martes, 16 de febrero de 2016

MADRE NUESTRA QUE ESTÁS EN EL CELO


Un titular de La Vanguardia califica de blasfemo un poema recitado por Dolors Miquel en el acto de entrega de los premios Ciutat de Barcelona. Qué le vamos a hacer. Es admisible el calificativo si se entiende igualmente como blasfema la interpretación que hacen los fondos buitre de la cláusula «perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores». Hasta el momento no hay noticias al respecto de esto último, por parte de la jerarquía eclesial.
El concejal Alberto Fernández Díaz se ausentó del acto durante el recitado del poema de Miquel. Estaba en su derecho. Ha comentado después en un tuit que no era cuestión de creencias religiosas sino de respeto. Por ahí no le sigo. Se quiere convertir el respeto en monopolio de ciertos grupos, y bastantes monopolios tenemos ya. Quien quiera respeto, que se lo curre.
Veamos. El respeto no puede ser un ringorrango que va por barrios, que unos merecen porque sí, y otros no merecen porque no. Si hemos de poner el respeto como base de la convivencia – cosa que me parece en sí misma loable –, el respeto tiene que ser mutuo, plural y compartido.
Ahí es donde falla el sistema. Desde los valores firmemente establecidos en esta sociedad en particular, se consideran intrínsecamente respetables algunas creencias, actitudes, personas, instituciones y símbolos tales como banderas e himnos. No tienen la misma consideración oficial otras creencias, actitudes, etc. La iglesia católica no se ha distinguido en ninguna época por su respeto exquisito a cualquier persona o cosa situada fuera del redil de la ortodoxia fijada unilateralmente por Roma; luego no tiene argumentos para exigir un trato de reciprocidad que no existe.
Si se establece el respeto universal como paraguas deseable para una convivencia más amable, todos estaremos de acuerdo en evitar calificativos hirientes (por ejemplo, blasfemo a lo que como mucho es irreverente), al juzgar un hecho concreto. Si, por el contrario, adalides significados del estamento clerical buscan el cuerpo a cuerpo con el enemigo comparando (por ejemplo) la despenalización del aborto con las cámaras de gas, con ventaja ética para los nazis, deberán irse acostumbrando de paso a encajar las bofetadas que les llegarán sin falta de la contraparte.
O todos moros, o todos cristianos, según reza el dicho popular.