miércoles, 24 de diciembre de 2014

FAUNA IBÉRICA


(Homenaje a Félix Rodríguez de la Fuente y a Ramón del Valle-Inclán)
 
Esmeralda empezó a tocar el pandero en un rincón del patio de Monipodio, interrumpiendo la sacrosanta siesta del Augusto.
– Dile que deje de tocar el puto pandero – pidió el Augusto a uno de sus tiralevitas.
Se lo dijo, y Esmeralda aporreó con más fuerza.
– Que dice que si necesita usía a alguien para alcaldesa, aquí la tiene a ella para lo que mande – informó el tiralevitas a la superioridad.
El Augusto refunfuñó por lo bajini. Lenguas de doble filo le habían contado que Esmeralda se probaba a hurtadillas trajes de lentejuelas, se enharinaba la cara para ver qué tal se veía en el espejo, y se pintaba con rimmel un gran acento circunflejo en el lugar de la ceja izquierda. En eso se diferenciaba del Augusto, que se pintaba la ceja al carboncillo.
– Es una hideputa de su puta madre, pero no se puede negar que tiene clase – había comentado con admiración renuente la gitana María de la O al saber lo del rimmel.
– ¿Clase? ¿A eso le llamas tú clase, hija mía? Ja, ja y ja – rio sin ganas la Lola de las Coplas, que tenía pujos de sangre azul y rebuscaba en los libros de heráldica títulos de nobleza que le cuadraran siquiera remotamente.
– Preguntadle qué se le ha perdido en una alcaldía que tiene más trampas que la sacristía de una parroquia del extrarradio – se animó el Augusto. Se había levantado del sofá y empezado a bracear un simulacro de tabla de ejercicios gimnásticos. Total, la siesta ya estaba echada a perder y Esmeralda tocaba el pandero cada vez con más ganas.
El lance estaba claro como el agua, para él. La Esmeralda buscaba un trampolín desde el que asaltar la mismísima poltrona del Augusto, obtenida con tanto esfuerzo, y le daría la lata sin parar hasta conseguirlo. Al Augusto no le gustaba la libre competencia, un invento importado de la Ingalaterra por don Adán Smith junto a los ferrocarriles, las máquinas de tejer, las encuestas de opinión y otros inventos diabólicos. La Esmeralda, en cambio, era una moderna que se pirraba por todas las novedades. Y ahora ella veía una ocasión de medrar, porque los negocios del Augusto llevaban un trantrán menos que mediano desde que más de dos y de tres cortabolsas de los que le rendían su parte de los beneficios andaban sometidos a curas de reposo forzosas en balnearios públicos tales como los del Puerto, Ocaña o Can Brians.
El pandero sonaba y sonaba sin parar. Al Augusto le subió la mostaza a la nariz y gritó destemplado:
– ¡Decidle alguien a esa zorra que entre y discutimos lo de la alcaldía de una vez, pero que nos alivie ya la serenata!
Corrían malos vientos por el patio de Monipodio.
 

martes, 23 de diciembre de 2014

LA PUTA Y LA RAMONETA


Francesc Homs, portavoz del gobierno catalán, ha lamentado la decisión del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya de admitir a trámite la querella contra el presidente Artur Mas, la vicepresidenta Joana Ortega y la consejera Irene Rigau, por desobediencia al mandato del Tribunal Constitucional en la jornada del pasado 9-N; y, considerando al gobierno español el instigador real de esa decisión, lo ha acusado de “miopía” y de tener “una cultura democrática escasa”.
Se puede discutir si le asiste más o menos razón en sus argumentaciones, pero no cabe duda es de que estas incluyen un doblez que viene siendo ya típico en otras actuaciones próximas o lejanas de la Generalitat. No se concibe de otro modo el hecho de que, de forma simultánea al lamento sobre las restricciones impuestas al anhelo de un pueblo de expresarse libremente sobre su futuro, se utilice el mismo mecanismo criticado para impedir que el president Mas comparezca ante la comisión parlamentaria que investiga los posibles desvíos de caudales públicos hacia las cuentas corrientes del ex president Pujol y su numerosa familia.
¿Acaso el pueblo catalán no está deseando saber todas las circunstancias de algo que tiene todo el aspecto, más allá del fraude a la hacienda pública, de un robo alevoso a la comunidad? Si perseguir a Mas por el 9-N es signo de una cultura democrática escasa, exonerarlo de sus posibles responsabilidades por acción o por omisión en el caso Pujol, también lo es. Si, por el contrario, lo que importa en cada caso es la letra de la ley y el peso mayor de la mayoría establecida frente a la minoría discrepante, las dos respuestas, la del Estado y la de la Generalitat, han de ser consideradas igualmente intachables. O todos moros, o todos cristianos. No vale lo de puerta de Elvira en Granada y en Sevilla doña Elvira. O, como decimos en Cataluña, no vale «hacer la puta y la Ramoneta», ofrecer dos caras distintas en dilemas similares, según hacia donde se incline el interés propio en el pleito.
En todo el largo proceso de la marcha de la «sociedad civil» catalana hacia la independencia, las autoridades autonómicas han mantenido ese tipo enojoso de doble discurso. Artur Mas lo llama astucia. Puede, pero se trata en todo caso de una astucia ya tradicional en su formación política; de un clásico de los años del gobierno Pujol, cuando Convergència mantenía una posición en Madrid y otra distinta, en ocasiones diametralmente opuesta, en Cataluña. El doble discurso de la “gobernabilidad” allá y del “Madrid nos roba” aquí.
Pero no es sobre astucias, ni sobre medias verdades, ni sobre acomodos de conveniencia, como se puede edificar un Estado propio. Ni siquiera un Estado federado.
 

lunes, 22 de diciembre de 2014

LA SARTÉN Y EL CAZO


Entró Don Trapazas a la sala de la reunión, y los circunstantes lo saludaron apartando por unos instantes los pañuelos perfumados con los que se cubrían delicadamente las narices. Venía el hombre de humor tempestuoso.
– Ahí fuera huele a caca – dio un vozarrón para que todos lo oyeran.
– Lo hemos notado – respondió un tiralevitas con voz nasal.
– ¿Seguro que no es cosa tuya? ¿No has pisado una catalina? ¿Te has mirado bien el fondillo de los calzones? – se insolentó irónico un tertuliano de la tendencia del apoyo crítico.
– No y no. No hablo de mí. De mi caca no se puede hablar porque está sub judice y es secreto de sumario. Además, mi caca a mí no me molesta. Ya lo dice el refrán: «A nadie le jié su peo.» Me vengo a referir a que hay alguien que va de Don Limpio y también jié.
Cruzaron miradas de entendimiento los presentes, sin dejar de pinzarse la nariz. El Augusto, cara enharinada y vestido de lentejuelas, abandonó su habitual aire ausente y se decidió a jalear a Don Trapazas:
– Bien dicho, Rafael. ¡Envidia es lo que hay!
– Y muchas ganas de chingar la marrana – puntualizó enfática la gitana Santa María de la O.
Doña Coplas Das no quiso ser menos y sentenció puesta en jarras, desafiante, los nardos apoyaos a la cadera:
– La “corrución” de la clase política es la misma que hay en la “sociedá”. Aquí naide ha inventao ná.
Hubo un murmullo general de asentimiento, pero también de incomodidad porque el tufo insidioso se acentuaba. Por fortuna aparecieron varios sirvientes y circularon por entre los grupos ofreciendo abanicos, cortesía de Bankia.
Dijo la sartén al cazo: quita allá, que tiznas.
 

