sábado, 5 de marzo de 2016

BERENJENAS CON QUESO


No es mi intención entrar en competencia con tantos blogs dedicados a recetas y gastronomía de autor, sino rendir un modestísimo homenaje a mi padre, de un lado, y de otro a un poeta sevillano “menor” del Siglo de Oro.
De Baltasar del Alcázar es muy conocida la “Cena jocosa”, en la que el poeta, hablando con Inés en primera persona, interrumpe a la hora de la cena una anécdota que había empezado a contar sobre un don Lope de Sosa y su criado portugués, y enhebra una serie de alabanzas sobre las distintas viandas que comparecen en la mesa, y sobre un vinillo aloque que le han traído de la taberna («Si es o no invención moderna, / vive Dios que no lo sé, / pero delicada fue / la invención de la taberna.»). Al final de la cena, le entra sueño y deja la historia del portugués “para mañana”.
La composición que transcribo no es igual de conocida, pero mi padre la citaba cada vez que salían berenjenas a la mesa. Solo se sabía de memoria la primera estrofa y la penúltima; en esta, recitaba en el último verso la variante «su andaluza antigüedad», en lugar de “española”, y hurgó en algunos recetarios tradicionales de la región para averiguar la receta auténtica y primigenia de un plato tan excelso. Sin resultado.
En Grecia, uno de los entrantes tradicionales básicos es un plato de berenjenas con queso, que llaman “imam” por nombre corto, y “el imam lloró” por título extenso. La historia es que un imam que llegó a territorio griego procedente del desierto sirio (un antecedente de las actuales muchedumbres de refugiados) pidió a unas gentes algo de comer por caridad, porque venía desfallecido; y cuando le dieron una porción del plato de berenjenas que estaban preparando, lloró de dicha y dijo que aquel sabor anticipaba las delicias celestiales.
Las comparaciones que establece Baltasar del Alcázar no son ciertamente celestes sino, por el contrario, de todo punto terrenales. Refuerzan, sin embargo, el testimonio plurisecular de la honda impresión que puede causar en paladares sensibles un plato evidentemente de origen popular y concebido para mesas humildes.
Al jamón de Aracena, claro está, no le hacía falta tanta propaganda. Pero adviértase que don Baltasar, y yo con él, lo colocamos en el mismo nivel de las berenjenas, y de ninguna manera más arriba.
Este es el poema:

Preso de amores
Tres cosas me tienen preso
De amores el corazón:
La bella Inés, el jamón
Y berenjenas con queso.
 
Esta Inés, amante, es
Quien tuvo en mí tal poder
Que me hizo aborrecer
Todo lo que no era Inés.
 
Trájome un año sin seso,
Hasta que en una ocasión
Me dio a merendar jamón
Y berenjenas con queso.
 
Fue de Inés la primer palma,
Pero ya júzgase mal
Entre todos ellos cuál
Tiene más parte en mi alma.
 
En gusto, medida y peso
No le hallo distinción:
Ya quiero Inés, ya jamón,
Ya berenjenas con queso.
 
Alega Inés su beldad,
El jamón que es de Aracena,
El queso y la berenjena
La española antigüedad.
 
Y está tan fiel en el peso,
Que, juzgando sin pasión,
Todo es uno: Inés, jamón,
Y berenjenas con queso.
 

viernes, 4 de marzo de 2016

PACTANDO CONTRA EL CAMBIO


Nos quieren vender como un pacto por el cambio lo que es a todas luces un pacto contra el cambio. Un pacto que echa el cerrojo a la constitución en la cuestión de la reforma del estado, que pone paños calientes a la reforma laboral pero la mantiene en su sustancia, y que ratifica la obediencia a las autoridades europeas en todos los puntos e incluso en las comas que están ya establecidas o puedan establecerse en adelante.
Tanto Manuela Carmena como Carlos Jiménez Villarejo, dos veteranos irreprochables, han expresado su deseo de que la izquierda facilite la investidura de Sánchez para impedir un nuevo gobierno de Rajoy. Comparto esa intención, pero no a costa de ceder en los contenidos de la acción del futuro gobierno. De ceder tanto, por lo menos. El pacto al que se ha llegado es el que deseaba Albert Rivera, no el que Sánchez podía alcanzar desde el margen de maniobra de que disponía. Rivera, el mejor valorado en el primer debate de investidura por unos medios de comunicación nada imparciales ni inocentes, ha amenazado además con romper la baraja si se añaden nuevos contenidos, más progresistas, a lo ya firmado. Con este preámbulo, ya pueden los peones del PSOE esgrimir las famosas 68 medidas de progreso para reclamar a Iglesias: «¿Vas a rechazar esto?»
No vale aislar, a efectos de tratar de impactar a la audiencia, la parte más positiva del pacto. Lo que se está ofreciendo es un pack completo de medidas y de omisiones concomitantes, bien envuelto y atado. Hay que tomarlo o dejarlo en su conjunto, y el conjunto sanciona el statu quo existente y cierra de un portazo las expectativas de cambio, sin ningún género de vacilación. De paso, refuerza sin pudor a la “casta” contra la “gente”, si atendemos a las nuevas categorías recién acuñadas desde los estamentos emergentes.
Por eso, si bien desalojar a Rajoy sigue siendo un objetivo deseable, y factible, no ocurre lo mismo con el acuerdo de gobierno que se ofrece. No estamos en el final del proceso, las posibilidades de negociación no están cerradas. Hay vías abiertas para trabajar en la concreción de un pacto que contenga, cuando menos, si no el cambio, sí horizontes hacia el cambio; que abra puertas a una correlación de fuerzas distinta y a una política más favorable a la mayoría social.
En el primer round de la investidura, Rivera ha sido el que ha quedado mejor colocado, Sánchez se ve empujado contra las cuerdas (no solo él, todo su partido; nadie se haga ilusiones de que cambiar de montura en mitad del vado traerá perspectivas mejores), y Rajoy puede estar herido de muerte sin haberse percatado todavía de dónde le llegó el tiro. Después de la sesión de esta tarde, si acaba con el resultado más previsible, se abre un plazo de sesenta días para reconsiderar todas las apuestas, desde el principio. El pacto contra el cambio será letra muerta. Ya no valdrán más amagos, fintas ni regates en corto. Serán sesenta días que no se deben dejar caer en el vacío. El desperdicio para el país sería demasiado costoso.
 

