sábado, 25 de agosto de 2018

¿ES LA GALLARDÍA UN ACTIVO POLÍTICO?


En una entrevista televisada por la Agència Catalana de Notícies, el portavoz de la CUP, Carles Riera, ha advertido al president Torra de que una nueva convocatoria anticipada de elecciones sería un acto de cobardía.
Me resulta difícil aquilatar la trascendencia potencial de la cobardía en el terreno de la política. Es más, me resulta extraña la misma existencia de una escala con la que medir la gallardía o la cobardía de un acto político determinado.
Dice Riera que su formación no volverá a caer en la trampa de aprobar unos presupuestos para desatascar el camino de la independencia, porque ya se vio el año pasado que los presupuestos respaldados por los cupaires no tuvieron esa utilidad. Lo cual es razonable: el 1-O habría tenido lugar lo mismo con o sin presupuestos, y el pantanal en el que chapoteamos se extendería en la misma latitud y profundidad. Puestas así las cosas, para este año resulta lógico en un dirigente como Riera que exija, o bien una ruptura previa con el Estado, o unos presupuestos de contenido significativamente rupturista; y caso de no ser así, es consecuente que niegue su voto a la minoría mayoritaria. El año pasado, debido tal vez a que le afectara esa famosa hora tonta que todos padecemos, dio la sensación de que la CUP prefería cerrar los ojos al ejercicio de mareo de la perdiz por parte de las distintas partes de la primera parte contratante, y prestar sus votos a ciegas para aquello que en definitiva sucediere. Si con barba San Ramón, si sin ella la Purísima.
Este año en cambio la cosa va en serio, pues. O se efectúa una proclamación de la independencia con cara y ojos y con todas las consecuencias, o no habrá presupuestos. Parece, dicho así, una postura consecuente. No práctica, pero sí consecuente.
Ahora bien, la prédica añadida por Riera sobre la cobardía de Torra no venía a cuento en esa historia. La CUP no está en el Govern de la Generalitat, y las consecuencias de la declaración que propugna no recaerían sobre sus afiliados/as. Anna Gabriel se trasladó en su momento a Suiza sin tener ninguna imputación pendiente. Se habló de exilio y de represalias y de persecución, pero nunca hubo nada de todo ello. No diré que Gabriel actuó con cobardía en aquel trance (y allí sigue, gastando en el exilio sus ahorros privados, porque es impensable que siga recibiendo una paga institucional en sus circunstancias); pero, entre nosotros, tampoco se ha comportado con toda la inmensa gallardía que cabría esperar en una defensora radical de la república catalana. No ha dejado alto el pabellón de la CUP.
Carlos Riera y sus cofrades cupaires deberían aprender algunas verdades sencillas que siempre han estado en vigor entre el pueblo llano. Por ejemplo, que no es lo mismo repicar que estar en la procesión. Que tampoco lo es predicar que dar trigo. Y que los toros se ven de distinta manera en el ruedo y desde detrás de la barrera. Cuando hayan hecho el correspondiente máster sobre sabiduría popular, podrán venir libremente a darnos lecciones a todos, en la seguridad de que les haremos el caso que merecen.