domingo, 21 de diciembre de 2014

MOBBING


El fiscal general del Estado ha dimitido, víctima, según todos los indicios, del mobbing gubernamental. El desencuentro venía de lejos, y Torres-Dulce había hecho varios intentos, desatendidos, de canjear su renuncia voluntaria por otra plaza profesional apetecible y menos expuesta a un desgaste veloz ante la opinión, desgaste susceptible de producirse tanto por exceso como por defecto de obediencia debida a las indicaciones del poder ejecutivo. Al final el fiscal general se ha ido sin compensación, por lo menos aparente. Son los efectos clásicos del mobbing en quien lo padece: una pérdida vertiginosa de autoestima, un deseo compulsivo de poner fin a la pesadilla a cualquier precio.
El mobbing o acoso laboral es una realidad floreciente en nuestra sociedad. En el Informe sobre el postfordismo confeccionado por Giorgio Cremaschi a partir de una macroencuesta realizada desde la FIOM en 2007 y comentado para nosotros por Javier Aristu, Máximo Blanco y Bruno Estrada (1), el 17% de los casi 100.000 encuestados afirmaba haber sufrido intimidaciones en el puesto de trabajo; en las empresas localizadas en las regiones del sur, el porcentaje se elevaba hasta el 20%.
El asunto parece tener relación con la exigencia de una devoción ilimitada de cada trabajador en particular a los postulados de producción o de calidad establecidos por la dirección de las empresas. El candidato perdedor a las elecciones recientes de la CEOE incluía en su programa un aumento de la parte variable del salario, en función de la productividad no global, sino considerada individualmente. Es decir, rebaja del salario base y complemento del mismo con una retribución variable en función no ya de resultados, sino de actitud individual del trabajador. No hay mejor definición posible de lo que significa y del alcance que puede llegar a tener la «intimidación en el puesto de trabajo».
Un muy buen amigo mío pasó por dos tentativas de suicidio antes de comprender que no era su trabajo ineficiente lo que saboteaba los programas productivos de la empresa en la que trabajaba, sino que la dirección quería por todos los medios quitarle la silla de debajo de las posaderas para ahorrarse un salario alto y una antigüedad considerable. Una baja por larga enfermedad solucionó el asunto a satisfacción de ambas partes.
El acoso laboral no tiene ninguna relación con el nuevo paradigma de la producción; deriva más bien de ese neoautoritarismo rampante que se regodea en el abuso de poder, en la humillación al inferior, en la falta de respeto sistemática a la profesionalidad y a la dignidad de las personas. Un ejemplo clásico de mobbing fue el sufrido por Íker Casillas a manos de José Mourinho. También, como en el caso de mi amigo, se alegó un descenso acusado del nivel deportivo del guardameta, escasa aplicación en los entrenamientos, esfuerzo insuficiente. Lo que había en realidad era una gestión de la plantilla en la que el ascendiente del capitán sobre sus compañeros y su negativa a exacerbar el odio a los rivales deportivos no encajaban con los planes del entrenador.
En los departamentos de personal de las empresas hay muchos Mourinhos. Ellos contribuyen a esa «corrosión del carácter» que afecta a las sociedades modernas, socavadas en aquello que es el fundamento primero de la dignidad del ser humano: su relación con el trabajo, su esfera de autonomía, su capacidad de invención y de innovación.
Ahora la misma fórmula desintegradora se está utilizando con los distintos estamentos de la administración de Justicia de nuestro país, una parcela en teoría independiente de la acción del Ejecutivo. Garzón fue condenado, Torres-Dulce ha dimitido y a Ruz se le está colocando por procedimientos administrativos en la rampa de salida.
Pero a la vista está, el problema no son nunca los Casillas, son los Mourinhos.
 


 

viernes, 19 de diciembre de 2014

HUMOR GRIEGO


Ya están colocadas las decoraciones navideñas en el centro de Atenas, y las familias acuden en masa para verlas. En el centro de la plaza Sintagma (pronunciar Síndagma) refulge un barco de vela transparente y cuajado de pequeñas bombillas. Aquí Papá Noel no viene en trineo, sino en un barco cargado de regalos. Tampoco se llama Papá Noel sino San Nicolás, nombre que antecede en varios siglos y se corresponde con el Santa Claus americano. Los nicolases con barbas blancas postizas y vestidos de rojo con botas negras y capuchón puntiagudo recorren la plaza para recoger las cartas que les traen los niños. Sigue habiendo policía aparcada en las cercanías, pero es mucho menos visible. El ambiente es de fiesta, de fiesta consumista, como en cualquier otra capital europea.
El candidato a presidente Stavros Dimas solo obtuvo 160 votos favorables en la primera de las votaciones previstas en la Vuli (el parlamento). Cuarenta menos de los que necesitaba en primera instancia para ser elegido; veinte menos de los que necesitará el próximo día 29, cuando la mayoría cualificada se rebaje de los dos tercios a los tres quintos para la votación decisiva.
Ganar veinte votos a una oposición hostil se antoja un mundo. En un programa televisivo de sátira el showman de turno vestido de nicolás leía las cartas de los niños: «Como me he portado bien y he sido bueno todo el año, te pido como regalo de Navidad veinte votos de diputados de la oposición. Firmado, Andonis Samarás.» Removía entonces el fondo del saco, entre muñecas, patinetes, camiones y barras de caramelo, cada vez más preocupado. Por fin, se dirigía al público con una gran sonrisa: «No quedan votos disponibles de diputados, pero traeremos al pequeño Andonakis ¡¡unas preciosas elecciones anticipadas!!»
Las opiniones sobre lo que ocurrirá el día 29 están divididas. Los eternos pesimistas sospechan que Samarás guarda una carta de triunfo escondida en la manga. Se habla de un nuevo candidato de consenso, un “tapado”. Se apunta para ello a los diputados de Izquierda Democrática, pero solo son diez. Convencer a Amanecer Dorado (una parte del grupo parlamentario fue a votar el otro día directamente desde prisión, con un permiso especial. Votaron en contra) parece misión imposible: ellos están violentamente en contra de una mayoría de izquierdas, pero también están violentamente en contra de la Unión Europea. Así pues, no se sabe bien de dónde pueden salir los números, pero muchos siguen convencidos de que los números cuadrarán.
La opinión contraria la sostienen, no los optimistas (no quedan ya optimistas en Grecia) sino los tremendistas. Según ellos, Samarás quiere perder la elección presidencial. La razón es que aspira a seguir con vida. Cuando después de las fiestas vuelva a presentarse la troika para discutir la última partida del rescate, de seguir en su puesto no tendría más opción que asumir la nueva tanda de “reformas”… y morir a continuación, cualquier atardecer invernal, entre dos luces, linchado por una multitud airada. La alternativa que manejan los tremendistas es que se echará elegantemente a un lado y dejará a Alexis Tsipras, con las arcas del tesoro vacías y sin amigos en el establishment financiero, a los pies de los caballos.
 