jueves, 3 de marzo de 2016

EL FIN DEL MARIANATO Y DEL FLORENTINATO, O VICEVERSA


Tal como se están desarrollando los acontecimientos, en el mes de junio podrían coincidir un remake de las elecciones generales del pasado diciembre y unas anticipadas a la presidencia del Real Madrid. De producirse tal conjunción astral, no cabe duda de que se ahondarán las zozobras de los dos electorados concernidos y el desgarro social, tal vez irreparable, de la ciudadanía globalmente considerada.
Los dos presidentes se han beneficiado en tiempos cronológicamente próximos, pero que hoy parecen muy lejanos, de un aura de infalibilidad. Lo mismo había sucedido antes con la Pitia de Delfos, el Brujo de Oz y el Pulpo Paul, hasta que sus repetidos patinazos en el control de los eventos futuros devolvieron las cosas a su justo lugar.  Butragueño, gloria deportiva del club, había llegado a decir de su presidente Florentino Pérez que era «un ser superior», en uno de los ejercicios de sumisión personal y vasallaje más ridículos que se recuerdan desde que la revolución francesa puso fin al Ancien Régime. Con Mariano la cosa nunca llegó a tanto si atendemos a las declaraciones explícitas, pero se sobreentendía que era así, y punto redondo. Él contaba con su Versalles particular, y un leve gesto de fastidio o un guiño pícaro de ojos en los maitines de su corte de la calle Génova bastaban para poner fin a un asunto o, por el contrario, relanzarlo al estrellato.
No estamos hoy tan lejos de las viejas estructuras feudales de poder, como podría suponerse. Mariano y Florentino se han preocupado mucho menos de la suerte de las instituciones que presiden, como de afirmar su propia jerarquía, recibir con magnanimidad los besalamanos y los tributos materiales de sus valvasores, y cegar con empeño todos los canales que pudieran facilitar una sucesión ordenada a sus caudillajes personalistas y autoritarios.
Florentino habrá de devolver 25 millones de euros de una recalificación de terrenos amparada por uno de los barones de Mariano, el entonces alcalde Alberto Ruiz-Gallardón, y está amenazado con la prohibición de fichar jugadores (su ocupación favorita) la temporada que viene, por presunto quebrantamiento de las normas de la FIFA, otra institución rigurosamente feudal de nuestra época. En cuanto a Mariano, el cerco a las tramas corruptas va descabezando a sus colaboradores habituales y a las personas más cercanas a su restringido círculo de confidentes, primero Bárcenas, después Rato, ahora la aforada Rita Barberá, acosada por los flashes de la canallesca en el trayecto entre su casa y la peluquería.
El marianato y el florentinato han consumido ya su tiempo sobre la tierra, pero se resisten tozudamente a dejar paso libre a caras nuevas. Todos los sufrimientos que ya han padecido y los que avizoran parecen preferibles a los dos jerarcas, antes que el trance horrísono de su desaparición de las primeras planas de los medios. Ese empecinamiento esforzado de los dos ensombrece con un patetismo particular el Götterdämmerung wagneriano que tal vez nos espera a todos el próximo mes de junio.
 

miércoles, 2 de marzo de 2016

GEOGRAFÍA DEL DINERO


Las poblaciones con mayor renta media familiar de España son ciudades-dormitorio y están situadas en el entorno de Madrid – las más – y de Barcelona las restantes. Son, por orden de más a menos haberes, Pozuelo, Majadahonda, Sant Cugat del Vallès, Las Rozas, Alcobendas y San Sebastián de los Reyes, que está a caballo entre Madrid capital (por arriba) y Barcelona capital (por debajo). Sigue en la lista Castelldefels. La primera población en nivel de renta no situada en ninguna de las dos provincias citadas es Ceuta (10ª). La última población española en nivel de renta es Torrevieja (Alicante). La renta media familiar es en Torrevieja de 13.977 euros; en Pozuelo, de 70.298. Quiere decirse que la renta de una familia media de Pozuelo da para cinco familias de Torrevieja, y aún sobra un pico. Estamos hablando de rentas familiares medias, claro; la comparación entre las porciones más altas de renta de un lado y las más bajas del otro añadiría un par de ceros a la derecha de ese ‘5’. Si contáramos los ingresos en negro y las rentas generadas en paraísos fiscales de las que Hacienda no tiene noticia, los ceros diferenciales se multiplicarían.
El barrio más rico de España es el del Viso, en Madrid, también un barrio residencial; el más pobre, el de los Pajaritos en Sevilla, un barrio obrero degradado. Los tres municipios con mayor índice de paro están en Andalucía: son Sanlúcar de Barrameda, La Línea de la Concepción y Jerez de la Frontera. Sin duda el registro estadístico de la riqueza y del paro no tiene la precisión deseable, y lugares hay, en la misma Andalucía, en los que la miseria y la falta de recursos son mayores que en los tres citados. Los datos de la evasión fiscal, de la economía sumergida, o de los niveles de autoconsumo en las zonas rurales y pesqueras, introducirían correcciones significativas en el panorama que se dibuja. En todo caso, se demuestra que la geografía del trabajo es bastante diferente de la del dinero, cosa que en principio podría resultar sorprendente para algunas mentes cartesianas.
Dos conclusiones: Una, el dinero no da la felicidad, pero se refugia en urbanizaciones de lujo. Dos, el trabajo, allá donde existe, no genera rentas significativas; estas aparecen por otras vías y mediante expedientes de un orden distinto al derivado estrictamente de la producción.
Son cifras que proporcionan una radiografía aproximativa de una distribución patentemente desigual del dinero y el trabajo en el territorio. Un elemento a considerar en un momento crítico del que se esperan proyectos políticos encauzados a mejorar la suerte de los más desfavorecidos y proporcionar un mayor bienestar en todos los órdenes a la ciudadanía.
 

martes, 1 de marzo de 2016

POLÍTICA Y GEOMETRÍA


Las urnas han situado a Pedro Sánchez en el centro geométrico del espectro parlamentario. Con muy escaso peso propio, con una fuerza en retroceso, con abundantes cadáveres en el armario y con amas de llaves adictas a la disciplina inglesa tipo Manderley, que vigilan cada uno de sus pasos. Pero en el centro.
En geometría, el punto que ocupa el centro de una figura no es más que un topos igual a los demás, carece de cualquier cualidad especial. En física, en cambio, el centro ordena en torno suyo las fuerzas de un campo gravitatorio y garantiza el equilibrio y la “sostenibilidad” (disculpen el término, no estoy nada seguro de que los físicos lo utilicen; estoy improvisando una seudo disciplina que se llamaría “fisicopolítica”) del cuerpo al que pertenece.
En geometría, la regla es la estática; en física, la dinámica.
Está por ver a cual de las dos disciplinas se adscribe el aspirante a la jefatura del gobierno en esta tesitura. El pacto con el que se presenta a la investidura responde a las leyes de la estática, de la inmanencia. «La izquierda no suma, lo siento», acaba de decir, mientras escribo estas líneas. Entonces, a lo que aspira en este trance es a desmontar las reservas de la derecha, o bien a forzar a la izquierda a optar por el mal menor.
Las dos posibilidades son reales. Aleix Vidal-Quadras, largos años en el PP y después, hasta hace muy pocos meses, en VOX, ha declarado que el pacto PSOE-C’s es perfectamente asumible por el PP, y que solo el empecinamiento de Mariano Rajoy en volver a gobernar impide la gestación de una Gran Coalición. Es seguramente cierto, pero solo en geometría; en física política, el centro de gravedad está en otro lado, y los equilibrios derivados de tal operación resultarían muy inestables.
En el otro lado, el bloque Podemos-Mareas-Compromís-IU puede resignarse a la abstención y dejar vía libre a un ejecutivo cuya debilidad interna le llevará a tropezar y caer de bruces en la primera ocasión. Derribar por fin al gobierno del PP responsable de tantos desaguisados sería nada más el primer paso de un largo camino, pero nada determina que el primer paso en una dirección haya de ser necesariamente el trayecto completo.
Ni las fuerzas soberanistas catalanas, ni el PNV con Bildu de añadidura, van a dar de ninguna forma su acuerdo explícito o tácito a la maniobra de Pedro Sánchez ni al programa de gobierno que pueda surgir de una potencial coalición de centro-derecha, grande o pequeña. Y este no es un inconveniente menor, sino una hipoteca grave para toda la nación, enfeudada desde mucho tiempo atrás en una concepción mágica, que no práctica, de la unidad como uniformidad impuesta sin discusión ni recurso posible.
Si se atiende por fin a la física de los cuerpos, y no a la geometría euclidiana, en este grave asunto, será necesario diseñar un nuevo “pacto de mínimos” que atienda con solvencia a los tres ejes dinámicos de avance que mi amigo Javier Aristu ha identificado del modo siguiente: «Reformas en la cuestión social y del trabajo, modificación de ciertos aspectos de nuestro marco constitucional o institucional, al inicio de un proceso de profundización en la federalización del estado, y mejora y sostenibilidad del estado de bienestar.» (1)
El resto no son sino pollas en vinagre o gabinas de cochero, según se viene argumentando con cierto acaloramiento en Santa Fe de la Vega.
 


