sábado, 16 de junio de 2018

LA CABEZA PERDIDA DE FLORENTINO PÉREZ


(Ensayo de psicoanálisis)
La intención de esta bitácora no es desarrollar grandes teorizaciones, sino sugerir puntos de vista alternativos a cuestiones tratadas de forma bastante unilateral por los medios (a ese propósito responde el título general de “Punto y contrapunto”), y en último término a rescatar del olvido o del menosprecio asuntos aparentemente insignificantes (de ahí el leitmotiv que preside los afanes aquí recogidos: “Vamos a pollas”).
Eso no quiere decir que no seamos capaces de teorizar con tanto cuajo como el más pintado. (Un inciso: habrá notado el lector que en este párrafo me refiero a mí mismo con la primera persona del plural: indicio claro de que la bitácora se ha situado en “modo teorización”.) Nos disponemos a hacerlo, a fin de despejar de forma definitiva las incógnitas que pueden haber quedado irresueltas después de los dos posts casi consecutivos (1) en los que mencionábamos el fichaje de Julen Lopetegui por el Real Madrid como un “acto fallido” del presidente Pérez, debido a “fantasmas” que han asaltado de forma urgente y obsesiva su subconsciente.
Debemos a nuestros lectores una explicación, y esa explicación va a ser puntualmente dada en tiempo y forma.
Avive pues el seso el alma dormida y despierte recordando el planteamiento de partida que sostiene estas elucubraciones, el cual no es otro que la existencia de homologías profundas, es decir subliminales, entre la política y el fútbol; tesis por lo demás recientemente defendida en un trabajo final de máster de la URJC por Herr Proffessor Honoris Causa Franz Rodderitz von Letzen, más conocido entre nosotros como el profesor Franz de Copenhague.
En base a tales asociaciones ocultas de ideas, y con razón o sin ella, el anterior presidente del gobierno Mariano Rajoy concibió la idea de apuntalar las premisas de su reelección para un nuevo mandato con un gran éxito de la selección española (“la Roja”) en el Mundial de Rusia 2018. Los brotes verdes de la economía no daban para más, y los elogios que le dispensaban tanto la señora Merkel como la señora Lagarde estaban cada vez más sazonados por un tonillo de sorna o, expresado de otra forma, de malafollá granaína (“Piel de Elefante Rajoy” lo llamaban en las cancillerías). Era necesario, por consiguiente, revitalizar la Marca España por otros medios.
Ahí entró en juego el fútbol. La temporada estaba yendo fatal, y los independentistas habían robado no solo la Liga sino la emblemática Copa del Rey, con abucheo incluido al titular de la Corona. Pero en el último instante surgió de las sombras Florentino, siempre eficaz y patriota, y se alzó con el Doce Más Uno Trofeo de la Champions para el Real Madrid, que es, como se sabe, el componente esencial de la Marca España en el terreno deportivo (Rafa Nadal siempre está ahí, es cierto, pero no basta; y Mireia Belmonte y Marc Márquez, que tampoco fallan nunca, tienen el inconveniente de proceder de la orilla equivocada del Ebro).
Un espectacular tándem de victorias, del Madrid en la Champions y de la Roja en el Mundial, elevaría al máximo, entonces, las expectativas de Mariano de conseguir la mayoría absoluta frente a la Antiespaña en unas elecciones anticipadas que serían rápidamente convocadas para aprovechar el rebufo del éxito deportivo.
Como en el cuento de la lechera, sin embargo, el cántaro se rompió a mitad de camino debido a un tropiezo inesperado con una moción de censura mal evaluada (¡los vascos, otra vez los vascos, ese factor que siempre tuerce los cálculos mejor fundados de la España eterna!)
Y henos aquí ante un panorama desolador. Rajoy siempre envidió a Zapatero “su” Mundial de Fútbol de Sudáfrica 2010. Rusia, que estaba destinada en principio a ser la revancha, ahora corría el riesgo de convertirse en el “Mundial de Sánchez”. Peor aún, por el mismo mecanismo de vasos comunicantes entre política y fútbol teorizado por Rodderitz, un éxito español en el Mundial vendría a apuntalar las precarias expectativas electorales de los socialistas, pasando de largo ante la sede de los populares.
De mal en peor, el vórtice del maelström que amenazaba hundir para siempre la suerte del PP se llevó de golpe y sin avisar a Zinedine Zidane del banquillo del Real Madrid. La conjunción fatal de los astros apuntaba a una catástrofe de dimensiones homéricas.
Los tres sustitutos preferidos de Florentino para Zidane (tenía previsto dar la patada a su entrenador en caso de que no ganara la Champions), Löw, Klopp y Pochettino, respondieron unánimes a sus solicitaciones con un escueto “No es no”. Mientras tanto, Sánchez impresionaba al exhibir ante los medios lo que Rafael Hernando, siempre elegante, ha llamado “su harén particular” y “aquelarre de sabihondas”. Contemporáneamente, el duque de Palma debía entrar en prisión (descrédito para la Corona), y los tribunales confirmaban la caja B de los populares valencianos (nuevo baldón para el partido alfa).
Algo había que hacer ante tal cúmulo de calamidades, y la chequera de Florentino acudió al rescate. La maniobra de fichar al seleccionador nacional para el banquillo del Real se inscribía en una óptica de torpedeo a la Roja (este no puede ser, y no va a ser ni por lo civil ni por lo criminal, el Mundial de Sánchez) y de reivindicación de las esencias de la Marca España para el club que mejor ha representado desde los años del franquismo a la España inmemorial. Apuntaba a un traslado simbólico de la legitimidad político-futbolera, desde la selección hacia el club. Contaba con el carisma de invicto de Lopetegui y con el excelente estado de forma de Cristiano Ronaldo, para torpedear con un solo movimiento salvífico al gabinete Sánchez y a la selección espuria.
Fue un acto fallido, sin embargo, porque ni Lopetegui tiene el menor carisma ante las masas, ni su trabajo en la selección ha sido tan determinante, ni dará (es solo un vaticinio por el momento, el tiempo lo dirá) días de gloria al Real Madrid.
La peor confirmación de la gaffe de Florentino habría sido que España ganase, a pesar de todo, a Portugal. Cristiano lo evitó casi al humo de las velas. La España eterna ha salvado el primer match-ball. Y lo que es más importante, lo ha hecho gracias a un jugador patrimonio espiritual de Florentino. También desde ese ángulo se puede leer el tuit viral de Jordi Évole que está dando la vuelta a las redes: «Cuando quiere, Cristiano no defrauda.»
Estén atentos a las novedades, la coyuntura se ha puesto apasionante.