jueves, 18 de diciembre de 2014

POSTFORDISMO SIN IDEOLOGÍA


La Fundación 1 de Mayo publica un informe dedicado al postfordismo, que consta de dos partes diferenciadas: la primera es la introducción de Giorgio Cremaschi (traducción de Javier Aristu) a la gran encuesta realizada por la FIOM, la Federación metalúrgica de la CGIL, en 2007 a cerca de 100.000 metalúrgicos italianos; la segunda, primera en la exposición, es una reflexión en clave española a los comentarios de Cremaschi, redactada por el propio Aristu, Máximo Blanco y Bruno Estrada. Se trata, visto el informe en conjunto, de palabras mayores, aunque solo se publica la introducción a la encuesta y no los resultados completos de la encuesta misma.
Convendría, desde luego, como señalan Aristu, Blanco y Estrada, cruzar esa muestra con las que quinquenalmente realiza Eurofound en un entorno más amplio, y llevar a cabo calas parecidas, aunque no sean tan ambiciosas, en nuestro país, para tener una idea más exacta de la situación real del trabajo asalariado después de la gran oleada de innovación tecnológica que lo ha sacudido hasta sus cimientos. Por el contrario, resultaría temerario desoír la conclusión global que nos presenta Cremaschi de la experiencia de la FIOM: «… el asunto central de esta encuesta es, nos parece, que, a través de la profunda reestructuración ocurrida en estos veinte últimos años en el sistema industrial y en la organización del trabajo, se ha consolidado un modelo que se está extendiendo a toda la sociedad y en el cual la dependencia de las personas, la reducción de su autonomía real, van acompañadas por la exigencia de una cada vez más convencida adhesión del trabajador a los procesos cualitativos de la empresa. La suma de lo viejo y lo nuevo, su contaminación, produce de esta forma un modo de trabajar infinitamente más estresante y cansado que en el pasado.»
Es «la suma de lo viejo y lo nuevo», de lo viejo que se resiste a desaparecer y lo nuevo que pugna por despuntar, lo que está deteriorando hasta extremos gravísimos la prestación del trabajo heterodirigido, dice Cremaschi. No sólo la suma, sino su «contaminación». La rutina del modo viejo de hacer las cosas mantiene al fordismo, obsoleto como sistema de producción, inamovible en sus posiciones de mando, de modo que las nuevas necesidades suscitadas por la innovación tecnológica se ven obligadas a deformarse, reducirse y acomodarse como pueden a una jerarquía inútil y sin sentido, pero que se sobrevive a sí misma como un zombi, y que es más dañina que un zombi.
El gran problema en este conflicto estructural, un problema que se extiende ya a lo largo de demasiado tiempo sin visos de encontrar un desenlace, es, como bien señalan Aristu, Blanco y Estrada, la invisibilidad de las condiciones reales de trabajo para una izquierda política excesivamente pendiente de las instituciones. Ese es precisamente el foso que se ha ido ensanchando y profundizando en estos años entre la esfera política y el universo del trabajo. El deterioro progresivo de éste ha ido acompañado por una levitación cada vez más pronunciada de aquélla, que ha insistido con reiteración en atisbar horizontes lejanos desde la torre del homenaje para no tomar nota de lo que estaba ocurriendo en el foso de los cocodrilos.
El sindicato, por su parte, se ha cerrado en la defensa de lo viejo sin entrar – sin comprender a fondo, tal vez – las potencialidades de lo nuevo. No es malo defender las viejas tutelas, Cremaschi lo apunta, porque siguen siendo necesarias en la situación enredada y conflictiva que se vive de puertas adentro de los ecocentros de trabajo (utilizo un término habitual en los escritos de JL López Bulla, y que me parece útil y expresivo). Las culpas del sindicato se sitúan en otro frente: en la excesiva pasividad ante el nuevo modo de conformarse la organización de los sistemas de la producción y los servicios. Se ha dejado la iniciativa durante demasiado tiempo a las instancias empresariales, dejando que estas hagan “su agosto”; cuando en el terreno de la organización del trabajo, los trabajadores y sus sindicatos tienen mucho que decir, mucho que defender, mucho que combatir.
Una mala rutina ha orientado tradicionalmente las reivindicaciones de los sindicatos de forma casi exclusiva hacia las cuestiones relacionadas con la redistribución de la riqueza. El terreno privilegiado de confrontación ha sido la compensación dineraria o en servicios sociales por las penalidades sufridas en el puesto de trabajo. Eso ahora no basta. No ha bastado nunca en puridad, como lo puso de relieve Bruno Trentin a lo largo de toda su trayectoria como sindicalista, como jurista y como pensador político; pero ahora menos que nunca, porque nos encontramos en un nuevo paradigma, y ese paradigma, manipulado y deformado hasta quedar convertido en una caricatura de relación laboral, se está haciendo pesar sobre las espaldas de los trabajadores con alevosía e impunidad, desde unas posiciones de partida desiguales e injustas.
Una vez puesto en claro que la condición concreta de los trabajadores puertas adentro de las empresas no van a resolverla las próximas elecciones, la palabra en este terreno corresponde a los sindicatos. A la autoridad, a la autonomía, a la combatividad de los sindicatos democráticos.
 

miércoles, 17 de diciembre de 2014

AVERSIÓN AL FUTURO


El profesor Josep Fontana nos ha enseñado que el futuro es un país extraño. Extraño e inquietante, por añadidura. Los más jóvenes, que viven hoy un presente escaso y precario, encaran un futuro problemático que solo alcanzan a percibir a través de unas simbólicas, o muy reales en algunos casos, vallas de alambre de espino adornadas con un letrero muy visible: NO TRESPASSING.
Una parte sustancial del problema reside en la falta total de compromiso con el futuro por parte de las generaciones situadas en los puentes de mando y en las salas de máquinas. Nos encontramos en el reino de la tirada de dados del negocio financiero especulativo, y en el cortoplacismo descarnado en los programas productivos de una economía volátil de tan flexible. Hablar de futuro, de largo plazo, de previsión, en ese contexto, carece de sentido sin remedio posible. No es un dato que deba tenerse en cuenta. Para la sociedad en general, lo que sea sonará. Para los privilegiados, la “clase ociosa” que rememoraba José Luis López Bulla hace poco en un artículo esencial (1), el futuro es en cambio un artículo de lujo, exótico y exclusivo, que se guarda rodeado de mil precauciones y sistemas de seguridad en la cámara acorazada de los subterráneos blindados de los bancos. Gran paradoja: en la aldea global, el futuro se concibe únicamente en términos estrictamente individuales.
Esa mentalidad individualista de las clases altas ha ido calando poco a poco en el subsuelo social, y tiene consecuencias. Lo diré sin alharacas ni grandes énfasis: desde que el futuro ha dejado de ser una gran apuesta colectiva y solidaria, la humanidad se encamina hacia su destrucción. No intento hacer de jeremías, solo establezco una simple previsión, un output verificable a partir de los datos conocidos del problema. Cualquiera puede percibir lo verosímil de esa previsión, con solo abrir los ojos al mundo que nos rodea. Basta la referencia a dos piedras de toque contrastadas: el trato que reciben en nuestras sociedades de hoy mismo la naturaleza de un lado, y los/las adolescentes, de otro.
Acaba de concluir en Lima una cumbre mundial más, sobre los peligros del cambio climático. Han acudido a ella 196 países pero a duras penas se ha conseguido un acuerdo final de mínimos, no vinculante, después de catorce días de parálisis en las negociaciones. Se trataba de preservar nuestras reservas biológicas, nuestras esperanzas de supervivencia. Tendrán que esperar otra ocasión, otra cumbre, otro acuerdo de mínimos.
Si esa despreocupación por el patrimonio común entra más o menos en los parámetros de lo que consideramos normal, en cambio tiene tintes patológicos la aversión al futuro que determina la tendencia morbosa de ciertos sujetos a tomar a escolares o estudiantes como objetivo preferente de sus atentados o asesinatos ideológicos. Tres casos recientes: Boko Haram en Nigeria, los narcos en Ayotzinapa, los talibanes en Peshawar.
Los meandros de la lógica perversa de un asesino siguen a veces pautas parecidas en marcos psicopatológicos diferentes, pero que presentan algún aspecto concomitante. Así, ocurre que el argumento latente en los tres casos citados viene a ser en sustancia el mismo móvil que aflora en tantos casos de violencia de género contra mujeres que se rebelan contra una dominación machista abusiva. Un móvil que puede expresarse de este modo atroz: “Ya que no aceptas el futuro que yo pretendo imponerte, no vas a tener ningún otro futuro en absoluto.”
 

