miércoles, 5 de septiembre de 2018

TORRA JUEGA AL TODO O TODO


Cuando Clara Ponsatí resumió desde Escocia las andanzas del procés catalán con la frase «jugábamos de farol», pensamos en un primer momento que estaba emitiendo una autocrítica. No era así, estaba enunciando una estrategia.
El president Quim Torra ha seguido por el mismo camino en la conferencia que dio ayer tarde en el Teatre Nacional. El lugar indicado para que hablara el president debería haber sido el Parlament de Catalunya, y el contrapunto necesario a sus “propuestas, que no protestas”, la presencia de la oposición con voz y voto. Ese habría sido el paradigma en una democracia. A saber cómo puede definirse el sistema vigente en la Cataluña de Torras/Puigdemont, cuando una de sus características principales es la de silenciar a toda costa a la oposición y jugar a la ficción de que solo es Cataluña aquello que hacen aparecer en el proscenio, delante del telón corrido que oculta el escenario.
Por eso, el cambio de sede elegido para el acto de ayer se llenó de un sentido profundo: no fue un debate parlamentario, sino un teatro nacional.
Y Torra dio una nueva vuelta de tuerca a su juego de farol. Pidió a la ciudadanía un mayor sacrificio y una multiplicación de esfuerzos, habló de movilización permanente y de ocupar las calles, declaró que “ha aprendido” que la independencia no se consigue desde un despacho (cualquier día de estos descubrirá la sopa de ajo), y al tiempo que predicaba el diálogo permanente con el Estado opresor, dejó muy claro que no le sirve ninguna otra cosa que no sea un referéndum de autodeterminación vinculante, previa la absolución incondicional de los imputados en el juicio pendiente.
Sigue vigente, a propósito de estos últimos, esa convicción ful de que “no han hecho nada malo” y que se está conculcando derechos individuales y juzgando la libertad de expresión. Como si fuera lo mismo pedir la independencia que declararla de forma institucional en perjuicio de los derechos de todo tipo de otras personas que, además, son mayoría según el censo.
Dicen quienes han leído los borradores previos, que Torra ha suavizado en la redacción final el anterior tono truculento. Mantiene sin embargo el tono general de desafío al Estado y la amenaza de “desobediencia civil” (Antón Costas se encarga hoy en lavanguardia de explicar que la línea adoptada por la Generalitat no es desobediencia civil, sino un golpe de Estado institucional para subvertir todo el sistema.)
Todo, incluida la tergiversación de los conceptos y el torpedeo de la democracia en nombre de una supuesta “democracia mayor”, se inscribe en el mismo juego de farol, que no apunta al “todo o nada” ─ eso sería por lo menos honesto ─, sino al “todo o todo”: absolución a los imputados + referéndum vinculante + independencia imparable sea cual sea el resultado del punto anterior.
No habrá este otoño más movilización ciudadana que la que puedan aportar la ANC y los CDR con sus procedimientos tradicionales de recluta de personas en los pueblos y flete de autocares para vivir unas horas de película en Barcelona. No habrá un nuevo desafío institucional como el de las tres fechas clave del año pasado (6 y 7-S, 1-O, 27-O) que forman, según la interpretación del president Torra, la base de partida de su posicionamiento. Por detrás del retablo de las maravillas, el rey está desnudo y el procés ya jiede. El tingladillo podrá desmontarse algún día, pero van a hacer falta mucha paciencia y muchos votos inequívocos en favor de una solución alternativa real, consensuada, clara y transparente.