mano a su amigo Andonis Samarás, cuando las últimas elecciones. Es probable que, dada la rígida concepción geopolítica de nuestro presidente, piense que Grecia es vecina de la Venezuela chavista, situadas ambas en el mismísimo “eje del mal”.

De lo que hablaban en realidad Rajoy y Tejerina era de España, naturalmente. Ya lo dice el eslogan: «España, lo único importante.» Más aún, cuando los opinantes se están jugando las habichuelas a muy corto plazo, y, en una situación en la que, bien lo dice la señora ministra, “las urnas son peligrosas”. Nunca se sabe lo que puede salir de ellas: gente dispuesta a armar el lío, a cargarse en cinco meses un hermoso impulso ascendente desde la nada hasta la más absoluta miseria.

Algo puedo decir yo, desde dentro de Grecia, sobre el corralito. Este domingo había en Atenas colas delante de todos los cajeros automáticos visibles e invisibles; solo cedían las colas cuando el metálico se agotaba, y entonces quienes no habían podido servirse peregrinaban en busca de otro cajero que aún funcionara.

Se trata de una situación no del todo insólita, sin embargo. Hemos visto colas en los cajeros todos los finales de mes, antes y después de Tsipras. En Grecia las pensiones se ingresan en cuenta corriente, y los pensionistas griegos tienen resquemores viejos y arraigados en relación con el comportamiento de los bancos. Lo primero que hace un pensionista griego cuando ha cobrado su pensión, es sacar todo el montante en efectivo y guardarlo debajo del colchón para ir tirando con lo que hay (no mucho) hasta el ingreso siguiente.

Esta vez las colas eran mayores y la ansiedad más marcada, es cierto. También es cierto que el sábado vimos a un hombre mayor comprar en un supermercado dos cajas, cada una de diez bolsas de kilo de harina de trigo; veinte kilos en total. Son cosas que suceden en un país que solo espera malas noticias día tras día.

Pero también es cierto que lunes y martes hemos estado haciendo compras en museos, restaurantes y comercios con nuestra tarjeta de crédito, sin el menor problema. Consumimos más de 60 euros cada día. No mucho más – somos gente austera –, pero sí algo por encima de ese límite impuesto a los cajeros. Lunes y martes, por cierto, ya no había colas; a casi nadie interesaron los 60 euros del cupo.

El lunes hubo una gran manifestación en plaza Sintagma en favor del “oji” (no), a la que asistimos la familia en bloque, incluidos mis nietos, y de la que puedo dar fe. Éramos un gentío. El martes ha habido otra en favor del “né” (sí), a la que no hemos asistido y de la que, por consiguiente, no puedo dar fe; las imágenes de la televisión indican que también ha sido muy nutrida. Cabe concluir que para el referéndum las espadas están en alto: el voto de la confianza contra el voto del miedo.

Serán las urnas las que decidan. Las urnas son peligrosas, sí, pero hay peligros bastante mayores que los que ellas generan.

 

14.- Intrusos en la casa

Atenas, 2.7.2015. Leídas desde Atenas, me escandalizan pero no me sorprenden las diatribas unánimes de los medios digitales españoles contra Alexis Tsipras. No es que no entiendan su postura, es que hacen esfuerzos beligerantes por no entenderla; por declararla incoherente e incomprensible. Argumentan contra la pregunta del referéndum, desde el presupuesto falso de que se trata de un Sí o un No a Europa que se intenta disfrazar con retóricas ambiguas. El referéndum es un sí o un no a la sinfonía, delicioso nombre griego para denominar a un acuerdo. Los medios reprochan a Tsipras entonces que haya dado el sí a una parte de la sinfonía, y siga pidiendo el no al conjunto. Pero ese doble movimiento es una respuesta al presidente europeo Jean-Claude Juncker, que la misma tarde del anuncio del referéndum envió al gobierno griego una modificación de los términos que apenas unas horas antes le habían sido presentados como un ultimátum innegociable. Tsipras no desea ser acusado de cerrazón; da su acuerdo a algunas mejoras de la oferta de la troika, pero no a dicha oferta en su conjunto.

