martes, 28 de agosto de 2018

JOSEP FONTANA


Ha muerto a los 86 años Josep Fontana, el tozudo mensajero de malas noticias que era necesario escuchar con atención y asimilar con desgana, buscándoles acomodo siquiera provisorio cuando tanto habríamos preferido oír noticias buenas, noticias radiantes de esperanzas de éxitos memorables que él nunca incluyó en sus pronósticos.
Ha muerto. Lo de los 86 años es lo de menos, podía haber sido cualquier otra cifra. Estas cosas pasan, todos los días. Se nos muere la gente como Fontana, la gente a la que solíamos recurrir en medio de nuestras desorientaciones pertinaces con la misma urgencia con la que buscamos un letrero indicador cuando nos sentimos perdidos en una carretera que conocemos mal y tiene fama de peligrosa.
De hecho, fue él quien nos advirtió muy a tiempo de que “El futuro es un país extraño”. Y el futuro está ya aquí, y es extraño, y necesitamos las claves para comprenderlo que Fontana nos susurraba al oído. No eran claves melodiosas, sino discordantes; no eran las que habríamos deseado escuchar, pero sabíamos que era obligado prestarles atención, de todos modos. Cuando uno forzosamente ha de adentrarse en un paisaje oscuro e inestable, lleno de abismos invisibles, de arenas movedizas y de caminos erráticos que no conducen a ningún lugar, necesita inexcusablemente un mapa. Josep Fontana era uno de los pocos maestros reconocidos que nos proporcionaba mapas fiables, llenos de datos rigurosos altamente desagradables, cierto, pero exentos por completo de las confusiones benevolentes y de las mentiras arcangélicas que tantos daños acarrean a la larga a los viajeros desprevenidos.