 

lunes, 29 de febrero de 2016

¿PREFIERE USTED QUE GOBIERNE RAJOY, O SÁNCHEZ CON EL PROGRAMA DE RAJOY?


La dirección del PSOE ha expresado su satisfacción por los resultados de la encuesta interna entre la militancia acerca del pacto firmado por Pedro Sánchez con el líder de Ciudadanos, Albert Rivera. Quienes vemos el asunto desde fuera, sin embargo, opinamos muy mayoritariamente que no había para tanto, y que seguimos atascados en el día de la marmota, o si se quiere en el día antes.
Examinemos en primer lugar el plan en sí. Paso por alto la circunstancia penosa de que, al publicitarse el acuerdo, la versión PSOE era en algún punto sensible (en concreto, las indemnizaciones por despido) diferente de la versión C’s. Son cosas que ocurren cuando las cosas se hacen con prisa, y la foto tiene más importancia que la letra en sí de lo firmado. Lo único que revela el lapsus es que los negociadores de ambos partidos discutieron poco y no desmenuzaron adecuadamente los contenidos y sus significados. Su imagen para la prensa de una negociación compleja e intensa ha adolecido de esa actitud para la que la sabiduría popular ha creado el bonito nombre de “postureo”.
La prensa proclive al PSOE insiste en el hecho de que el pacto político contiene más de 200 medidas novedosas. Casi un terremoto. Pero no es la cantidad lo que importa en este caso; las 200 medidas igual podían haber sido 5000 de incluirse, por ejemplo, la concesión de permiso a los reclutas para reclamar al maestro armero, en el caso de que al saltar del avión el paracaídas no se abra. En un programa de cambio, demasiadas prioridades son igual a ninguna, según me enseñó en tiempos mi maestro en estas cuestiones. Dicho de otro modo, 200 medidas de chichinabo equivalen a una enorme cantidad de chichinabo con el que marear la perdiz durante cierto tiempo, no muy prolongado por cierto.
En tales circunstancias, la pregunta hecha a la militancia socialista viene a equivaler a lo que figura en el título de este ejercicio ocioso de redacción. El 51% de la militancia ha optado por contestar que prefiere a Pedro Sánchez; el 49% restante ha preferido prestar su atención y su valioso tiempo a temas de mayor sustancia.
Exactamente la misma pregunta, qué casualidad, la ha hecho Pedro Sánchez a la militancia de Podemos, en esta ocasión sin urnas y sin retóricas: “¿Seréis capaces de preferir un gobierno presidido por Rajoy a otro presidido por mí?” No creo, con todo, que el dilema suponga ningún trauma, ni para Pablo Iglesias ni para el resto de representantes de la izquierda política sentados en el parlamento. La réplica educada a Sánchez sería la siguiente repregunta: “¿Y cuál es la diferencia?”
Pedro Sánchez deberá aclarar este punto con mayor convicción y detenimiento, para que nadie entienda que está pidiendo el voto o la abstención sobre la base de una simple foto de agencia. María Dolores de Cospedal ya ha adelantado su propia interpretación de la actual encrucijada cuando se ha puesto teresiana y ha afirmado que en tiempo de zozobra no hay que hacer mudanza. Sustituyan ustedes la palabra “mudanza” por su sinónimo más usual, “cambio”, y vislumbrarán en toda su crudeza las apuestas volcadas encima de la mesa en la jugada de póquer que se está desarrollando en las cumbres borrascosas de nuestra esfera política.
 

domingo, 28 de febrero de 2016

NO HAY DINERO PARA CERVANTES


Según leo en la prensa, ni el gobierno en funciones, ni las autonomías descabaladas, ni las diputaciones puestas en tela de juicio, tienen dinero para celebrar el cuarto centenario de la muerte de Miguel de Cervantes, a mes y medio de la fecha de su memorial (falleció el 22 de abril de 1616). Casi mejor así. De haber con qué, lo más probable es que se convocara a quinientos académicos de las Españas y las Américas, y se enhebrara una serie de actos floridos, con presencia de los medios y asistencia multitudinaria de las autoridades, culminados todos ellos con misas solemnes y rematados por comilonas a 750 euros el cubierto y con profusión de langostinos y jamón de bellota cortado con maestría en finas lonchas a la vista de la respetable asistencia. Es el modo tradicional de festejar la cultura en este país.
El 2 de abril de 1616 Cervantes, enfermo de hidropesía y de arteriosclerosis, y delicado del corazón, profesó en la Venerable Orden Tercera de San Francisco, y por la gravedad de su estado hubo de hacerlo en su casa, un piso de la calle madrileña del León, esquina a la de Francos, en la que vivía (más o menos de limosna) con su esposa doña Catalina de Salazar y Palacios, según nos cuenta Luis Astrana Marín. El día 18 recibió la extremaunción. Al siguiente concluyó el prólogo del “Persiles”, en el que se despide de la vida de este modo: «Adiós, gracias; adiós, donaires; adiós, regocijados amigos, que yo me voy muriendo…» Un bellaco, el doctor Cristóbal Suárez de Figueroa, tuvo los santos pantalones de criticarlo incluso en ese trance, con un comentario desdeñoso hacia quienes hacen «prólogos y dedicatorias al punto de expirar.» Tampoco había sido muy amistoso el apunte de Lope de Vega en una carta escrita hacia 1605: «De poetas no digo: ¡buen siglo es este!; muchos están en ciernes para el año que viene; pero ninguno hay tan malo como Cervantes, ni tan necio que alabe a Don Quijote.»
Las idas y venidas de los huesos cervantinos en los procesos de reforma y ampliación del muy modesto convento de las monjas Trinitarias, en la calle de Cantarranas (hoy Lope de Vega), en donde fue sepultado, han sido ampliamente aireadas en la prensa. Cabe concluir que si una demora de cuatrocientos años no ha bastado para honrar de manera adecuada al autor del libro más hermoso de nuestra lengua, tampoco tendrá tanta importancia aguardar para ello cien años más.
Yo, más que con festines de diseño, preferiré recordarlo con una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes y algún palomino de añadidura los domingos.
Y en lo que se refiere a la puntual relectura de su obra, tampoco, todo hay que decirlo, me sentiré obligado a perdonar o disimular las faltas que en este su hijo (su libro) vea, pues «ni soy su pariente ni su amigo, y tengo mi alma en mi cuerpo y mi libre albedrío como el más pintado y estoy en mi casa, donde soy señor de ella, como el Rey de sus alcabalas, y sé lo que comúnmente se dice, que debajo de mi manto al Rey mato. Todo lo cual me exenta y hace libre de todo respeto y obligación: así puedo decir de la historia todo aquello que me pareciere, sin temor de que me calumnien por el mal, ni me premien por el bien que dijere de ella.»
Que es, en último término, la forma más sensata y adecuada de tratar este asunto.
 