lunes, 15 de diciembre de 2014

PROGRAMA ELECTORAL PARA UN PAÍS DE TODOS LOS DEMONIOS


La llamada Ley Mordaza ha inaugurado la precampaña electoral del Partido Popular. Ha sido el rayo, el rayo que no cesa. Detrás ha venido el trueno, en forma de glosas o escolios al texto crudo y abstracto de la norma.
Ha causado cierta sorpresa, por venir de quien viene, el fuego de artificio retórico que ha acompañado las explicaciones del presidente del gobierno en el acto de La Granja de San Ildefonso. Rajoy suele ser persona timorata, y también algo sibilina, en la forma de expresarse (“se hará lo que haya que hacer, lo que Dios manda, lo que dicta el sentido común”), pero en esta ocasión, aun sin salirse por completo de la pauta habitual, ha tronado, ha quemado pólvora en salvas como en pocas ocasiones anteriores. Queda meridianamente claro y sin circunloquios el No del PP a cambiar la Constitución, que «no es un juguete que admite bromas ni frivolidades» y tampoco «ocurrencias ni eslóganes». Tampoco admite la ley suprema «encajes ni acomodos» caprichosos, porque tales cosas son «ensoñaciones» de quienes siguen  «mirándose el ombligo de lo autóctono».
Lo que ofrece en cambio el PP a la ciudadanía es un muro firme de contención contra el caos interno (¿quizás una alusión a los Podemos y los Ganemos?), además de una colaboración estrecha con las autoridades europeas (Angela Merkel, el BCE, se supone) para seguir en la senda de la recuperación económica (global, por supuesto). Y claro, no hace falta insistir mucho en ello, severas penas de cárcel y multas impagables para los insensatos que protesten en ámbitos no estrictamente privados por «frivolidades» tales como despidos, desahucios, hambres y miserias.
Hizo también el presidente una mención, muy de pasada y sin concretar, a futuras normas para luchar contra la corrupción. ¿Por qué, por qué, cielos? Los catones severos hemos de afearle a Mariano esa concesión a los gustos bajos de la plebe. Sin duda no ha sido cosa suya sino de sus asesores, posiblemente de ese Arriola que tiene tanta mano en la política de comunicación. Pero es una pena que después de tanta artillería concentrada en las frivolidades ajenas, se despache la cuestión con una “frivolité” propia. Y ni siquiera hacía falta, ya ha proveído el Poder Judicial medidas prudentes, sugeridas por el mandato divino y el sentido común, para colocar la horma oportuna a las ensoñaciones del juez Ruz.
En apretada síntesis, lo que nos ofrece sin tapujos el programa electoral del PP es más de lo mismo. Ajo y agua, pobreza y mal gobierno. Todo ello en la senda inmarcesible de una larga tradición heroica y mística que resumió como nadie el poeta catalán Jaime Gil de Biedma: «… este país de todos los demonios en donde el mal gobierno, la pobreza, no son, sin más, pobreza y mal gobierno, sino un estado místico del hombre, la absolución final de nuestra historia.»
Pues como dicen los castizos, que venga Dios y lo vea.
 

sábado, 13 de diciembre de 2014

GRIEGOS EN UN LABERINTO


El ambiente político se ha espesado en Atenas, a partir del fracaso de la cumbre con la troika para la entrega de la parte pendiente del rescate. Proliferan los furgones policiales aparcados en las calles, incluso en sitios inesperados y a horas inocentes. Las manifestaciones son más agresivas; en muchas se juega con fuego, en el sentido literal de la palabra, y se busca el contacto directo con los antidisturbios. También en más de una ocasión piquetes aguerridos de Amanecer Dorado en uniformes paramilitares han ejercido de fuerza represiva directa contra los manifestantes de izquierda, mientras los soldados se limitaban a observar.
Andonis Samarás, el primer ministro, culpa de la espiral de violencia a Syriza. No solo de la espiral de violencia. Enfatiza que no va a consentir que la izquierda radical y populista lleve al país al caos y la ruina, por más que el caos y la ruina están ya ahí desde antes de que llegue Syriza al gobierno.
Un consejo sibilino que fuentes relacionadas con Nueva Democracia están dando a la ciudadanía – siempre a través de insinuaciones indirectas, porque una cosa así no es posible plantearla en términos crudos, siquiera sea por decoro –, es que se apresuren a sacar sus ahorros del banco antes de la fecha de las próximas elecciones, porque después tal vez ya no podrán hacerlo.
La advertencia cae por el momento en saco roto. El objetivo, muy claro, del runrún es frenar mediante el voto del miedo al partido de Tsipras, pero quienes tienen cantidades importantes de dinero en los bancos de Grecia no iban a votar a Tsipras de todos modos. Es más, ya hace años que la mayor parte de los capitales privados griegos está colocada, o bien en bancos extranjeros, o bien directamente en el extranjero. No por miedo al radicalismo de Syriza, sino por la consabida disyuntiva entre patriotismo y patrimonio, sobre la cual no hacen falta mayores explicaciones. En la situación actual la mayoría de los habitantes censados en el país, para los cuales tener dinero ahorrado es tan irreal como un cuento de hadas, no vería mal una intervención de la banca, por si de ese modo es posible hacer aflorar unos capitales que se han revelado sumamente volátiles desde que se inició la prolija operación del rescate financiero.
La senda constitucional que debe seguirse a partir de este momento es clara. Samarás intentará de aquí a febrero aprontar los votos que le faltan para asegurar la elección presidencial, bien en la persona de su propio candidato o bien en la de una persona capaz de generar consenso. Si no se consigue esa mayoría, el jefe del gobierno habrá de disolver el parlamento y convocar elecciones generales de forma inmediata. No son del todo descartables fugas hacia adelante ni tiradas por calles de en medio, pero estas serían penalizadas con un aumento de la inestabilidad interna y del aislamiento internacional. Algo que resultaría gravoso en exceso incluso para los estamentos más antieuropeos y más insolidarios de un país en bancarrota, enfeudado sin remedio a sus acreedores y dependiente de forma absoluta de un turismo que a día de hoy es la única fuente de ingresos que presenta un comportamiento positivo.
 

viernes, 12 de diciembre de 2014

EL PRESIDENTE NO TIENE QUIEN LE CREA


«La crisis ya es historia», ha dicho Mariano Rajoy muy ufano, en la clausura de un encuentro empresarial. La estupenda declaración ha sido acogida por el auditorio no ya con indiferencia, sino con un asomo de rechifla. «Otra vez en las mismas», ha exclamado un asistente abrumado, y enseguida ha pedido a los periodistas que cubrían el acto un respeto para su anonimato. Aquí todos se acuerdan de cuando el boss regresó de Brisbane con muy parecidas albricias: «En el G-20 están encantados todos con nuestras reformas.» Pocos días más tarde llegaba el enésimo capón de Bruselas sobre nuestras reformas.
Llueve sobre mojado. A algunos, la simple mención de los brotes verdes y la luz al final del túnel les provoca una taquicardia. Cada dos meses estamos saliendo de la crisis de boquilla, y luego tienen que personarse ante los micrófonos de los medios De Guindos o Sáenz de Santamaría para recoger velas. Esta vez las cosas han ido un poco más lejos de lo habitual, y Jesús Posada, interrogado al respecto, ha admitido que tal vez la apreciación del presidente es un poco exagerada.
Tal vez, en efecto. La Bolsa se ha dejado un 7% esta semana, la deuda pública ha dado un nuevo salto adelante hasta el 96,8% del PIB, el IPC desciende hasta un 0,4% en cómputo anual, y Bruselas alerta sobre la fragilidad de nuestra banca sobradamente rescatada. Cabe concluir que ese hombre no se entera, o bien que está recitando un mantra por recomendación de su siquiatra, y tanto daría que recitase el «Jesusito de mi vida».
Mariano se ha sentido defraudado al darse cuenta de que la estupenda noticia que traía para todos los españoles era recibida con la misma frialdad que un chorro de güisqui al verterse en un vaso ancho cargado de hielo. «Soraya, di algo, apóyame», telefoneó a su favorita por el teléfono rojo. La vicepresidenta acudió con un suspiro de hartazgo a la rueda de prensa correspondiente, y puntualizó la información de su jefe de filas por medio de dos declaraciones que podríamos calificar de templadas, como mínimo. La primera de ellas: «La economía ha cambiado de ciclo.» Sin precisar en qué sentido. Dejando en el aire la sugerencia de una posible continuación machadiana: «Nadie sabe cómo ha sido.»
La segunda declaración de Santamaría, sin embargo, ha sido menos etérea y mucho más consistente, aunque también cargada de ambigüedad: «Hace tres años, muchos no pensaban que estaríamos donde estamos.» En efecto, la afirmación no tiene vuelta de hoja. Hace tres años el Partido Popular consiguió la confianza de una mayoría absoluta de los votantes en las elecciones generales.
 

