domingo, 24 de mayo de 2015

JORNADA DE REFLEXIÓN


Muchos y muchas militantes de base de la política, después de la vorágine de una campaña electoral, optan por vaciar de contenido la jornada llamada “de reflexión”. Aprovechan para desconectar: salir de campo o playa con la tortilla jugosa envuelta en papel aluminio, ver en el cine del barrio la película postergada durante varias semanas, poner la lavadora a funcionar y bajar al bar de la esquina a por un par de cervezas, o dedicar los esfuerzos del caso al álbum filatélico que cogía polvo en el cajón bajo del escritorio.
No seré yo quien critique ocupaciones tan sensatas. Pero postergar los análisis al día después de conocerse los resultados tiene el inconveniente de dejar en el tintero sensaciones volátiles acerca de cuestiones sin una gran trascendencia en los resultados brutos que arrojarán las urnas, pero que merecen un instante particular de reflexión, aunque solo sea porque mañana quedarán ahogados en el trabajo de delimitación de las grandes líneas de tendencia.
Rescato tres apuntes en la dirección indicada:
(Experiencia) Los partidos más asentados hasta hoy mismo en municipios y autonomías han insistido, frente a la aparición de nuevos rivales que aspiran a relevarles,  en el valor diferencial añadido que les depara su experiencia acumulada de gobierno. Pero es precisamente su experiencia de gobierno lo que rechazan los “nuevos”. Es el “más de lo mismo” lo que en particular los irrita. El valor que pueden esgrimir los nuevos es, muy al contrario, la ingenuidad de lo que irrumpe desde fuera, el desembarazo de la tupida madeja de intereses creados en la que están envueltos los viejos gestores.
(Mérito) Parece darse una coincidencia bastante generalizada, en un sector determinado de la opinión, en el sentido de que Izquierda Unida no merece los magros resultados que le atribuyen los sondeos. Su historia, su proyección, serían merecedores de muy otra consideración por parte del electorado. IU viene de muy lejos y va más lejos aún.
Conviene, sin embargo, ser laicos en este sentido: si IU ha perdido en este trance concreto de su trayectoria la conexión que en otros momentos ha existido con las masas populares, quien tiene que rectificar su posición es necesariamente la formación política, porque las masas no rectificarán jamás por sí mismas. IU ha hecho en el último año un intento serio de renovación formal, con mayor atención a la democracia interna (un aspecto en el que siempre ha habido deficiencias) y con la propuesta de elegir candidatos a través de primarias. El balance final de las dimensiones y los resultados concretos de ese intento será lo que determine en última instancia el mérito o el demérito de sus candidaturas, al margen del valor (indudable) de las personas que las integran; y la nota final al conjunto será sin remisión posible la que pongan los electores con sus votos.
(Ausencia de proyecto) En un artículo reciente de Eddy Sánchez, leo la propuesta de pasar ya del “momento destituyente” de la movilización popular que arranca del 15-M, a un “momento constituyente”. En términos gramscianos, pasar del asalto al asedio, de la guerra de maniobras a la de posiciones. Estoy totalmente de acuerdo con el articulista, pero entiendo que ese paso estratégico debería haberse dado un poco antes, y con dosis bastante mayores de preparación estratégica. Llegada la hora de la verdad, el asalto “destituyente” puede tener una eficacia mucho menor de la deseada, por el hecho de que se asaltan las casamatas del Estado a puro huevo, a mogollón, sin objetivos claros y sin la atención debida a las previsibles líneas de repliegue del enemigo. Quienes critican sin piedad el proceso de la transición a la democracia no han aprendido debidamente sus lecciones, y no han valorado las capacidades de reacción y de transformismo que caben en las personas y las instituciones relacionadas con el poder.
No quiero decir que todo esté perdido, al contrario. El impulso hacia el cambio va a prevalecer mañana sobre las deficiencias de preparación, y las lecciones estratégicas desatendidas hasta el momento pueden ser aprendidas con rapidez en la dinámica en la que va a entrar el país. La clave estará en la concreción y la formulación de un gran proyecto de cambio y de progreso compartido por una gran mayoría. Un proyecto que no va a ser (desengáñense los compañeros socialistas) propiedad registrada de una fuerza con nombre y apellidos; y en el que tampoco pueden darse descalificaciones apriorísticas, sino, ante todo y sobre todo, trabajo, trabajo, trabajo. Trabajo colectivo, consenso, iniciativas y saberes de procedencias diversas y puestos en común.