domingo, 17 de junio de 2018

GORRONES


Me llaman la atención dos editoriales sucesivos de elpais dirigidos a contener los ímpetus reformadores del nuevo gobierno en cuestiones relacionadas con el gasto público. Jesús Mota es el firmante del primero, que alerta sobre la supresión del “impuesto al sol” anunciada por la ministra Ribera. El segundo, sin firma, previene contra los peligros que acechan a la implantación de la renta básica universal (RBU). Ambos señalan que es preferible hacer las cosas bien a hacerlas mal, cuestión sobre la que todos estamos pacíficamente de acuerdo. Queda, no obstante, pendiente la cuestión no expresada de si algunos prefieren no tocar nada para no correr el riesgo de hacerlo mal. Ahí puede haber debate. Tanto la supresión del impuesto al sol como la puesta en marcha de la renta básica parecen medidas necesarias y urgentes en la actual situación de la economía (basura), de la producción de energía (insostenible y contaminante) y de las políticas sociales (desigualdad rampante, marginación progresiva). No obstante, los dos editorialistas previenen contra los “gorrones” (Mota les llama también free riders) que podrían aprovechar las novedades legislativas para acomodarse en el momio de la renta gratuita sin buscar trabajo, de un lado, y para no pagar el recibo de la luz en el otro.
Mi desaparecido y llorado compañero y amigo Paco Puerto habría dicho que los dos editorialistas se queman las pestañas contando la calderilla mientras les pasan por delante de las narices los billetes de cinco mil (Paco contaba aún en pesetas cuando nos aleccionaba sobre estas cosas). Si vamos a localizar a los gorrones, pero gorrones de verdad, a lo grande, y someterles a la horma de Hacienda, todo el mundo sabe por dónde se debería empezar. Las multinacionales tecnológicas se sirven profusamente de nuestra energía y no la pagan, porque declaran sus ingresos en lugares remotos y paradisiacos desde el punto de vista fiscal. Su defección viene en consecuencia a acrecer el recibo de nosotros los pequeños consumidores, que así pagamos a Google o a Amazon dos veces: por sus servicios y por la energía que consumen a costa nuestra y no pagan. Es una situación que se intenta revertir de un lado con normas legales internacionales más estrictas, y consolidar de otro con grandes instrumentos contractuales como el TTIP en los que los asuntos de la tributación pormenorizada se dejan al arbitrio ponderado de comisiones paritarias de “hombres buenos” no vinculados a ningún Estado acreedor sino a la libre esfera de los negocios globales.
Tampoco está de más recordar el fraude prolongado al Tesoro perpetrado desde las cajas B del partido que precisamente ha ocupado el gobierno de la nación en la etapa anterior. Y, sin ánimo de remover el hierro en las heridas pero sí como recordatorio de lo que hay, el hecho de que Cristiano Ronaldo (antes tuvimos los casos de Messi y de Xabi Alonso, entre otros) acepte de buen grado dos años de cárcel, que no cumplirá, y 18,8 millones de euros de multa, por irregularidades en el cumplimiento de sus deberes con el Estado en el que ocupa un destacado puesto de trabajo.
Gorrones, como las meigas, haberlos haylos. Se trata de promover políticas públicas que pongan coto a todos ellos y redistribuyan el dinero del común entre quienes más lo necesitan. Ahora falta por ver dónde se ponen las prioridades, si en los billetes de cinco mil o en la calderilla.