Nada de todo ello importa demasiado; tampoco la nueva condición de moroso del Estado griego. Tan cierto como que los medios españoles (Brunete mediática y otros, a priori alineados en posiciones diferentes) están disparando por elevación contra Podemos mediante Tsipras interpuesto, igualmente cierto es que los frentes reales de la batalla griega están situados en cotas diferentes de las que se publicitan. El escenario global ejemplifica el filo de la navaja por el que se ve obligada a circular cualquier opción política que se proponga poner en cuestión el statu quo, o dicho de otra forma, al establishment.

Ha contado Ianis Varoufakis que cuando, en respuesta al ultimátum (que al parecer no lo era) de la troika (que tampoco se llama ya así), anunció el recurso al referéndum, la señora Christine Lagarde, esa sublimación analógica de Cruela Devil, tuvo uno de sus característicos golpes de soberbia y de mal genio. Se levantó y dijo: «Seguiremos la negociación cuando haya adultos sentados a esta mesa.»

No conviene quedarse en la anécdota, porque el significado de la misma se sitúa más allá. Al fin y al cabo, Varoufakis puede presumir del apoyo a sus posiciones por parte de adultos muy significados en la escena mundial: Krugman, Stieglitz, Piketty, Habermas, y últimamente incluso Barack Obama. Y Lagarde, que merece calificativos muy duros pero no el de tonta, lo sabe muy bien.

El problema del impase que está viviendo Grecia no son entonces los términos concretos de la sinfonía, sino las personas que están sentadas a la mesa.

La posición oficial de Angela Merkel, es: primero el referéndum, luego la negociación. En la Casa Blanca esperan también los resultados, en una calma tensa. Obama no va a permitir en ningún caso el descuelgue de Grecia, el “Grexit”, no por ninguna razón de orden económico, sino por motivos geopolíticos. Existe ya un conflicto indeseado en el flanco oriental de la OTAN, con Ucrania, y el flanco sureste es de por sí lo bastante delicado como para no descuidarlo. Grecia, miembro de la OTAN, tiene un presupuesto militar absolutamente desproporcionado con sus dimensiones como país; pero los recortes en ese presupuesto están vetados por la superioridad geoestratégica, en la “sinfonía” en curso. Detrás de Atenas, tan solo un poco más allá, están Damasco, Bagdad, el Estado Islámico, el problema kurdo y los pozos petrolíferos de los emiratos. No es admisible tocar una ficha de ese dominó porque no se sabe las que podrían caer detrás.

La torpeza de Merkel y Schäuble a partir de 2007, su odiosa labor de cobradores del frac de una deuda tan impagable como insignificante a escala global, ha empujado a la indignación democrática del pueblo griego y ha llevado a Syriza al gobierno. Se han colado intrusos en la casa, y los amos del cotarro se han visto obligados a asumir la tarea ingrata de recoger velas en esta desgraciada historia. Lagarde está dispuesta a ser mucho más amable en los términos de la deuda griega y de su sólida permanencia en la Unión Europea. Amable sí, pero no con Tsipras. A Tsipras, ni agua.

 

15.- Plaza Sintagma

Atenas, 5.7.2015. No ha habido desabastecimiento, ni carestía, ni un caos mayor del habitual en este país en el que algunos tertulianos (y ministros) celtibéricos se empeñan en datar las dificultades a partir del momento de la elección de Tsipras, como si en ella estuviera localizada la raíz del mal y lo anterior hubieran sido tortas y pan pintado.

Se está votando ya en todo el territorio griego cuando escribo esta nota, y esta noche sabremos cuál es el veredicto de la gente, de la buena gente, de la gente común. Esa que unas veces acierta y otras yerra, pero cuya decisión es soberana porque es ella la que posee el derecho a decidir.

Hay dos imágenes que resumen y ejemplifican lo sucedido en este país en las últimas semanas: son la de la plaza Sintagma llena a rebosar el pasado viernes por la noche, y la de ese hombre despatarrado en el suelo, en Salónica, llorando porque un banco le niega un dinero que legalmente puede reclamar como suyo.

Eso es dolor. Dolor infligido gratuitamente. Dolor inadmisible. Pregúntense ustedes por los culpables de ese dolor, pregúntenselo muchas veces pero, por favor, no se detengan en Tsipras como hacen nuestros tertulianos (y nuestros ministros). Aquí sobran maestros en sacudirse las moscas con el rabo, que consideran bueno el desahucio y perversa la violencia “generada” por quienes tratan de detenerlo. El hombre en el suelo de Salónica es un símbolo fuerte. Averigüen ustedes pronto qué es lo que simboliza, porque ese, en efecto, puede ser mañana el sino común a todos nosotros.

