miércoles, 22 de junio de 2022

SUMERGIDOS EN RODAS

 


Hemos pasado cinco días en Rodas, sin portátil ni muchas ganas de utilizarlo. Por el móvil seguíamos las novedades de la patria, no muchas y no buenas. Se quemó la Culebra, pero no llegamos a averiguar si se trataba o no de la culebra Macarena. Hubo elecciones en Andalucía, y lo único que nos consta es que el resultado en Izavieja ha sido espléndido. Algunos apuntaban el lunes a un cambio de ciclo, pero yo sigo en mis trece de que se trata nada más de otra vuelta de tuerca.

“Penitentiagite”, que vociferaban los fratticelli en El nombre de la rosa. Sánchez insiste en que los resultados no son extrapolables, pero es más cierto que después de Alberto Rodríguez nos acaban de extrapolar a Mónica Oltra.

Aviso, no me van a arrancar más declaraciones sobre política, ni siquiera bajo tortura, como al señor Fernández Díaz según cintas recién reveladas. En adelante me limitaré a anunciar el fin del mundo. Mi fama de profeta a lo Jeremías se encuentra ya bastante baqueteada, y en adelante prefiero ir a lo seguro. “Esto con la mano sobre el Evangelio te lo juro yo”, como cantaba Manuel Banderas en “Las cosas del querer”.

En cuanto a Rodas, lo que se dice Rodas, estaba espléndida, primaveral, florida, embriagadora. Pública, en tanto que rastrillada en todas direcciones por la fauna insaciable vomitada por los grandes cruceros amontonados detrás del muelle de los Molinos; e íntima como Lison, la bella de Brassens que se abandonaba a los “croquants” por dinero, pero guardaba celosamente para sus enamorados los “petits bouts” de piel muy escondidos que los otros no habían tocado.

Nos alojamos intra muros, en un mini hotel nuevo, el Rodi, regido con atención amorosa por la señora Dímitra. Tomen esto como una recomendación. Íbamos acompañados en la aventura por otra pareja, y es una doble suerte ver de nuevo la isla y hacerla ver por primera vez a quienes no la conocían, en este caso personas más sabias, enjundiosas e importantes que nosotros.

Ilustro la entrada con una imagen elegida al azar, del patio lateral de la Panagia de los Caballeros (Our Lady of the Castle, según las guías), improvisada, de pura oportunidad y un poco torcida. La figura de Carmen y la puerta aparecen enmarcadas en una delicada guirnalda de color, muy apropiada al romance con la isla que vivimos.