THESSALONIKI


No hemos tenido muchísima suerte con el tiempo Carmen y yo en nuestra excursión de cuatro días a Tesalónica. Llovió sin fuerza pero sin parar los dos primeros días, paró el tercero aunque con nieblas y mucha humedad, y volvió a llover en la despedida. Nos lo temíamos, y por eso no elegimos como objetivo alguna de las islas griegas grandes provistas de aeropuerto, sino una ciudad que ya conocíamos de un viaje anterior. Tesalónica tiene, al fin y al cabo, muchos atractivos, y no son los menores los que se encuentran bajo techado. Al margen de su condición de ciudad universitaria, con una vida científica y artística muy intensa, cuenta con museos remarcables, iglesias bizantinas de larga tradición y riqueza, y también con buenos restaurantes populares o con el gran mercado “a la turca”, que no están inscritos en el patrimonio de la humanidad de la UNESCO como otras joyas locales, pero son en cambio los lugares donde con mayor facilidad se siente uno ciudadano del mundo. ¿Apo pú ines?, “¿de dónde eres?”, preguntan los vendedores o los camareros en cuanto se dan cuenta de lo precario de nuestra conversación griega, y oída la respuesta, se extasían: ¡Ah, Barkeloni!
Para empezar, ¿Salónica o Tesalónica? La primera sílaba desaparece en una variante del topónimo, tanto en español como en griego. El nombre oficial en español ha sido, no sé si lo sigue siendo, Salónica. Pero al parecer fue Thessaloniki, “victoriosa sobre los tesalios”, el nombre propio de la reina macedonia, hija de Filipo, que lo cedió a la ciudad.
Tesalónica nació de la conjunción de dos caminos: el del mar, que recala en el puerto abrigado en el fondo de un amplio seno marino, y el de tierra, la Via Egnatia, una calzada que unía en la antigüedad Dirraquio (actual Dürres, en Albania) con Bizancio. Próxima al puerto se abre al mar la espléndida plaza de Aristóteles, con suelos de mármol blanco. Desde el mismo lungomare, la plaza se prolonga en dirección sur-norte en una avenida amplia que conecta con la odos Egnatia. Las ruinas del antiguo foro grecorromano se encuentran en esa intersección. Más arriba, siempre siguiendo la calle de Aristóteles por un terreno que se eleva en anfiteatro, se llega a la gran basílica bizantina de San Demetrio, que tiene unos mosaicos muy hermosos, antiguos y modernos, y unas curiosas catacumbas. Coronando la misma cuesta, bien en alto y con la protección de unos muros hoy bastante derruidos, está la iglesia del Profeta Elías; y hacia el este, abajo, cerca de la odos Egnatia, se alza la otra gran basílica de la ciudad, la de Santa Sofía.
Junto a la antigua Via Egnatia y próxima a la puerta oriental de la ciudad se hizo construir su palacio el césar Galerio, a finales del siglo III. En el límite oriental del mismo levantó un arco triunfal en conmemoración de su victoria sobre los persas. Hoy solo sigue en pie una parte del mismo, consolidada con tramos de ladrillo. Es un monumento que produce una gran impresión. Los relieves de piedra están desgastados, «de la carrera de la edad cansados» en la expresión de Quevedo, pero esa misma pátina, al diluir las aristas y suavizar las sombras, ayuda al visitante a sentir mejor, casi físicamente, el paso y el peso del tiempo.
Galerio pasó a ser uno de los cuatro emperadores, los tetrarcas, que sucedieron a Diocleciano cuando este decidió dividir el imperio romano. Ordenó entonces edificar para sí mismo un mausoleo singular, de planta circular como el Panteón de Roma. Ese edificio, conocido hoy como la Rotonda o Rotunda, se alza a un centenar largo de metros del Arco de Galerio, en dirección norte, unido a él por una avenida que en tiempos estuvo flanqueada por pórticos sostenidos por columnas. Luego Galerio murió en campaña, lejos de Tesalónica, y lejos de ella fue enterrado. El emperador Constantino, cuando declaró el cristianismo religión oficial del imperio, dispuso que la Rotonda fuese convertida en templo: el primerísimo de la nueva religión imperial, puesto que su construcción se remontaba a una época anterior incluso. Con los siglos, la Rotonda fue iglesia ortodoxa y mezquita (con la añadidura de un minarete) y sobrevivió con entereza a varios temblores de tierra, el último en el año 1978. Hoy es un monumento no accesible, pendiente de trabajos de reconstrucción y consolidación largos y costosos.
Atenas y Estambul son las primadonnas del turismo cultural en el área geográfica del sudeste europeo. Pero si planean ustedes un viaje de estas características, vale la pena que tengan en cuenta a la bella, antigua y maltratada ciudad de Tesalónica.
 

miércoles, 10 de diciembre de 2014

¡LIBERTAD PARA LOS EMPRESARIOS!


En apenas siete días van a tener lugar las elecciones a la presidencia de la CEOE. Los dos aspirantes al cargo, Juan Rosell y Antonio Garamendi, han expuesto en público sus respectivos programas, en cuya comparación, por cierto, no se perciben grandes diferencias. No se aprecia en este caso que uno de ellos proponga un tipo de medidas más conservadoras, y el otro apunte un talante más progresista o innovador. Lo que se lleva esta temporada es el pensamiento único, de modo que ambos programas exhiben ese sesgo inconfundible que marca la línea predominante no solo en nuestras organizaciones patronales sino por extensión en nuestros estamentos políticos acomodados y en los institutos internacionales más renombrados relacionados con la economía y las finanzas.
El empresario, se argumenta, tiene una función social esencial puesto que es él quien crea puestos de trabajo. En compensación a tanta beneficencia, debe dársele «más libertad» en cuanto a la organización concreta de ese trabajo que crea y de su retribución. Es imprescindible desregular la negociación colectiva. Las reivindicaciones de los trabajadores asalariados y sus sindicatos, y en general la situación en la que quedan aquellos dentro de la empresa, importan poco a estos efectos, y lo que puedan alegar es irrelevante puesto que ellos no crean los puestos de trabajo sino que los ocupan, son los “beneficiarios”. Desde su atalaya el empresario no percibe que sea preciso poner puertas al campo de «su» propia libertad porque esta pueda chocar con las libertades de otros. Ni que existan unas líneas rojas imposibles de traspasar sin perjuicios gravísimos para la contraparte. ¿No queremos puestos de trabajo? Pues ahí van puestos de trabajo: con más flexibilidad de jornada, más movilidad funcional, más horas extra, y un peso mayor de la parte variable de la retribución, en función de objetivos. Lo que quiere decir ligar los salarios a la productividad. Pero atención al matiz que introduce Garamendi: a una productividad no solo de la compañía en su conjunto sino particularmente de cada puesto de trabajo. (Explíquenme ahora cómo se cuantifica en los resultados de una empresa la productividad personal y particular de cada uno de sus trabajadores asalariados. Dicho de forma cruda, lo que está proponiendo el aspirante a Gran Patrón es institucionalizar el mobbing.) Ambos a una piden, además, más (¿más?) contratos temporales y a tiempo parcial, más (¿más?) facilidades para el despido, y más rebajas de impuestos y de cotizaciones. Garamendi de nuevo no quiere quedarse a medias y pide que se rebajen los costes «laborales, fiscales, energéticos, sociales o de cualquier otro tipo.»
Uno puede preguntarse en dónde queda la pretendida función social del empresariado si se aceptan todas esas exigencias. O yendo un poco más lejos, qué entiende la cúpula de los empresarios por «sociedad». La estamental del Antiguo Régimen, posiblemente. La de antes de las revoluciones burguesas y de la puesta en circulación como moneda corriente de conceptos tales como los de ciudadanía, democracia, igualdad y constitución.
En esa orgía desreguladora se diría que aflora un nuevo adanismo: que tanto Rosell como Garamendi conciben al empresario como un hombre de espíritu pionero, en lucha con la naturaleza salvaje, abriendo senderos en la jungla virgen, solos él y su estrella errante en medio de peligros y asechanzas.
No es así. Ninguno de los dos candidatos se olvida de pedir a papá Estado la regulación concreta y severa de un peligroso elemento destructor de la convivencia que consideran deplorablemente extendido: el derecho de huelga.
 