La otra imagen es la plaza Sintagma vibrante de una pasión multitudinaria. Mientras los indignados son expulsados de las plazas de otras latitudes mediante leyes mordaza, he aquí una imagen limpia, rotunda, pacíficamente democrática: un pueblo que responde a una llamada inequívoca. Algo que provoca las burlas de nuestros tertulianos (y de nuestros ministros), porque ellos mismos no tienen en su interior nada de limpios, ni de rotundos, ni de pacíficos, ni de demócratas.

Les voy a contar una pequeña anécdota de signo político. La dirección del KKE, el partido comunista griego, ha adoptado una decisión rocambolesca, que llama del “doble no”: no al no y no al sí. En consecuencia, prohíbe a sus militantes ir a votar al referéndum. En la agrupación de Egáleo, los militantes forzaron en asamblea y a mano alzada una decisión contraria: el partido ha de estar allá donde está el pueblo, y en una ocasión como esta, corresponde ir a votar. Si la dirección no tiene claro el qué, cada cual lo decida por sí mismo. Pero el deber del ciudadano en una democracia es votar cuando es convocado a ello.

Finalmente, saldrá de las urnas lo que salga, y eso será aceptado por quienes creen en la democracia. La vida y la historia son así, unas veces se gana y otras se pierde. Puede perderse una votación, pero no el respeto a la opinión contraria, y menos aún el respeto debido a uno mismo en tanto que ciudadano portador de derechos y de obligaciones. Así es como se gana a largo plazo el futuro. Con imposiciones y ninguneos, nadie gana absolutamente nada.

 

16.- Sí se puede

Barcelona, 6.7.2015. Anoche celebramos en familia la victoria del “oji” en la terraza al aire libre de una taberna próxima a la casa de mis hijos. Brindamos con cerveza y con rakí, un aguardiente local. Después ellos fueron a Sintagma a participar en la fiesta autoconvocada espontáneamente en la plaza simbólica, y Carmen y yo, agotados no de alma pero sí de cuerpo, nos acostamos pronto porque hoy habíamos de madrugar para tomar el avión de vuelta a Barcelona.

Durante el vuelo me he solazado con el editorial de El País, titulado “Política de altura”. El País nunca defrauda mis expectativas; es un medio tan volcado en su línea editorial al respeto por los ricos y a la adoración del dinero, que ningún límite le parece suficiente cuando se trata de entregarse al culto de su religión. Manejen con cuidado la siguiente frase si no quieren abrasarse con el fuego de su indignación: «Pero es importante no dejar que el porvenir sea decidido por un grupo de demagogos en Atenas y otros muchos, a izquierda y a derecha, que querrán sumárseles en los próximos días, en varios países del continente.» ¡Vaya!

Veamos ahora más despacio cómo han actuado los demagogos, y qué crédito merecen al editorialista. Atención de nuevo, porque se está manejando potencia de alto voltaje: «La mediocridad de esa consulta, por la extraña pregunta, el corto plazo, el ambiente emocional y la gran división ciudadana es evidente. Y es aún peor si se computa no ya el alborozo de los radicales griegos, sino el deleznable apoyo del partido nazi Aurora Dorada y el repugnante aplauso del antieuropeísmo ultra simbolizado en el lepenismo: la victoria táctica de Tsipras y sus planteamientos nacional-populistas suponen una triste jornada para el europeísmo.»

Si hemos de hablar todos con la misma claridad, la jornada gloriosa para el europeísmo secundum El País debería haber sido la crucifixión solemne en el Gólgota de ese cenizo Tsipras y de su patulea de publicanos y prostitutas, mientras en el Templo del BCE se arrullaban los fariseos en sus reclinatorios con los discursos de condena entonados por Jean-Marie Colombani, Martin Schultz, François Hollande o Matteo Renzi, por no hablar ya de la selecta hermandad de los levitas, que les acompañan y secundan en el mismo cometido.

