sábado, 25 de julio de 2015

SUNSET BOULEVARD


Sobresaltos de un chivo expiatorio (3)

Cuando la tarde languidece, quienes formamos parte de la crème de la crème de Sant Pol de Mar nos encontramos en el paseo marítimo que transcurre desde el lugar llamado La Punta hasta la plaza de Tocar Ferro. Muchas elegancias y sofisticaciones concurren a esa hora en el centenar de metros de calzada peatonal atisbado desde lo más alto por la ermita de Sant Pau y volcado hacia el sur sobre el mar Mediterráneo, del que solo lo separa la playa llamada de les Escaletes. Con mucho acierto, alguien ha llamado a dicho paseo el Sunset Boulevard del Maresme.
Por eso no me extrañó demasiado verme saludado, a la altura de una de las varias terrazas que jalonan el recorrido, por Cary Grant y Lauren Bacall, que me hacían señas.
– Disculpa un momento – dije a Carmen, a la que llevaba colgada del brazo. Y me acerqué a ellos. Cuando estuve a su lado, vi que se trataba de hologramas perfectamente compuestos en 3D.
– Hola pichón, bueno que viniste – me saludó efusivo el holograma Lauren.
El holograma Cary fue más sobrio.
– Se ha presentado una complicación. Le necesitamos de nuevo. Mañana baje temprano a la playa y nade hacia mar abierto con su inimitable estilo “crol setentón”. Alguien lo recogerá.
– Que no sea el “enterao”, porque me vuelvo a la playa ipso facto – objeté, algo picado por sus palabras. ¿Qué quería decir con eso de “crol setentón”?
– Descuide – se hizo el inocente Cary.
***
Quienes están en el otro polo de la videoconferencia son hoy Merkel y Schäuble. Tienen cara de pocos amigos.
– Nos ha decepcionado usted, herr Gottráiguetz – me dice Angela –. Otra cosa esperábamos.
– Habla usted muy bien el español – le digo para ganar tiempo.
– Oh sí, yo de jofen veranear Kosta Prafa – la reminiscencia ilumina por un instante el rostro sombrío de Merkel –. Echarme nofio allí, Manolito. Mucho loco. Amor imposible.
– Qué interesante – digo por pura cortesía.
– Herr Gottráiguetz, fräulein Lagarde mensaje mucho mucho alarmante enviado. Joyas defueltas falsas son. Joyero Vuitton made in South Korea. Contenido, pura quincalla. ¿Cómo se explica?
A su lado se oye un retumbo profundo como de trueno lejano. Angela escucha a su ministro de Finanzas y me traduce.
– Wolfie dice europeos del sur indignos de crédito, no acuerdos cumplen, no forma de balances cuadrar, todo al traste, kaputt.
– Escuche Angela – intervengo –, si me permite la confianza…
– ¡No confianza! – ladra.
– Escuche froilain Merkel, no es a mí a quien tiene que dirigirse. Sabe perfectamente que el culpable está en otra parte, y que mi participación se ha reducido a un paripé para salvar la cara delante del Eurogrupo.
– Varoufakis dice él no fue – es la sorprendente respuesta de Merkel.
Resumo la información que voy recibiendo en los minutos siguientes: Varoufakis afirma que entró en la alcoba de Lagarde después de ingerir dos dosis de Viagra y con un pañuelo colocado sobre los ojos. Quiso asegurarse de ese modo de que su virilidad no flaqueara en el duro trance, por el conocido procedimiento de «ojos que no ven, corazón que no siente». Por profilaxis más que por precaución, no se quitó el pañuelo en ningún momento, y por consiguiente no puede decir lo que había o no había en la mesilla de noche. Cuando le pareció que había cumplido a suficiencia con lo estipulado, se levantó y se marchó sin despedirse. No se llevó ningún objeto que hubiera dentro del dormitorio. No sabe nada de las joyas.
Se oye de nuevo el tronar lejano.
– ¿Qué dice herr Schäuble? – pregunto a Merkel.
– Wolfie dice ese ser cáncer que Unión Europea corroe. Griegos, y otros también, cuando consideran que suficiente han hecho, dejan faena a mitad y si te he visto no me acuerdo. No dedicación, no amor al trabajo, no espíritu de sacrificio, no responsabilidad.
– Desde luego, señora Merkel, tiene toda la razón. Es más, si Varoufakis devolvió un joyero falso…
– Joyero anónimamente devuelto fue, en recepción hotel, con tarjeta incluida.
– ¿Algún mensaje en la tarjeta?
– «Congratulations, mistress Lagarde». Escrito manualmente, con tinta rosada de bolígrafo. Varoufakis dice no es cosa suya.
– Recapitulemos la situación. Los dos implicados estaban rigurosamente solos en una habitación cerrada. Si Varoufakis no se llevó el paquete…
– Habitación no cerrada. Puerta disimulada hay que a corredor lateral da. Otras posibilidades existen.
– ¿Algún sospechoso?
– Karla fue visto por detective de servicio en corredor lateral. Karla, renombrado agente secreto ruso. Muy temible. Yo al habla con Vladimir Putin por teléfono rojo, esta mañana. Él toma nota pero decir no sabe nada. Yo darle dirección electrónica suya, herr Gottráiguetz. Se pondrá en contacto en brefe.
– ¿Por qué conmigo?
– Usted chifo expiatorio en este caso. Misión suya no cumplida de modo satisfactorio. Ha de trabajar más.
– ¿Y si me niego? – pregunto. Sé de antemano que mi pregunta es tan solo retórica. Me contesta con una sola palabra, una palabra que hasta ayer yo no conocía:
– Spexit.
Oigo el alarido de alegría de Wolfie, en segundo plano.
– ¿Conoce esa eventualidad el gobierno de mi país? – sigo haciendo preguntas retóricas, pero no se me ocurre otra cosa.
– Lo conoce – dice Merkel –. Tengo entendido que están buscándolo.
Lo están. De vuelta a mi apartamento, Carmen me dice que: A) Se ha presentado un pelotón de GEOs disfrazados de tuna de la Facultad de Letras, preguntando por mí, y han dejado recado de que volverán y que es urgente. B) Está hasta el gorro de los líos que me traigo estos días, y amenaza con hacer las maletas. Así no hay manera de relajarse y pasar un verano decente.
Tengo la maldita sensación de estar rodeado.
(Continuará)

 

Nota.- El lector puede consultar el inicio de este thriller de alto voltaje político en http://vamosapollas.blogspot.com.es/2015/07/spleen-e-ideal.html y http://vamosapollas.blogspot.com.es/2015/07/art-deco.html

 

Bibliografía recomendada

Eduardo Mendoza, El enredo de la bolsa y la vida. Seix Barral, 2012.