sábado, 27 de febrero de 2016

VIVAN LAS CAENAS, VERSIÓN 2.0


Vuelve a estar de moda el motín de Esquilache. Rectifico: el escrache de Esquilache, que queda más moderno y más guay. Cerca de mil personas se han juntado delante del Ayuntamiento de Sevilla enarbolando crucifijos y clamando en contra de una perversa moción de la izquierda radical en la que se pedía un callejero laico y que los concejales no asistan a los actos públicos de culto en representación de nadie salvo en la suya propia.
Como la moción no se entendía del todo bien, la Asociación de Abogados Cristianos ha aportado la traducción precisa y ajustada: de lo que se trataba era de borrar del callejero sevillano el nombre de sor Ángela de la Cruz, y de prohibir los festejos de la Semana Santa. El beaterío se ha arremolinado, y ha habido crucifijos alzados al cielo y sonoros vivas a la libertad religiosa. Hecha una encuesta (virtual) de urgencia, quienes gritaban no tenían ni noción, y tampoco les importaba, de lo que significan la libertad ni la religión.
A los santurrones de la derechona les va rebrotando la chulería intrínseca. Reclaman en todas partes y a grandes voces el respeto que ellos no tienen por los demás. Las hordas apostólicas exigen la condena de Rita Maestre, que denunció descubriéndose el pecho el contrasentido de colocar una capilla en el recinto de una universidad pública de un país aconfesional. Exigen la retirada del premio Ciudad de Barcelona a Dolors Miquel, la poeta blasfema que interpretó por su cuenta el padrenuestro. Son todas ellas muestras de una libertad religiosa entendida a la española. Es decir, de la pervivencia a través de los siglos de la Inquisición, una institución tan acorde con nuestra idiosincrasia y nuestras tradiciones que nunca ha dejado de estar presente entre nosotros, ni siquiera después de haber sido abolida.
Sin que nunca la madre iglesia haya sentido la necesidad de pedir perdón por sus propios excesos. Que se disculpen los otros.
Por fortuna para la paz ciudadana, la moción promovida por IU-CA y Participa ha sido derrotada en el pleno municipal, gracias a los votos en contra del Partido Popular, PSOE y Ciudadanos. Los tres juntos. Las inminentes procesiones de las cofradías sevillanas serán más consistoriales y más fervorosas que nunca. El cambio se empieza a notar.
 

viernes, 26 de febrero de 2016

EL MARIANOSAURIO SEGUÍA ALLÍ


Cuando Pedro Sánchez y Albert Rivera despertaron de su sueño pactista, el marianosaurio seguía allí. Es más, su humor era borrascoso y acariciaba con las poderosas garras la eficaz garrota de una mayoría en el Senado.
El sueño pactista de Sánchez y Rivera: aislar a la izquierda, buscar la connivencia de la derecha, implementar (palabra imprescindible en la jerga moderna) una reforma exprés de la constitución sin que se note mucho, colocar en el lugar crítico un floripondio que tape las vergüenzas de una reforma laboral no tan ominosa como algunos dicen, promover una educación más heterodirigida, y ahorrar duplicidades y sueldos de altos cargos por medio de una recentralización administrativa. Ningún remedio que no existiera ya en la botica, y todo concebido muy para salir del paso. Un placebo. Un programa diseñado para capear el temporal – en particular, el temporal de los indignados – y frenar provisionalmente el deterioro de unas instituciones que se agrietan y se cuartean a ojos vistas. La monarquía seguirá siendo intocable, el referéndum sobre Cataluña tabú, de los problemas con Europa no hay noticias, el déficit se soslayará con buenas palabras para Bruselas, y los refugiados no existen/no saben/no contestan.
Un pacto destinado a tirar con lo puesto durante media legislatura, dos años apenas, y luego ya se verá.
El marianosaurio sigue ahí.
Habremos de convenir en que cualquier cosa será mejor que el regreso del marianosaurio y el taparse generalizado de narices para no percibir el hedor a corrupción que arrastra. Lo malo es que el invento anti marianos, zurcido a base de retales mal sujetos con algunos imperdibles claramente insuficientes, no funciona. ¡No funciona! Ese es su defecto único, descontados todos los demás. No funciona porque ni soluciona el problema del marianosaurio, ni lo soslaya de forma adecuada. No hay modo, de momento, de rodear el monolito, ni de realizar una voladura controlada utilizando como carga de profundidad a alguna menina, quizás doña Soslaya Sáenz de Santamaría. Ese camino no parece viable.
No hay plan centrista, entonces, ni para dos años, ni para seis meses. Algún comentarista político ha señalado que con el pacto Sánchez-Rivera no estamos ya en el día de la marmota, sino que hemos retrocedido al día antes. Todo se ha reducido a cerrar los ojos y soñar que el marianosaurio había desaparecido. Pero sigue ahí, y está enfadado. Algún recurso más cabe exigir en la coyuntura por parte de dos estadistas jóvenes y desmedidamente ambiciosos de tocar poder.
Rita Barberá les ha recomendado leer a Antonio Gramsci. El consejo es excelente, pero innecesario. Nos encontramos frente a dos adoradores convencidos de las revoluciones pasivas.
 

