Si no les gustan
los principios del president Torra,
no se preocupen: tiene otros. Igual le pasaba a su maestro en el arte de destruir
la lógica para hacer reír, pero de los dos, Groucho siempre fue el gracioso.
De predicar la
insumisión contra las instituciones, Torra ha pasado de pronto a predicar la
institución contra las insumisiones (de la jueza de guardia).
A la jueza no le
salían las cuentas: no se puede confinar si no hay un estado de alarma
declarado. Pero el estado de alarma solo lo puede declarar el gobierno, y Torra
es partidario de la insumisión contra todo lo que diga el gobierno. Todo lo que
ordene el gobierno es 155. Vade retro,
Satanna!
El resultado es una
sopa de ganso. La jueza no admite la alarma porque falta el aval de la
autoridad competente; el Vicari niega la mayor ─es decir, que la autoridad sea
competente, ¡a él le van a venir con competencias!─ y reclama su propia
autoridad desautorizada frente a la insumisión rigorista de la jueza. Pilar
Rahola, la fina musa del neoprocesismo, aparece de improviso en escena con dos
huevos duros. Desparrame total. Telón.
No digo que no sea
divertido, pero solíamos pensar en Cataluña de otra manera, con cierta épica, tal
vez como en aquella película militante de Visconti, Rocco e i suoi fratelli, que narraba la epopeya de la conquista de
la ciudadanía y de la dignidad a través del trabajo, por parte de gentes llegadas
en masa a un Eldorado de oportunidades, desde otros lugares donde esas
oportunidades no existían aún.
Cataluña fue
admirable entonces, incluso con Jordi Pujol al mando y pese a lo que sabíamos
ya entonces y lo que luego hemos sabido por añadidura sobre Jordi Pujol. Pero
este president número 131 de la
Generalitat oficial pasará a la Historia (en nota a pie de página y en cuerpo
de letra minúsculo) con el sobrenombre de “el Vicari”. Y será bueno pasar
página pronto sobre su ¿mandato?, porque ya jié, y aquí lo dejo.