domingo, 12 de junio de 2022

SAUDADES DE DON MARIANO

 


Orson Welles en el papel de M. Rajoy, anuncio de la película “Campañadas a medianoche”. Después de dicha hora, según los expertos, entran en escena los campanilleros de la madrugá. Esperemoslos, que la noche es larga.

 

Uno creería estar escuchando a Don Mariano el Augusto redivivo: “Las cosas que duran mucho tiempo son las cosas que merecen la verdad. La verdad y la mentira es aquello en lo que merece la pena dedicar una vida. ¿Para qué? Para que la verdad venza a la mentira y no la mentira venza a la verdad”.


No ha sido cosa de Rajoy, sin embargo. La frase es copyright de Alberto Núñez Feijoo, y la ha soltado en un mitin en Málaga.


Parece plausible que Don Alberto quisiera comunicar algo, al utilizar una frase tan larga cuya enunciación parsimoniosa, según The Huffington Post, se prolongó a lo largo de treinta segundos de suspense. Fuentes generalmente no fiables afirman que una dama sentada en el palco proscenio palmoteó alborozada: “¡La gallina!”, convencida de haber acertado la adivinanza.


Es más sensato, sin embargo, suponer que el alarde lírico de Feijoo iba dirigido a homenajear con sutileza a su antecesor y maestro Mariano I el Augusto, más conocido en las crónicas judiciales como M. Rajoy. Mañana hará cuatro años exactos que Mariano se cortó la coleta y se retiró definitivamente de la política para dedicarse a una sinecura de registrador de la Propiedad en provincias, puesto que de inmediato canjeó por otro similar en la mismísima capital, porque ni aun para un gallego en jubilación permanente existe otra atmósfera habitable que la del aire de Madrid, que según un dicho añejo que gana en certeza con los años, “mata a un hombre y mantiene encendido un candil”.


Don Mariano se había visto sorprendido, en una revuelta de su camino hacia la eternidad institucional, por una alevosa moción de censura, que fue discutida el 1 de junio de 2018 y votada in absentia en las horas de la sobremesa que él pasó en semicoma etílico en el restaurante de la calle Alcalá en el que había yantado con sus huestes. Soraya, aquella chica para todo (¿la recuerdan? No hace tanto tiempo, caramba), colocó en el asiento reservado al patrón en la bancada gubernamental su voluminoso bolso, para indicar que el lugar estaba aún ocupado, a la espera de novedades. Decepcionado por el resultado final de la votación y por la ingratitud de la ciudadanía, el Baranda desbancado tardó solo doce días (un tiempo extra corto para su habitual actitud contemplativa de las cosas en general y del Marca en particular) en optar por la retirada definitiva; por más que después le hemos visto en algún cameo para apoyar a candidatos de su cuerda, en demostración palmaria de que “el deseo sobrevive a la potencia”, como dejó dicho de sir John Falstaff el joven Hal, en “La segunda parte del rey Enrique IV” de Will Shakespeare.


No era el cumpleaños una fecha para olvidar, y Don Alberto la recordó con mucha dignidad y tino. Ahora intenten ustedes desentrañar el sentido profundo de lo que en realidad dijo. Por ejemplo: “La verdad y la mentira es aquello en lo que merece la pena dedicar una vida.”


Canela en rama, ¿a que sí?