martes, 7 de junio de 2022

VOLAVERUNT

 


Manel Pérez, durante la entrevista. (Foto Guillem Trius, fuente eldiario.es)

 

Conviene ir tomando nota: «La banca no regresará a una plaza como Barcelona en la que no hay una actividad financiera relevante.» Lo dice Manel Pérez, vicedirector de La Vanguardia y autor reciente de: “La burguesía catalana. Retrato de la élite que perdió la partida” (Península 2022). Es un libro útil para saber dónde nos encontramos exactamente los catalanes, en términos socioeconómicos y al margen de aventuras ultra puigdemontanas. Pueden ustedes abrir el melón con una cata a la entrevista que le ha hecho Neus Tomàs en eldiario.es (1)

Afirma Pérez que la élite barcelonesa ha perdido ya “la partida”. Era una élite industrial tradicional, muy bregada, dura de roer. En relación con el poder central, pasó históricamente por toda la gama de actitudes que podían favorecerla en cada momento concreto, desde los desplantes y los menosprecios que ahora imita el nen del governet, hasta las reverencias profundas y los besalamanos cuando aquello convenía al negoci. Tienen ustedes a su alcance un retrato de primera mano en la figura del industrial Jaume Canivell, el personaje de Berlanga en “La escopeta nacional”, que organizó una cacería para intentar atraerse al establishment falangista en el momento en que este era desplazado con guante de terciopelo por el Opus, mediante un golpe palaciego.

La “partida” se prolongó, de todas formas, a lo largo de bastantes años, y Manel Pérez lo documenta. Madrid acumulaba más y más poder mientras Jordi Pujol presumía de tenerlo todo bajo control con el pacto del Majestic. El desengaño fue sonado. Artur Mas intentó luego el planteamiento de un concierto económico a la vasca enmascarado de otra cosa, para salvar los muebles, y la élite le apoyó sin reservas, pero midió mal las distancias al apostar de farol por una in-de-pen-dèn-ci-a irreal, y colocarse a sí misma en trayectoria de colisión.

Fue entonces cuando a Mas y a la élite que había creído en él se les escapó el control de los acontecimientos y perdieron definitivamente la partida. En 2017 e incluso antes las empresas catalanas volaverunt; dicho de otro modo, trasladaron sus sedes financieras a otros lugares, en particular (rechifla añadida) a Madrid, que ofertaba mejores servicios financieros y mayores descuentos tributarios. Barcelona perdió su característico músculo industrial, consistente en gran parte en un tipo de empresa familiar, pequeña o mediana, gestionada desde el comedor de la casa del Eixample, bien relacionada con el entorno internacional muy atenta a la innovación. Los hereus de la vieja élite centran ahora su actividad preferente en el dinero fácil procedente de la especulación inmobiliaria y en las inversiones en turismo: hoteles, pubs de diseño, restaurantes de alta gama.

Esta última circunstancia debería orientarnos en relación con otra polémica. La tan ansiada ampliación, así del aeropuerto como del puerto de Barcelona, no tiene hoy su razón de ser en la creación de un hub potente dirigido al relanzamiento industrial, sino en el encaminamiento de una tremenda avalancha turística a la que alojar a cuerpo de rey entre piedras bendecidas por mil años de historia, después de enseñarle Casa Batlló a precio de visita del templo de Abu Simbel.

En cuanto a las finanzas propiamente dichas, Caixabanc sigue siendo un gigante en relación a los parámetros nacionales, pero es ilusorio que regrese a Barcelona, dice Manel Pérez: “Aquí no hay actividad financiera relevante”. Tanta aglomeración turística no supondría diferencia, son las redes internacionales de agencias de viajes las que contratan los paquetes de servicios, incluidos el car rent y el Cabify probablemente.

Con todo, la historia de una ciudad no se identifica en ningún caso con la de una élite (las famosas 400 familias, para entendernos). Barcelona cuenta con recursos suficientes para crecer en otras direcciones, y de una forma más sostenible. Necesitará cierto esfuerzo para lograrlo, y va descontada la oposición cerrada de la vieja aristocracia del dinero. Mi ciudad ha tenido la gran suerte de contar en esta circunstancia crítica con una alcaldesa valiente y prudente a la vez, que escucha mucho, se asesora siempre, y se atreve a innovar, no solo en los terrenos cruciales de la energía y la movilidad, sino en el de la vivienda, en el que se está produciendo ahora mismo un alboroto mayúsculo dirigido a obtener ganancia a corto plazo de una gentrificación del centro histórico que mataría a la larga la gallina de los huevos de oro.

Por mi parte, deseo que Ada Colau siga cuatro años más al frente de Barcelona, y sea luego relevada por la persona más adecuada. Cada vez tiendo más a dar la razón a quienes la consideran una “iluminada”. En medio de tanta oscuridad.

(1) https://www.eldiario.es/catalunya/manel-perez-banca-no-regresara-plaza-barcelona-no-hay-actividad-financiera-relevante_128_9050504.html