jueves, 25 de febrero de 2016

EL ECO DEL NOMBRE DE LA ROSA


El Eco es Umberto, naturalmente. Pero es también el eco que alcanzó su obra más conocida y difundida, posiblemente debido a un malentendido. Umberto era un semiólogo, un gran erudito sobre todas esas cosas que no tienen ni sustancia definida ni utilidad clara, y que amontonamos en un cajón rotulado con la palabra “Cultura”. “Alta cultura”, para precisarlo más y diferenciarlo de lo que se viene en llamar “cultura de masas”, sobre la cual Umberto fue asimismo un experto extraordinariamente competente. Umberto ejerció además de filósofo, si no se es demasiado estricto al respecto y se dan de sí una miaja las costuras rígidas del término. Digámoslo de una vez, clasificar en su casilla correspondiente a Umberto es difícil, en cualquiera de las casillas posibles es necesario ensanchar un tantico la horma para darle cabida con comodidad.
Por ese camino aproximado, un día se convirtió también en narrador de ficción literaria. “El nombre de la rosa” fue su primer intento. Lo abordó como una diversión personal, con una intención experimental y especulativa. Lo ha explicado más o menos, en sus “Apostillas”. Se trataba de imaginar una época histórica de transición, en la que se entrecruzaran vectores históricos y culturales de todo tipo; de concebir un lugar remoto, una abadía para el caso, en donde entraran en trayectoria de colisión las distintas ambiciones y contradicciones generadas por la época; y coronar ese vasto conjunto con una biblioteca-cifra del mundo, guardiana de todos los saberes canónicos y heréticos, visibles y herméticos.
A partir de esos ingredientes, la historia debía escribirse por sí sola, aunque con la introducción de dos refinamientos más. El primero, el género literario. Tenía que tratarse de una historia de crímenes, de una encuesta criminal. Y no por capricho, sino por la buena razón de que el detective que contempla el desorden concreto del mundo a partir de un suceso – un crimen – de consecuencias irreversibles, se hace la misma pregunta del teólogo: ¿quién es el autor? ¿Qué significado tiene el Mal en el orden del mundo? La indagación o pesquisa consiguiente descubre la existencia de un orden oculto, negado por las apariencias, que transcurre paralelo al orden aparente. Y si entre ambos órdenes o cursos evenemenciales se ha producido un choque incidental, ha sido porque se ha establecido una incompatibilidad puntual insalvable.
El segundo refinamiento utilizado por Umberto tiene que ver con el narrador de la historia. La pareja Baskerville / Adso de Melk funciona igual que el binomio clásico Holmes / Watson. Uno analiza y comprende, y el otro escribe pero no comprende. La revelación de lo sucedido solo le puede llegar a Adso, que es quien nos lo cuenta, a través de las explicaciones de fray Guillermo, a las que no tenemos un acceso directo sino mediado. De esta forma el lector participa, a lo largo de todo el largo proceso de investigación, no de la sabiduría de Baskerville, sino de la ignorancia de Adso; y la solución final del enigma aparece como una sorpresa imprevista y no como la culminación de un proceso lógico. Ocurre como cuando el mago saca una paloma de su chistera.
Hubo un percance inesperado en este esquema tan bien trabado y organizado, y es que la novela se convirtió en un éxito de ventas, en un best-seller. Por alguna razón, todo aquel conglomerado de tensiones entre el papado y el imperio, de enfrentamientos entre fraticelli vagamente heréticos y dominicos celosos guardianes del dogma revisado por la escolástica, de residuos de paganidad y libros prohibidos, prendió en una generación de lectores posmodernos que se entusiasmaron con la idea de un saber guardado por la estructura en laberinto de una biblioteca, y de una historia concebida como un laberinto superpuesto al anterior y que lo englobaba.
Umberto volvió a la narrativa en varias ocasiones, siempre desde la misma premisa: crear laberintos y juegos de espejos, iluminar lateralmente épocas oscuras de la historia de la cultura, convocar arquetipos más que personajes, y dejar que las historias se escribieran por sí solas. En todos los casos el trompeteo propagandístico editorial nos vendió sus experimentos como otras tantas obras maestras. Nunca fue así. No es tampoco una obra maestra “El nombre de la rosa”, pero la fórmula utilizada validó el invento, cosa que no ha ocurrido ni con “El péndulo de Foucault”, ni con “La isla del día de antes”, ni con “Baudolino”, por no citar fracasos narrativos aún más patentes.
Pero ahí quedó eso. El eco del nombre de la rosa llegará tal vez más lejos que el eco del propio Eco en la historia de la cultura. Por el eficaz reposo de Umberto en brazos de la eternidad, quiero creer que no será así.
 

jueves, 18 de febrero de 2016

INFORTUNIOS DE LA VIRTUD


Pasaré unos días fuera, sin posibilidad de atender la tarea de alimentar a diario este blog con las ocurrencias efímeras traídas a contrapunto del trantrán habitual de los eventos consuetudinarios. Como guinda provisional de todo el anterior ciclo de comentarios sobre campañas, programas, voto y disposición mayor o menor a los pactos, traeré a cuento una anécdota muy conocida de Aristides, que fue, según Plutarco, el más virtuoso de los griegos antiguos. Aristides, de familia humilde y demasiado honrado para enriquecerse con la política, se vio enfrentado a Temístocles, que era, por el contrario, rico, brillante, seductor y poco dado a escrúpulos relacionados con medios y fines. Temístocles solía llevarse el santo y la limosna, según se dice, en las competencias entre los dos, y lo cierto es que su comportamiento en la batalla de Salamina le valió un punto fuerte entre sus conciudadanos atenienses. En Platea, cuya victoria sobre los persas de Mardonio tuvo como protagonista decisivo a Aristides, la gloria oficial se la llevó al final el espartiata Pausanias, general en jefe de los griegos confederados, pero por otra parte un abusón que impedía que nadie se proveyera de agua o forraje antes que los de su pueblo, y un bruto supersticioso que no quería entablar combate cuando fue atacado por la caballería enemiga, porque los agüeros eran dudosos.
Pues bien, un año, el día de la asamblea ateniense en la que tenía lugar el voto anual (voto secreto, no a mano alzada) del ostracismo, para el que cada ciudadano escribía en una tablilla el nombre del político que deseaba ver alejado de la polis, un rústico pidió a Aristides si podía ayudarle a escribir el nombre deseado, porque él no tenía letras. El nombre que quería escribir era “Aristides”.
– ¿Lo conoces?
– Nunca le he visto.
– ¿Te ha hecho algún daño?
– Ninguno. Pero estoy harto de escuchar que es el más virtuoso de los griegos.
Aristides suspiró, y escribió su propio nombre en la tablilla, convencido de pronto de que se merecía el destierro. No quedó defraudado, su nombre salió elegido por amplia mayoría.
 

