viernes, 17 de agosto de 2018

POCAS NOTAS DISCORDANTES


Hoy hemos honrado en Barcelona a las víctimas de los atentados de un año atrás en una jornada casi perfecta; o, como han señalado los medios de comunicación, “casi sin incidentes”.
Han sonado las notas infaltables de violonchelo del “Cant dels ocells” instrumentado por Pau Casals, y un coro de niños y sus padres ha entonado sucesivamente “Over the rainbow” de Arlen, “Imagine” de Lennon, “Hallelujah” de Cohen y “Qualsevol nit pot sortir el sol” de Sisa. Música tópica pero bien elegida para descifrar la esperanza, para negar la noche y mirar más arriba, más lejos. Se quería dar una imagen de unidad frente al terror. La unidad, sin embargo, estaba sujeta con alfileres. En unos pisos altos aparecieron pancartas semiinstitucionales contra el Borbón; a la inversa, se agitaron banderitas y se corearon consignas a su favor que nada tenían que ver con los sucesos que se había ido a recordar. Un cortejo de los CDR topó con otro de monárquicos en la confluencia de la Rambla con Pelai, y ambos grupos se intercambiaron el nombre del puerco durante algunos momentos tensos que no fueron a más.
Si hemos de ser sinceros, esperábamos más incidentes. La tregua ha funcionado bien, en líneas generales, como sucedía en los años olímpicos de la Grecia antigua. Los partidarios de las dos Barcelonas opuestas han hecho acto de presencia, han enseñado los dientes e intercambiado gestos de amenaza. Por lo demás, han competido para ver quién lanzaba la jabalina más lejos, a sabiendas de que pasado mañana las jabalinas metafóricas buscarán el cuerpo del contrario, para hacer sangre también metafórica.
No somos, por más que así lo proclamemos, una “ciutat de pau”. No lo somos aún, como lo señaló Gemma Nierga, impecable en su papel de narradora del memorial. Cabe la posibilidad, sin embargo, de que cualquier noche próxima vuelva a salir el sol.