Ni la pregunta fue extraña, ni el plazo corto para lo que importaba, ni apoyó en nada el partido nazi Aurora Dorada. No he conseguido ver ni un solo cartel, ni he sabido de ningún acto de campaña en el que participara; puede ser cosa mía, pero tampoco los enviados especiales de la prensa y la televisión española detectaron nada parecido en los días que pasaron en Atenas cumpliendo de forma exhaustiva sus deberes informativos. Un grupo de encapuchados intentó irrumpir el viernes en la concentración del No, y fue amablemente disuadido de hacerlo por el servicio de orden. Sea ello lo que fuere, es todo lo que ha habido.

En cuanto al lepenismo, convendremos todos en que mantuvo achantada la mú hasta después de conocer el resultado de las urnas. Su aplauso será repugnante, pero es meramente anecdótico. Si los voceros del statu quo no se sienten descalificados ellos mismos por las alharacas con que celebran sus argumentos los habituales de la caverna mediática en este pleito, ¿por qué han de arrugar la nariz si doña Marine Le Pen apunta en la dirección contraria?

El triunfo del referéndum no es de los antieuropeístas sino de los del Sí Se Puede. La derrota no es tampoco del europeísmo, sino de una forma monodireccional y unidimensional de concebir Europa. Y puesto que la intención de los fariseos es la de ahogar de raíz no ya toda disidencia, sino también toda discrepancia, habremos de convenir que no son antieuropeístas, pero sí antidemócratas convictos.

 

17.- Fin de fiesta

Barcelona, 13.7.2015. Alexis Tsipras ha conseguido evitar el “Grexit”, nada menos. Pero nada más. Ha acabado por ceder, porque el pueblo griego – que lo respaldó primero en las urnas y luego en el referéndum – se lo ha pedido. Reformará las pensiones. Subirá el IVA. Seguirá con las privatizaciones. Y procurará hacer milagros para afrontar la devolución del nuevo rescate. Milagros, se hacen todos los días en Grecia; pero este en particular puede que no sea posible. Grecia está en el fondo de un pozo hondo y estrecho y ríspido.

Tsipras ha perdido. Convocará nuevas elecciones, y existe la posibilidad, pero no la certeza, de que los griegos le renueven la confianza. Los vencidos no son populares. Los griegos saben bien cómo estaban las cosas antes, cómo se ha luchado por enderezarlas, qué batalla desigual se ha afrontado con un arrojo que rápidamente ha sido calificado de insolencia por los comisarios.

Los griegos lo saben, los europeos no. Por aquí se sigue considerando el corralito como el peor de los males posibles para una nación, pero no hay dinero que sacar ya de los bancos griegos, no hasta que a final de mes se ingresen los salarios y las pensiones en las escuálidas cuentas corrientes.

No es el corralito, idiotas, es la insolvencia.

Tsipras ha perdido, ¿quién ha ganado? No los españoles. Ahora sabemos que no somos propietarios sino inquilinos de una casa de vecinos, y qué pulgas gasta la patrona. Mariano Rajoy presumía de su influencia en el cotarro para llevar a Guindos a la presidencia del Eurogrupo, y ahora sabemos cuál es el alcance exacto de la influencia de Rajoy, de la influencia de España en la Unión Europea.

Toca tentarse la ropa, caballeros. ¡Que vienen los bancos y las multinacionales, banderas desplegadas y tambores batientes! Se va a firmar el TTIP, no va a haber cuotas solidarias de asilo para los extracomunitarios que lleguen a nuestras costas, esta no es una tierra de promisión sino una fortaleza hosca para salvaguarda exclusiva de los bancos.

Tampoco han ganado los dirigentes alemanes, creo. Los Merkel, los Schäuble, y también, para nuestra mayor desolación, los Martin Schulz. Con Bild como buque insignia de una forma determinada de entender Europa. Ellos han impuesto, no ya a los griegos sino a todos, su criterio cerrado. Contra todas las objeciones, contra todas las componendas preconsensuadas. Y han enseñado en el proceso su peor cara de perro, su orgullo patriótico simétrico al de los griegos pero mucho más peligroso, porque sus mandíbulas son más fuertes y sus colmillos más afilados. Estas exhibiciones no se olvidan de un día para otro, todos sabemos sin equívoco posible con quién vamos a jugarnos los cuartos esta semana próxima y la que vendrá. No es una perspectiva agradable.

Se acabó la fiesta de Europa, compadres. El limonero de Goethe se ha marchitado. Llegan los malos tiempos para todos.