miércoles, 17 de febrero de 2016

LA NUEVA ESCLAVITUD EN EL TRABAJO


En el recién aparecido número 3 de la revista digital Pasos a la izquierda, se incluye un texto importante de Luciano Gallino, “La sociedad 7x24” (1), que ayuda a explicar los vericuetos por los que se está internando el “nuevo trabajo”. Gallino, fallecido hace pocos meses, fue un sociólogo formado en el gabinete de estudios de la fábrica Olivetti, en Ivrea. El dato es significativo: toda su obra lleva el marchamo inconfundible de la experiencia del trabajo vivido, de la “cultura de fábrica” como la llamábamos, hará unos treinta y tantos años, personas incorporadas a la política desde el trabajo sindical y que insistíamos en la importancia central del análisis de los procesos productivos, frente a otras miradas, procedentes en general de sectores académicos, mucho más atentas al quehacer de las instituciones de gobierno.
El panorama que dibuja Gallino es el del sacrificio creciente de la vida privada en el altar de la profesión. El tiempo de trabajo invade todas las horas personales disponibles para otras ocupaciones (familia, ocio, descanso) hasta configurarse potencialmente como una opción 7x24, 24 horas al día los siete días de la semana. No por imposición legal, sino por opción personal del trabajador cualificado (ejecutivo, técnico superior) obligado a elegir entre estar “dentro” del grupo de los elegidos por la fortuna, o estar “fuera” y verse excluido, con todas sus consecuencias, de la carrera hacia el éxito.
(Teresa Torns, quede dicho entre paréntesis, analiza con agudeza en el mismo número de la revista citada la posición desfavorecida de la mujer en esa carrera de los negocios. No solo ni principalmente por los menesteres relacionados con la maternidad, sino por la función que le ha sido asignada en la división habitual del trabajo, como elemento cohesionador de la familia y como vehículo de la atención preferente a los niños, a los mayores y a los discapacitados y enfermos de todo tipo. La “conciliación” funciona como un mecanismo “de género” discriminador, que ofrece a las mujeres una participación marginal en el mercado de trabajo, y una remuneración disminuida respecto del varón, en igualdad de condiciones.)
La nueva concepción invasiva del trabajo está conectada tanto al desarrollo de las TIC (tecnologías de la información y las comunicaciones) como al nuevo paradigma de la empresa en la sociedad global. Las TIC difuminan los horarios laborales porque se trabaja on line, y la respuesta a los impulsos procedentes del mercado no sólo “puede” ser instantánea sino que “debe” serlo para no verse relegada en una carrera por los contratos en la que la competitividad es extrema y despiadada. Ya no es posible dejar para mañana lo que se puede hacer hoy; ni siquiera es posible dejar un plazo de diez minutos para una consulta. La reacción estímulo/respuesta a una oportunidad de mercado es en nuestro tiempo mensurable en milésimas de segundo.
De otro lado, el principal objetivo de la empresa ya no es servir al mercado un producto socialmente necesario, en cantidad y calidad suficiente para que sea apreciado por la demanda existente. Ahora la empresa debe generar beneficios tangibles y a corto plazo para los accionistas, y la mayor preocupación de su director-gerente es el rating bolsístico, la capacidad para que la empresa se ponga a sí misma, no ya como sujeto económico, sino como objeto financiero, como una mercancía más que se ofrece en los remolinos especulativos de las finanzas globales.
En este contexto, las escuelas de negocios publicitan sistemas de trabajo que califican de holocracia (“todos mandan”), consistentes en que la estructura jefes/subordinados salta por los aires, y cada trabajador debe tomar sus propias decisiones sin recurrir a manuales ni a catecismos de empresa. La holocracia se propone como un ámbito de libertad y de responsabilidad acrecido en el seno de una empresa más humana. Desnudada del dorado de la píldora publicitaria, no es sino una expresión más de la sociedad 7x24 analizada por Gallino.
El nuevo taylorismo imperante ya no tiene como modelo el gorila amaestrado, que actúa sin pensar, ni tiene como icono el cronómetro. El cronómetro ha pasado al desván de los trastos inservibles porque el tiempo significativo no es ahora el que se invierte en una tarea manual determinada, sino el de reacción ante un estímulo externo del mercado. El tiempo se hace así infinitamente elástico. No se sabe cuándo aparecerá la oportunidad, y es necesario estar vigilante a toda hora, como las vírgenes prudentes de la parábola evangélica; y no se sabe cuánto durará la oportunidad una vez aparecida, y para aprovechar la ocasión es necesario anticiparse a toda costa a la respuesta de la competencia. El concepto clave entonces es la flexibilidad, pero se trata de una flexibilidad paranoica. De una nueva esclavitud, incondicional, sin plazo, interminable.
Vaya desde estas líneas nuestra condolencia con una reciente víctima ilustre de la nueva esclavitud. El chef Benoît Violier, suizo, 44 años de edad, recibió de la guía Michelín un regalo envenenado: su establecimiento de tres estrellas fue galardonado con el título de mejor restaurante del mundo. Apenas tres semanas después Violier se pegó un tiro, en su casa, con su escopeta de caza.
 


 

martes, 16 de febrero de 2016

MADRE NUESTRA QUE ESTÁS EN EL CELO


Un titular de La Vanguardia califica de blasfemo un poema recitado por Dolors Miquel en el acto de entrega de los premios Ciutat de Barcelona. Qué le vamos a hacer. Es admisible el calificativo si se entiende igualmente como blasfema la interpretación que hacen los fondos buitre de la cláusula «perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores». Hasta el momento no hay noticias al respecto de esto último, por parte de la jerarquía eclesial.
El concejal Alberto Fernández Díaz se ausentó del acto durante el recitado del poema de Miquel. Estaba en su derecho. Ha comentado después en un tuit que no era cuestión de creencias religiosas sino de respeto. Por ahí no le sigo. Se quiere convertir el respeto en monopolio de ciertos grupos, y bastantes monopolios tenemos ya. Quien quiera respeto, que se lo curre.
Veamos. El respeto no puede ser un ringorrango que va por barrios, que unos merecen porque sí, y otros no merecen porque no. Si hemos de poner el respeto como base de la convivencia – cosa que me parece en sí misma loable –, el respeto tiene que ser mutuo, plural y compartido.
Ahí es donde falla el sistema. Desde los valores firmemente establecidos en esta sociedad en particular, se consideran intrínsecamente respetables algunas creencias, actitudes, personas, instituciones y símbolos tales como banderas e himnos. No tienen la misma consideración oficial otras creencias, actitudes, etc. La iglesia católica no se ha distinguido en ninguna época por su respeto exquisito a cualquier persona o cosa situada fuera del redil de la ortodoxia fijada unilateralmente por Roma; luego no tiene argumentos para exigir un trato de reciprocidad que no existe.
Si se establece el respeto universal como paraguas deseable para una convivencia más amable, todos estaremos de acuerdo en evitar calificativos hirientes (por ejemplo, blasfemo a lo que como mucho es irreverente), al juzgar un hecho concreto. Si, por el contrario, adalides significados del estamento clerical buscan el cuerpo a cuerpo con el enemigo comparando (por ejemplo) la despenalización del aborto con las cámaras de gas, con ventaja ética para los nazis, deberán irse acostumbrando de paso a encajar las bofetadas que les llegarán sin falta de la contraparte.
O todos moros, o todos cristianos, según reza el dicho popular.
 