lunes, 8 de diciembre de 2014

EL LABERINTO GRIEGO


(Con mis disculpas a MVM por copiarle el título)

 

Ni a la troika le han gustado los presupuestos para 2015 preparados por el gobierno griego, ni el primer ministro Andonis Samarás acepta de momento la “reforma” sugerida por las altas autoridades económicas del mundo mundial, consistente, faltaba más, en nuevas rebajas salariales y despidos de funcionarios. El impasse va a desembocar por el instante en una “prórroga técnica” de la situación anterior, para la que se había previsto como plazo final el límite del 31 de diciembre. El comisario europeo Moscovici no ha desvelado aún si la prórroga se extenderá durante un período corto, de uno o dos meses, o si se prolongará hasta seis meses. El detalle tiene más enjundia de lo que puede parecer a primera vista.
Samarás es, como algunos otros primeros ministros del área euro, un político esencialmente gris, un hombre de la periferia (viene de Pilos, en la punta del Peloponeso) que ha hecho su carrera política a la sombra de Mitsotakis hasta la retirada del patrón. En la pugna subsiguiente por el poder en el seno de la conservadora Nueva Democracia, Samarás hizo valer su dominio del aparato y sus amplias connivencias con las alcantarillas del poder. Pero desde entonces sus defectos se han hecho más y más visibles cada día: es un hombre sin carisma y sin ideas, incapaz de trazar un plan de acción creíble ni de hacer un discurso más allá de las vaciedades de rigor. Sus reacciones son característicamente lentas, de modo que los hechos, la realidad fáctica, parecen siempre ir un par de pasos por lo menos por delante de él.
A falta de la última entrega del “rescate” de la deuda griega, por valor de 1.800 millones de euros, Samarás vendió antes de la entrevista en la cumbre de este mes la noticia de que lo peor de la crisis había pasado ya, Grecia estaba en condiciones de recuperar el timón de su economía sin necesidad de tutelas comunitarias, y los brotes verdes crecían pujantes por doquier. Era en cualquier caso la última bala que le quedaba en la recámara, porque el próximo mes de febrero necesitará en la Vuli (el parlamento) una mayoría de votos cualificada – que no tiene – para ser reelegido jefe del gobierno; o bien habrá de ir a unas elecciones generales a las que teme como a un nublado, porque en el horizonte se delinea la amenaza de Syriza.
Ante la troika utilizó una doble estrategia: unos presupuestos asépticos para no aumentar la irritación muy considerable de la ciudadanía, y el socorrido argumento del miedo a lo que vendrá para convencer a los amos de la caja fuerte. “Decidme que sí a mí, aunque no os guste, porque siempre será mejor que lo que os planteará el próximo jefe de gobierno, si Syriza gana las elecciones.”
La troika se ha puesto chula: «Nos da igual quien gobierne, lo que queremos es que se pongan en marcha las reformas.» Aún intentó Samarás una finta. ¿Se han entrevistado con Tsipras, el líder de Syriza? ¿Saben bien lo que está proponiendo la izquierda radical y desestabilizadora? Y la respuesta: «Nosotros sólo hablamos con gobiernos, no con partidos.»
De modo que no es indiferente que la prórroga de la actual etapa del rescate griego se limite a uno o dos meses, o se alargue hasta seis. Porque en febrero podría haber disolución de la Vuli, y en marzo unas elecciones en las que todo será posible. Lo que ocurra luego con la deuda y con esos 1.800 millones no está aún escrito, pero son cuestiones que, por más que quizás a algunos les suenen a coros angélicos perdidos en la lejanía, nos implican a todos. Esta va a ser una batalla global. Rectifico: va a ser la primera escaramuza de la gran batalla global que se anuncia ya en distintos foros.
 

domingo, 7 de diciembre de 2014

IR MÁS LEJOS AÚN


El periodista Enric Juliana comenta en La Vanguardia que recientemente Carme Forcadell, la dirigente de Assemblea Nacional Catalana, primero, y días después también la presidenta del Parlament catalán Núria de Gispert, han pronunciado la frase «Venimos de lejos y vamos más lejos aún», en un sentido bastante distinto del utilizado por la persona que acuñó la frase, a saber Palmiro Togliatti, en la llamada svolta de Salerno, en 1944, cuando decidió que las fuerzas comunistas, obreras y guerrilleras predominantes en el norte del país colaboraran en la consolidación del régimen posfascista, pacifista, terrateniente y promonárquico que se formaba en el sur bajo la dirección del mariscal Badoglio. Se trataba ante todo de evitar a Italia, cuando aún seguía su curso la guerra mundial, la posibilidad trágica de entrar a continuación en una nueva guerra civil similar a la vivida en España pocos años antes, en primera línea, por el propio ‘Ercoli’, nombre de guerra de Togliatti.
Cada cual es libre de utilizar una frase por lo que vale. Las metáforas, como argumentaba el cartero de Pablo Neruda, no pertenecen a su autor sino a quien las necesita. Y la aventura del soberanismo necesita de mucha poesía para endulzar los sinsabores de un trayecto muy áspero y muy aleatorio. Los defensores del proceso piden «más fe» a los creyentes, y aseguran que hay luz al final del túnel, pero nadie ha visto aún esa luz, solo la oscuridad del túnel. En todo caso, la luz eventual estaría muy lejos. «Más lejos aún», més lluny encara, de una sociedad muy maltratada a la que vemos progresivamente escindida en dos partes enfrentadas entre ellas, y más allá también de un Estat propi en el que nadie desmiente que los servicios sociales esenciales se seguirán privatizando según la práctica habitual de los políticos convergentes (el conseller de Sanidad Boi Ruiz acaba de declarar que “no imagina” una sanidad basada en presupuestos distintos de los actuales).
Hay, en la manera desenfadada de dirigir el largo trayecto de la Catalunya eterna hacia una improbable Ítaca, un abuso grave de la actitud que Antonio Gramsci llamó «cadornismo». Para quien no conozca el significado de la expresión ni quién fue el personaje al que va referida, remito a una entrada anterior de este mismo blog: http://vamosapollas.blogspot.com.es/2014/11/cadornismo.HTML

