lunes, 29 de febrero de 2016

¿PREFIERE USTED QUE GOBIERNE RAJOY, O SÁNCHEZ CON EL PROGRAMA DE RAJOY?


La dirección del PSOE ha expresado su satisfacción por los resultados de la encuesta interna entre la militancia acerca del pacto firmado por Pedro Sánchez con el líder de Ciudadanos, Albert Rivera. Quienes vemos el asunto desde fuera, sin embargo, opinamos muy mayoritariamente que no había para tanto, y que seguimos atascados en el día de la marmota, o si se quiere en el día antes.
Examinemos en primer lugar el plan en sí. Paso por alto la circunstancia penosa de que, al publicitarse el acuerdo, la versión PSOE era en algún punto sensible (en concreto, las indemnizaciones por despido) diferente de la versión C’s. Son cosas que ocurren cuando las cosas se hacen con prisa, y la foto tiene más importancia que la letra en sí de lo firmado. Lo único que revela el lapsus es que los negociadores de ambos partidos discutieron poco y no desmenuzaron adecuadamente los contenidos y sus significados. Su imagen para la prensa de una negociación compleja e intensa ha adolecido de esa actitud para la que la sabiduría popular ha creado el bonito nombre de “postureo”.
La prensa proclive al PSOE insiste en el hecho de que el pacto político contiene más de 200 medidas novedosas. Casi un terremoto. Pero no es la cantidad lo que importa en este caso; las 200 medidas igual podían haber sido 5000 de incluirse, por ejemplo, la concesión de permiso a los reclutas para reclamar al maestro armero, en el caso de que al saltar del avión el paracaídas no se abra. En un programa de cambio, demasiadas prioridades son igual a ninguna, según me enseñó en tiempos mi maestro en estas cuestiones. Dicho de otro modo, 200 medidas de chichinabo equivalen a una enorme cantidad de chichinabo con el que marear la perdiz durante cierto tiempo, no muy prolongado por cierto.
En tales circunstancias, la pregunta hecha a la militancia socialista viene a equivaler a lo que figura en el título de este ejercicio ocioso de redacción. El 51% de la militancia ha optado por contestar que prefiere a Pedro Sánchez; el 49% restante ha preferido prestar su atención y su valioso tiempo a temas de mayor sustancia.
Exactamente la misma pregunta, qué casualidad, la ha hecho Pedro Sánchez a la militancia de Podemos, en esta ocasión sin urnas y sin retóricas: “¿Seréis capaces de preferir un gobierno presidido por Rajoy a otro presidido por mí?” No creo, con todo, que el dilema suponga ningún trauma, ni para Pablo Iglesias ni para el resto de representantes de la izquierda política sentados en el parlamento. La réplica educada a Sánchez sería la siguiente repregunta: “¿Y cuál es la diferencia?”
Pedro Sánchez deberá aclarar este punto con mayor convicción y detenimiento, para que nadie entienda que está pidiendo el voto o la abstención sobre la base de una simple foto de agencia. María Dolores de Cospedal ya ha adelantado su propia interpretación de la actual encrucijada cuando se ha puesto teresiana y ha afirmado que en tiempo de zozobra no hay que hacer mudanza. Sustituyan ustedes la palabra “mudanza” por su sinónimo más usual, “cambio”, y vislumbrarán en toda su crudeza las apuestas volcadas encima de la mesa en la jugada de póquer que se está desarrollando en las cumbres borrascosas de nuestra esfera política.