lunes, 15 de febrero de 2016

VOLVER A LA EMPRESA


Necesitamos con urgencia volver a la empresa, tomar la empresa realmente existente como punto de partida de los estatutos, las reclamaciones de derechos, los reglamentos y las constituciones que proyectamos. Giuseppe di Vittorio lanzó la misma alerta a los sindicatos italianos en los años cincuenta del siglo pasado. Su consigna fue entonces la vuelta a la fábrica, y hoy se trata de lo mismo pero en un paradigma nuevo, donde la fábrica ha abandonado su puesto de privilegio como icono del proceso productivo.
La empresa es un ente jurídico, una “persona moral” y en ocasiones un mero fantasma, una tapadera que da cobijo a una realidad inexistente. En algunos aspectos sería muy preferible hablar no de empresa sino de centro de trabajo. “Ecocentro de trabajo”, para utilizar una categoría grata a José Luis Lopez Bulla, aunque conviene advertir que se trata más bien de un desiderátum, porque en la realidad degradada en la que nos movemos el lugar físico donde se desarrolla la producción de bienes y servicios tiene poco de ecológico, y tampoco gran cosa de “centro” ni siquiera de “trabajo”, por lo menos si utilizamos el término en toda su dimensión ontológica. (Los especialistas prefieren obviar el término “trabajo” y hablar de “empleo” en tanto que tarea desempeñada por cuenta ajena a la que se concede convencionalmente un valor económico, y en consecuencia una remuneración.)
La empresa es, en todo caso, la célula original y el motor activo para el desarrollo del tejido de la economía productiva. No parece posible producir nada, en el mundo de hoy, sin la presencia activa de emprendedores del género que sea (públicos, privados, mixtos, con o sin ánimo de lucro) que compiten para ofrecer sus productos en un mercado. Volver a la empresa se utiliza entonces, aquí, en el sentido de aterrizar en lo concreto y en lo originario, dejando a un lado por cierto tiempo el mundo intrincado de las macrorrealidades, que oscurecen, más que aclarar, el panorama. Cuando se reivindican más derechos para el trabajo asalariado, se tiende a olvidar que tales derechos van asociados a un puesto de trabajo, en un lugar de trabajo, con una función determinada en un proceso productivo, e inmerso en la organización de una empresa que gestiona, controla y desarrolla ese proceso. Las relaciones laborales ni se desarrollan ni se modifican en abstracto. Añadir o restar una cláusula a una constitución, redactar un nuevo estatuto de los trabajadores, derogar leyes de reforma laboral o establecer cualquier clase de entramado jurídico en ese orden de realidades, puede resultar una tarea perfectamente inútil si se lleva a cabo desde el apriorismo. El derecho organiza una realidad preexistente, pero no inventa, ni es capaz de conformar por sí mismo una realidad nueva. Los empresarios no van a ser más justos y benéficos, ni los trabajadores más laboriosos y austeros, porque lo establezcamos así en una constitución. Solo se puede acceder a una realidad nueva a partir de un trayecto bien definido que una la realidad tal como es con la otra realidad a la que deseamos llegar.
Y ese trayecto no tiene lugar sobre el papel. Esa es justamente la idea que está detrás de la consigna de volver a la empresa.
 

domingo, 14 de febrero de 2016

MURIEL


Hay como una sobreactuación insoportable del destino cuando exhibe su músculo con una persona tan afable, tan dulce, tan – lo digo sin ninguna clase de ironía – desamparada e inofensiva como Muriel Casals. El destino abusa cuando para golpear a su víctima utiliza la trayectoria cotidiana y consabida, pero al mismo tiempo invisible, silenciosa, veloz e implacable, de un ciclista urbano. Entre dos luces de semáforo, en el cruce apresurado de una calle, ay, demasiado ancha.
¿Tuvo que ser precisamente así? Quienes hemos vivido hasta la edad de Muriel y la mía, conocemos de sobra nuestra fragilidad interna, nuestras ya insuperables limitaciones físicas. Esperamos con serenidad el golpe irrevocable, pero ignoramos sus circunstancias. En nuestros cálculos entra tal vez morir atropellados por un camión de mudanzas, no por una bicicleta. La bicicleta es un elemento fútil, imposible de encajar desde un punto de vista moral en la solemnidad extrema del momento decisivo que aguardamos.
Vivir a nuestra edad, en nuestras condiciones, es siempre un lujo añadido. Ha pasado para nosotros la época de las batallas físicas, no aún la de los grandes empeños éticos. Muriel vivió, se comprometió, utilizó como mejor le pareció su libertad y su derecho a decidir. Ningún reproche para ella, entonces. Descanse en paz.
Y, como dijo el Bardo, el resto es silencio.
 

sábado, 13 de febrero de 2016

LA "COBRA"


Se multiplican las señales de que el alto estado mayor del Partido Popular ha percibido de pronto que la estrategia que había diseñado para ocupar de nuevo la jefatura de un gobierno “basado en la sensatez y el sentido común”, era equivocada. Un Rajoy cargado de pronto de impaciencia (extraña imagen en un hombre de por sí cachazudo) emplaza a Sánchez a dejar de marear la perdiz, después de haber hecho exactamente eso con su turno de investidura. Santamaría reclama urgencia para formar gobierno en vista de que la situación económica es delicada, a pesar de que ya lo era dos meses atrás. Se monta un proceso contra titiriteros proetarras y se exhuma la causa contra el concejal madrileño Zapata por lo mismo, a fin de disimular las numerosas causas en las que figuras relevantes del partido, y el propio partido en tanto que organización, han sido imputados.
Existía al parecer la impresión de que Pedro Sánchez se enredaría solo en la madeja, o bien que almas caritativas de Ferraz y de San Telmo pondrían los convenientes palos en las ruedas a su carrera en solitario; pero las dos predicciones están fallando. Pedro sigue vivo, el pacto contra natura para un gobierno polimorfo y perverso de la Antiespaña no está descartado, y los sondeos anuncian un declive de las expectativas de voto del PP en beneficio de los partidos emergentes. En consecuencia, Génova llama a zafarrancho.
Ya contamos con la foto de ese zafarrancho, y con diez mil memes en su torno: Pedro aparece con la mano tendida, y Mariano en actitud de hacerle una “cobra”: el torso echado hacia atrás, las manos jugando con el botón de la americana, la boca apretada en lugar de la sonrisa habitual, y los ojillos – esos ojillos siempre inquietos de Mariano que tantas cosas nos dicen sobre las ideas, por lo demás banales, que pasan en ese instante por su cabeza –, chispeantes de travesura.
La explicación oficial dada desde Génova es que Mariano no vio la mano tendida. Es una explicación poco creíble, a nuestro presidente en funciones se le pasan por alto miles de cosas todos los días, pero nunca el protocolo a seguir en un acto oficial delante de las cámaras. Él es así, no le gusta mucho hacer cosas, pero sí en cambio “estar” en los sitios, hacer sentir su presencia.
Su intención deliberada fue ningunear a su interlocutor y jugar una vez más, posiblemente la última, a representar al macho alfa del rebaño. Fue un desdén deliberado, una declaración de guerra. El partido popular moviliza a sus brigadas Aranzadi y a sus Brunetes mediáticas, presenta batalla en todos los frentes. Acorralado en una situación crítica, está dispuesto a acabar de destrozar la credibilidad ya escasa de las instituciones, a enredar más aún la economía desfalleciente, a acollonar a quien haga falta, a meter el miedo en el cuerpo a la plácida mayoría silenciosa de un país en el que las mayorías han muerto de inanición. A morir matando.
 