viernes, 5 de diciembre de 2014

EMPRESA ABIERTA Y SINDICATO


Yo respondería sin dudar que Sí, a la pregunta que deja flotando en el aire mi amigo de muchos años y cofrade de trajines blogueros Quim González Muntadas: ¿Tiene cabida el sindicalismo en la empresa abierta? (1). Pero también me parece conveniente hacer algunas salvedades no desdeñables. Ahí van.
1. No es casual que la llamada “empresa abierta” ignore al sindicato. Todo el proceso de deconstrucción del andamiaje sociolaboral y asistencial de los decenios marcados por la hegemonía de las concepciones del Estado del Bienestar se basa en un presupuesto que supone una enmienda a una idea central de Carlos Marx. A saber, que la fuerza de trabajo no crea valor. Es solo el empresario, o mejor dicho el “emprendedor” para englobar nuevas formas de empresa flexibles y desestructuradas, quien crea plusvalía. El capital coopera a esa creación con un apoyo financiero sobre el que luego reclamará, como el Shylock de Shakespeare, su libra de carne. La fuerza de trabajo es mera mercancía, materia prima abstracta e indistinta.
De modo que, en esa visión del “nuevo” capitalismo, los sindicatos de los trabajadores no pueden exigir nada, porque nada ofrecen. Al mercado de trabajo convenientemente “reformado” por las instancias políticas, los asalariados concurren no como sujetos activos con capacidad de negociación, sino como bienes fungibles susceptibles de ser comprados, vendidos e intercambiados, sin traba legal alguna como desiderátum, aunque subsisten aún residuos (engorrosos) de épocas anteriores que aún no ha sido posible eliminar. Uno de esos residuos, el más importante sin duda (el más engorroso también), es el sindicato confederal.
2. La empresa abierta se basa en ideas de excelencia en la gestión de recursos humanos, de eficiencia y de competitividad, a partir de un aprovechamiento idóneo de las potencialidades de la tecnología, y de métodos racionales de dirección y de gestión. De alguna forma, la idea misma de empresa abierta nos retrotrae a un mercado clásico de libre competencia y juego limpio entre todos los sujetos concurrentes, en relación con las leyes económicas que rigen ese mercado. Su idea motriz es la darwiniana supervivencia de los más aptos, tanto en el nivel colectivo de las sociedades como en el individual de los corporation men, los hombres-corporación.
Conviene tener en cuenta al respecto que la «realidad fáctica», como la llamaba Antonio Gramsci, es diferente. Para llevar adelante su proyecto bien diseñado, el emprendedor necesita el apoyo del capital. Canales de financiación, crédito en una palabra. Pero el crédito escasea, y su reparto no se realiza casi nunca en razón a los méritos comprobados de los demandantes. En un régimen económico-político oligárquico como es el nuestro, basado en buena medida en el intercambio de favores entre los sectores público y privado, no tendrá preferencia la sociedad más eficiente y mejor preparada, sino aquella en la que se dé una colusión de intereses más intensa entre unos gerentes que actúan como “conseguidores” y unos estamentos políticos y/o bancarios ansiosos por recibir su mordida antes incluso de que la sociedad empiece a generar los beneficios para los que se supone que ha sido entrenada. De lo cual se desprende que los principios de excelencia y esfuerzo colectivo de los integrantes de la empresa abierta podrían quedar en una angélica declaración de intenciones sobre el papel, sin efectos en la realidad fáctica mientras perdure el actual statu quo.
3. Pero a pesar de tales obstáculos y a la espera de que sean removidos de una vez, es muy posible, y de hecho se constata, la existencia de empresas bien concebidas, bien montadas y con una atención sincera hacia cuestiones tales como la gestión de valores y la responsabilidad social. El sindicato no debería dar en ningún caso la espalda a esa realidad sino, muy al contrario, forzar su presencia en los mecanismos de toma de decisiones e intervenir con la decisión que apunta Quim en su artículo. Las propuestas sindicales, sean o no bienvenidas por la dirección, irían en el sentido de ofrecer mejoras bien meditadas en las prestaciones del colectivo integrado en la plantilla, a cambio de garantías de contraprestaciones oportunas medidas en mejoras salariales y de la condición de trabajo. No habría cogestión ni una disposición incondicional por parte del sindicato a secundar los planes de la empresa, sino una negociación enraizada en una tensión permanente entre las partes. Es posible ir juntos en una parte del trayecto, pero no en su totalidad. No se puede olvidar que el objetivo de la empresa al implantar este tipo de métodos es el incremento de los beneficios, mientras que el objetivo sindical es la humanización del trabajo.
 

jueves, 4 de diciembre de 2014

MUCHACHA QUE HUYE


Eleusis, el antiguo templo de los misterios situado a una quincena de kilómetros de Atenas, es la confirmación palpable de la insensibilidad moderna hacia la naturaleza. Fue erigido para celebrar la sucesión de las estaciones y la renovación de la fertilidad de la tierra en la primavera, y su situación en el extremo norte del golfo Sarónico y en las cercanías del puerto del Pireo lo ha rodeado de refinerías de hidrocarburos que lo condenan a padecer la atmósfera de peor calidad de toda Grecia y áreas mediterráneas vecinas.
Todo debió de empezar a partir de una oquedad que se abre como un gran bostezo en el flanco de un cerro que domina la llanura aluvial y el mar cuajado de islas (Salamina está justo enfrente). Las paredes de la gruta son de color oscuro, como ennegrecidas de humo, y en ellas se abren grietas de gran tamaño. Al parecer por esas grietas salían en tiempos fumarolas sulfurosas, y se consideró por ello que se trataba de la puerta de entrada a los infiernos. Según el mito, el dios del inframundo, Hades, asomó por ahí un día y se llevó a su reino a la ninfa Perséfone, hija de Démeter, la diosa de la fertilidad y de las cosechas, para hacerla su compañera. El rapto de la niña irritó tanto a Démeter, que dejó de dispensar sus dones a los humanos. Hades por su parte se negó en redondo a devolver a Perséfone a su madre. El complejo pleito requirió una asamblea de dioses, en la que se llegó a una solución transaccional: Perséfone pasaría seis meses con su marido en el infierno, y otros seis en la superficie con su madre. La tierra solo florecería y daría frutos en los meses de luz, aire y sol para la ninfa.
Cada nuevo otoño, tenía lugar una procesión que llevaba a Eleusis los objetos sagrados (se ignora cuáles eran con exactitud) que simbolizaban el regreso de Perséfone al inframundo y la vuelta de la aridez a la tierra. La procesión seguía la Vía Sacra, que atraviesa de parte a parte – entre otros – el municipio de Egáleo en el que residimos, hasta la explanada de Eleusis. El séquito no era triste ni lamentoso; debió de tener un parecido notable con la romería del Rocío. Los atenienses viajaban en carros, bien provistos de comida y bebida; cantaban, se cruzaban bromas y pullas entre ellos, y se tomaban las cosas con calma. Partían del ágora de Atenas, al pie de la Acrópolis, a la salida del sol, y se instalaban delante de los Propíleos de Eleusis ya anochecido. Durante cuatro días celebraban los misterios. Había danzas de muchachas, invocaciones de sacerdotes, tal vez ceremonias orgiásticas y sin duda mucho “intercurso” que dicen los ingleses. En fin, más o menos lo mismo que podía verse siglos después en épocas de carnaval. Los ciclos naturales son siempre los mismos, y cuando una comunidad se prepara para ayunar, celebra con más vigor las épocas de abundancia pasadas y futuras.
Los misterios siguieron celebrándose cuando Grecia se convirtió en provincia de Roma. Luego, ya en el declive del imperio, Eleusis se convirtió en otra cosa, en un centro más o menos internacional de estudios filosóficos y religiosos esotéricos y de sincretismos de todo tipo. Ya no se peregrinaba allí desde Atenas sino desde la Galia, Egipto o Siria, en busca de un saber alambicado. En los inicios del siglo quinto, se presentó en el Ática el bárbaro Alarico y arrasó con todo: murallas, pórtico, templos y arcos de triunfo. A unos cientos de metros del yacimiento arqueológico, otros bárbaros modernos han destrozado el medio ambiente de un lugar que fue sagrado.
Una de las piezas capitales que se guardan en el Museo de Eleusis es la “Muchacha que huye”, una escultura femenina llena de gracia y de pudor, que debió de formar parte del frontal de un templo. Tal vez Perséfone tratando de escapar de su raptor. Hoy podría ser la Naturaleza en fuga, espantada por los estragos de una economía de rapiña.

