Leo en la prensa la
reseña de una entrevista al papa Francisco publicada hace unos días en Corriere
della Sera. El papa revela que en 2014 Angela Markel le llamó enfadada porque,
en una intervención en el parlamento de Estrasburgo, él había comparado a
Europa con una mujer estéril. Sin entrar en los posibles trasfondos y vericuetos
del asunto, tiendo a darle la razón a Merkel. Creo que el pontífice no anduvo
fino en la ocasión, la comparación desvela una concepción de la mujer excesivamente
utilitaria, por no decir unidimensional. En el plan divino sobre la sexualidad,
admitido que existan algún plan y alguien divino para concebirlo, seguramente
se adjudicó a la mujer una función más polivalente y de mayor protagonismo que
la simple procreación. En el caso de que la teología ortodoxa sostenga que no
es así, y que no hay función más alta para la mujer que la de ser madre, habrá
que concluir que Teresa de Jesús, por poner tan solo un ejemplo notorio, fue un
fracaso como mujer.
No es el primer
desliz de Francisco sobre el asunto. Hace algún tiempo, a una pregunta sobre la
función de las mujeres en la Iglesia católica respondió con un particular viva
Cartagena. En sustancia (cito de memoria), su respuesta fue que la mujer es lo
más bonito que hay en el mundo, y que la misma Iglesia tiene nombre de mujer. O
bien lo dijo con una punta de ironía, lo cual sería malo, o lo dijo de corazón,
lo cual sería francamente peor. Machismo y paternalismo. Si nos remontamos a
las fuentes, Jesús maldijo a una higuera que no daba fruto, y desatendió clamorosamente
la paridad de género en el momento de seleccionar su colegio apostólico; pero cuando
menos no hay constancia escrita de que echara piropos “de género” de dudoso
gusto ni de que condenara en ningún aspecto la incapacidad femenina para
procrear. Y subrayo lo de “femenina”. Habida cuenta de la regla del celibato,
está claro que el hecho de que el varón no coopere al mandato divino en el
Génesis del «creced y multiplicaos», al papa Francisco y a todos sus
antecesores en el cargo les parece una actitud altamente encomiable.
Por ser varón.
También hay celibato femenino y también se lo encomia, pero los obispos mandan
sobre las abadesas, y ninguna obispa tiene jurisdicción sobre un abad. La
jerarquía es la jerarquía, y las reverendas sores están en ese aspecto mucho
más cerca de la clase de tropa que del escalón de mando.
Volvamos a la imagen
de Europa que dio origen al enfado de la cancillera. Habida cuenta del trato que
están recibiendo los refugiados, de los cierres de fronteras, de las
concertinas, de las reformas laborales sugeridas por las sucesivas troikas, de
los minisalarios para minijobs, de la profundización acelerada de todas las
desigualdades, etc., más que con una mujer estéril, la Unión Europea realmente
existente merecería ser comparada con la madrastra de Blancanieves. O
alternativamente, con el Doctor No.