viernes, 12 de febrero de 2016

SOBRERREACCIÓN


No hay síntomas de recesión sino miedo a la recesión, dice al son de la lira José Carlos Díez, uno de nuestros druidas economistas áulicos. Por lo demás todo va bien, señora baronesa. El batacazo de las bolsas mundiales no obedece a motivos de fondo sino a una sobrerreacción de los mercados.
Se confirma a partir de esa constatación que nadie es perfecto, ni siquiera los mercados financieros, la creación más innovadora y admirable de la humanidad en milenios de civilización. Los mercados ahora se revelan de pronto casi humanos, en el sentido de que no son infalibles. A una conclusión de por sí tan consoladora, solo se le puede oponer una objeción de peso: puesto que son los mercados los que dictan las leyes de la economía global, cuando se da el caso excepcional de que los mercados sobrerreaccionan, es obvio que también hay que preocuparse. Yo diría más: hay que sobrepreocuparse.
Los datos del actual miedo (sobremiedo) inversor apuntan a la economía china y al Deutsche Bank. Pero ni China ni el DB son Lehman Brothers, nos dice el druida Díez. Según. Tampoco lo era Volkswagen, y ya ven lo que ha pasado con Volkswagen. De hecho, apurando el argumento tampoco Lehman Brothers era Lehman Brothers hace ocho años. Era un símbolo de la solidez del capitalismo financiero global en la era de la nueva prosperidad, si recurrimos a la hemeroteca para revivir las sensaciones de aquellos momentos álgidos de la burbuja financiera, cuando quienes no éramos ricos era porque no queríamos.
La palabra es bonita: sobrerreacción. La guardia civil ha sobrerreaccionado al entrar en la sede del PP en Génova en busca de los discos duros de la tesorería de la organización de Madrid. No había por qué. Había corruptos pero eran personas que pasaban por ahí, funcionarios de la casa, y nadie en la dirección sabía nada de lo que ocurría, desde el presidente y la vicepresidenta para abajo. Tampoco la infanta sabía lo que firmó en su momento. Es natural. Todo era normal, puede que hubiera ondas gravitacionales en algún lado, pero nadie las detectaba. Las ondas gravitacionales solo se detectan por sobrerreacción, no son parámetros del todo fiables.
En realidad los dineros de Jordi Pujol sí que vienen de una herencia paterna, y los de Alfonso Rus de unos repetidos premios ganados en la lotería. No hay responsabilidades detectables. Sí que hay miles de personas y cientos de instituciones – políticas, económicas, financieras – que trabajan afanosamente en destejer de noche la labor avanzada de día, en destruir sus discos duros y en organizar de forma cuidadosa todas las coartadas convenientes para garantizar su propia irresponsabilidad cuando llegue el momento de rendir cuentas.
 

miércoles, 10 de febrero de 2016

NO HABRÁ SEGUNDA VUELTA ELECTORAL


La obsesión por dejar los deberes pendientes para más tarde le está jugando una mala pasada a Mariano Rajoy. Ahora que se le acumulan de golpe todas las urgencias, le está costando demasiado salir de su inmovilidad, o de su inmovilismo. Ganar tiempo, a eso se reduce su estrategia incluso cuando está meridianamente claro que el tiempo no juega a su favor. Atrincherado en sus convicciones, a Rajoy le da una pereza inmensa negociar lo que sea con el enemigo, y solo está dispuesto a aceptar una rendición incondicional de la oposición en bloque. No va a ocurrir, las oscuras golondrinas ya no volverán.
Tampoco el recurso abusivo, tan practicado en los últimos años, a la judicialización de la política ofrece perspectivas de recuperación al actual gobierno en funciones. El contexto europeo, tan amistoso en algunas cuestiones para nuestro estadista galaico, no abona según qué tipo de movimientos, que parecen regüeldos de otras épocas mal digeridas: pongamos que hablo del auto de prisión destemplado para dos titiriteros, que convierte una anécdota tonta en un compló terrorista (el mismo compló, por cierto, que Acebes se sacó de la chistera en 2004, y que condujo al anterior batacazo electoral de los populares). Pongamos que hablo de la colocación de Rita Barberá en la comisión permanente del Senado para mantener a toda costa su aforamiento (peor el remedio que la enfermedad, se va a prolongar su situación de apestada social y a provocar el endurecimiento del juicio mediático paralelo). Pongamos que hablo del juicio a los 8 de Airbus, tan trascendente en estos momentos, tan emblemático, “piedra de toque” lo ha llamado José Luis López Bulla con una expresión no tan anticuada como él mismo comenta, porque resalta con claridad la espiral represiva por la que se está precipitando un gobierno cada vez más solitario, frente a la oposición cada día mejor trabada y trabajada que le presenta un pueblo que ya no lo quiere ver ni en pintura.
Fiel a sí mismo, Rajoy ha cedido al PSOE la iniciativa en el proceso de investidura, para “ganar” tiempo. Su estrategia no es solo retardataria, sino catastrofista: “cuando Sánchez se estrelle, aquí estaré yo.” Pero ni Pedro Sánchez se va a estrellar, ni el partido del gobierno en funciones va a tener una nueva ocasión de plantear su cansina alternativa de siempre. Ahora ya no dicen “o nosotros o el caos”, sino, directamente, “¡que viene ETA!”
 

martes, 9 de febrero de 2016

BOMBEROS PIRÓMANOS


Hoy es un buen día para que nuestras autoridades financieras nos tranquilicen. Sí, se aprecia una alta volatilidad en los mercados debido a la crisis china y al bajo precio de los carburantes, pero todo está en orden. Las bases de la recuperación son sólidas. Serán necesarios, eso sí, algunos esfuerzos adicionales para enjugar los déficits de las cuentas públicas, pero todo se reducirá a apretarse un poco más el cinturón. Lo que empuja hacia abajo los índices de las bolsas no es una recesión, sino el temor infundado a una recesión. Es muy distinta una situación de la otra.
Desde la gran crisis de 2008 (ya estamos todos de acuerdo en que entonces sí hubo una recesión), nos vienen repitiendo los mismos mantras. Aquello se “remedió” con un gigantesco trasvase de dinero público a la banca privada, un rescate a fondo perdido, sin condiciones ni garantías de devolución. Los estados apoquinaron, y los bancos se dedicaron a gestionar la nueva masa monetaria según criterios transnacionales de gobernanza. Ni se pidieron desde los estados responsabilidades a la banca privada por su anterior comportamiento especulativo, ni se arbitraron remedios para paliar la voracidad sin límite del capitalismo financiero global. Se centró el remedio en la esperanza de una autorregulación altruista de las instituciones de crédito, en contra de todas las evidencias. Se fio la solución del problema a una supuesta capacidad de los mercados para contrapesar los desequilibrios y generar a la larga el mayor beneficio posible para todas las partes implicadas. Solo las universidades norteamericanas y las escuelas de negocios del resto del mundo conservan aún la fe en esa capacidad ficticia, pero siguen predicando la buena nueva sin descanso.
De modo que lo que se ha venido haciendo desde 2008 en relación con una deuda público-privada inmensa, que sigue creciendo exponencialmente, ha sido tratar de atajar el incendio mediante la puesta de toda clase de medios a la disposición de unos bomberos pirómanos. (La expresión no es mía; circula profusamente por la red.)
Del comportamiento observado a partir de entonces por dichos bomberos hay pruebas fehacientes. En España, donde la presencia de un gobierno cornudo y consentidor disparó la desfachatez de los malabaristas de las finanzas, tenemos a Rato y Blesa en el banquillo, como cabeza de cartel de un séquito nutrido, pero no tan numeroso como correspondería a la magnitud de la rapiña. Es lo que hay, y sin embargo las voces de los de siempre nos siguen arrullando con garantías de que todo está en orden, las instituciones están alerta y las perspectivas de futuro son inmejorables en todos los terrenos.
Solo se nos exige otro pequeño sacrificio. Colocar el clavillo de la hebilla en el siguiente agujero del cinturón.
Difícil, sin embargo, porque hace tiempo que ya no nos quedan más agujeros, y estamos en el trance de vernos obligados a empeñar incluso el cinturón.