martes, 5 de abril de 2016

LA ÚLTIMA COPA


Los sondeos de opinión, tan parecidos a los “cuñaos” en la disposición y el arte que tienen para chafar la guitarra al personal, auguran que una repetición de las elecciones generales favorecería únicamente al PP y a la abstención. Se le quitan a uno las ganas de votar.
A propósito de abstención, hace pocos días Félix de Azúa, en unas declaraciones resonantes, sostuvo (entre muchas otras opiniones deliberadamente encaminadas a que a nadie le pase inadvertida la novedad mayúscula de que él ha alcanzado el sillón H de la Academia) que el personal debió de ir a votar pasado de copas el pasado 20D, porque de otro modo él no se explica el resultado.
La hipótesis a posteriori de Azúa vendría a confirmar una intuición a priori del también literato Manuel Rivas. Esto es lo que escribió Rivas en una de sus jugosas columnas de El País: «Lo erótico de esta campaña es que gran parte de los votos disfrutan con la infidelidad. La demoscopia se vuelve loca. Las encuestas se hacen viejas de un día para otro.» Cabe en lo posible entonces, vista la coincidencia rara de dos autoridades claramente contrapuestas, que todos/as los/as votantes del censo, o por lo menos una amplia mayoría, acudiésemos ese día al encuentro de las urnas con un hormigueo especial en el cuerpo, después de enriquecer el cafelito de sobremesa con dos gotas generosas de algún aguardiente, y lanzados/as in mente al desenfreno de la erótica política, la borrachera y la “perdisión”.
¿Dónde están, cien días y un pico después, aquella lubricidad incontenible, el regusto del fruto prohibido, el alma “en ansias y en amores inflamada”, que nos empujaron a salir de casa, en uno de los porcentajes de participación más espléndidos de todos los tiempos democráticos, para beber, además del anisado o el coñá, los vientos de la política, de nuevo, por una vez, después de años de desencanto?
Si se repiten las elecciones, crecerá la abstención. Es decir, habrá en el país más abstemios.
Más caras serias, más gestos lúgubres, más mayorías silenciosas. Aplaudirán nuestra sensatez el señor Juncker, la señora Lagarde, Herr Schäuble, Ana Patricia Botín e Isabel Preysler. Seremos por cuatro años más el fondo de reserva del “sentido común” del establishment.
No se me ocurre mejor argumento para encarecer a nuestros líderes que no dejen pasar la ocasión de pactar un gobierno deliberadamente cachondo, bailongo y rompedor. PP y abstemios, abstenerse.
¡Camarero, una última copa aquí, para el camino!