martes, 2 de diciembre de 2014

POLÍTICA CONSTITUYENTE


En un artículo publicado en La Repubblica y traducido para nosotros por Javier Aristu (1), la profesora italo-norteamericana Nadia Urbinati ha señalado las características novedosas del fenómeno Podemos y su originalidad de fondo. En efecto, en un contexto de crisis generalizada de credibilidad y de representación de los partidos políticos, he aquí una fuerza surgida inicialmente de los movimientos sociales que se constituye a todos los efectos como partido, consciente de los riesgos que asume pero decidida a cubrir un vacío esencial en la dialéctica democrática, y a batirse en condiciones iguales con las «casandras del statu quo».
Porque, como afirma el propio Pablo Iglesias, «el problema de la debilidad de nuestras democracias no está en el hecho de que estas se basen en los partidos, sino en que los actuales partidos no tienen ya credibilidad.» Hay una vía de salida falsa a los achaques del parlamentarismo que consiste en preconizar la práctica de la democracia directa, la soberanía de las asambleas, la disolución de los partidos en los movimientos sociales. Eso no es regeneración democrática, y su resultado previsible es que los ciudadanos estarán más aislados entre ellos y más inermes frente al poder. Ese poder fáctico, cuya presencia omiten, seguirá gravitando con todo su enorme peso sobre las relaciones sociales cuando los robinsones del asambleísmo despierten de su sueño, igual que sucedía con el dinosaurio de Monterroso.
Podemos ha elegido una línea distinta: la apuesta por la autoorganización dentro de un sistema que concede a los partidos políticos múltiples herramientas de acción, de intervención, de cambio. No es el sistema de partidos visto en conjunto el objeto de su crítica, sino más bien el conformismo que invade la vida de unos partidos aquejados de un “posibilismo” chato, y la degeneración del sistema en una oligarquía que excluye de plano a los “no iniciados” en los entresijos de la cosa pública.
Justamente ahora el Partido Popular lanza la idea de una gran coalición postelectoral con el PSOE, «no en contra de nadie» sino en defensa de la gobernabilidad. Típica, esa presunción sin pruebas de que la gobernabilidad se encuentra radicada en los estamentos representativos de la vieja política, y toda novedad aboca al país a la imprevisibilidad del caos.
Pero el viento fresco que aportan los/las dirigentes de Podemos es precisamente la posibilidad, la inminencia diría, de una regeneración democrática. Predican la viabilidad de unos partidos políticos no enquistados en sí mismos sino abiertos al exterior, que ofrezcan a la ciudadanía puntos de referencia en lugar de jerarquías establecidas. Proponen la exploración de una relación nueva entre esos partidos y los movimientos sociales, capaz de fecundar y vigorizar a las dos partes, al asegurar de un lado la continuidad en el tiempo y el debate en las instituciones de las reivindicaciones esgrimidas por los movimientos, y favorecer, del otro lado, una aproximación de los partidos, en tanto que estructuras políticas intermedias, a sus bases potenciales, desatascando y revitalizando un intercambio fluido de ideas tanto de arriba abajo como de abajo arriba. Todo lo cual resulta urgente y necesario para una etapa política que va a tener en nuestro país, sin la menor duda, características de período constituyente.
Podemos no va a poder hacer todo eso en solitario. Está explorando caminos nuevos en los que se mueve por el método del tanteo y el error. Se le achaca ambigüedad cuando está aún buscando su camino, un camino enrevesado que otros se apresuran a declarar inexistente. Los llaman populistas, y cada vez está más claro, como lo señala la propia Urbinati, que son el polo opuesto del populismo, porque su apuesta por una auténtica democracia representativa es limpia y transparente.
Claro que sus dirigentes reconocidos se equivocan de vez en cuando en sus propuestas o en sus comentarios, ¿alguien esperaba que tuvieran el don de la infalibilidad? Su actitud, el coraje que demuestran, las ganas de explicarse en todos los foros mientras no estén sembrados de trampas, son en todo caso cualidades positivas, provechosas para la comunidad. Y por eso mismo la «demagogia científica» que se está asestando contra ellos desde prácticamente todos los ángulos del cuadrilátero político es una actitud miserable y retrógrada. Falta aún ver si Podemos es capaz de merecer nuestra confianza y nuestro voto, pero está visto ya para sentencia el rechazo contundente que merecen quienes les atacan. Por lo menos, sabemos ya a quienes no hemos de votar. En nombre, precisamente, de la democracia.
 

lunes, 1 de diciembre de 2014

SALVAPATRIAS DE ESCOBA


Don Mariano Rajoy ha denunciado ayer mismo la existencia de «salvapatrias de escoba empeñados en desestabilizar el sistema». Difícil de mejorar, la definición. Salvapatrias, desaprensivos, chupacharcos. Su única ambición es desestabilizar, destruir, arrasar. Acabar como sea con el sistema cuyo asentamiento en este país ha costado tantos esfuerzos de tantas bellas personas durante tantos años.
El sistema. Leo en la prensa que después de una batalla campal el domingo por la mañana en las proximidades del estadio del Manzanares de Madrid, con un muerto y numerosos heridos, la policía municipal y las autoridades defienden el dispositivo policial desplegado como «adecuado». Todo estaba previsto y en orden, muerto más o menos.
El sistema. Una empleada de la oficina bancaria asaltada en Vigo sigue sin explicarse por qué la fuerza pública, avisada de la presencia de atracadores armados, se presentó sin más en la puerta principal al grito de “Abran a la policía”. ¿Es que querían que los asaltantes empezaran a disparar contra los empleados que estaban dentro? El atracador del interior optó por salir escudándose en una rehén, y en la puerta misma empezó a disparar sobre varios agentes que ni se habían resguardado ni llevaban chaleco antibalas. En la balacera la rehén se salvó solo con un tiro en el brazo. Murieron el atracador y una agente. Otro agente está en estado crítico. Nadie ha explicado aún por qué los policías no iban protegidos, ni por qué se siguió ese método descabellado de funcionamiento. Pero si hay que dar explicaciones, se dirá que el sistema previsto funcionó bien. Muerto más o menos.
El sistema. Segunda inundación del túnel del AVE en la estación de Girona, en pocas semanas. Después de la primera, se sugirieron toda una serie de medidas de prevención para que no volviera a ocurrir lo mismo. La compañía responsable, Adif, no tomó ninguna medida. Para qué, estaban ya tomadas todas sobre el papel.
Y no hemos acabado de hablar aún del caso de Teresa Romero, la auxiliar clínica que se infectó de ébola a pesar de la existencia de unos protocolos rigurosos ninguno de los cuales se cumplía. El sistema: protocolos cuya eficiencia debidamente comprobada consta en los papeles, pero que no se aplican en la realidad. Pudo haber muertos, pero en este caso no los hubo, y la consejería de Sanidad de Madrid y el Ministerio han sacado pecho. Fue un éxito, el sistema funcionó.
El sistema. Taparse mutuamente las vergüenzas. No prever nada, fiarlo todo a la suerte. Declarar siempre que todo ha ido bien menos lo que ha ido mal, y que sin la vigilancia del sistema todo habría ido sin duda mucho peor.
El sistema. Cajas B, tarjetas black, puertas giratorias, colusión, corrupción, grandes beneficios para las grandes compañías, endogamia. Desigualdad en aumento, precariedad, desahucios, represión, marginación, exclusión. Muertos, una carga muy pesada de muertos. Estadísticas de suicidios que no se hacen públicas para no alarmar. No es que haya algunos fallos detectables en el sistema, es que estamos en un gran fallo sistémico, total, global, infinito.
Hay por ahí «salvapatrias de escoba empeñados en desestabilizar el sistema.» Justo. Aquí tiene usted a uno, don Mariano, para lo que guste.