miércoles, 22 de agosto de 2018

PONER UN HUEVO DE PIE

(Chucherías del espíritu)


El otro día, visitando el salón del Tinell del Palau Reial de Barcelona con mis nietos, me asaltó el recuerdo fugaz de una canción (más bien una cantinela o sonsonete) sobre el huevo de Colón. Me vino a la memoria a pedazos ─quiero decir que hube de hacer un pequeño esfuerzo sostenido de reconstrucción─ y he visto luego en google que mi reconstrucción no fue completa, por una parte, y que la canción está muy difundida, por otra.
No recuerdo ni quién me la enseñó, ni cuándo, ni en qué ocasión la canté a coro de la manera que luego explicaré. La memoria es un baturrillo; ni siquiera merece el nombre de “laberinto” porque el laberinto supone una gestión maliciosa del caos, una voluntad de engañar que los abismos de la memoria no tienen. Es solo que son así, sin remedio. Aunque, eso sí se les debe reconocer, están tachonados aquí y allá de intermitencias y epifanías, como demostró de forma brillante Marcel Proust.
La letra de la canción a que me refiero muestra un ingenio “de línea clara”; quiero decir, sin más segundas intenciones que la que queda patente de inmediato, a saber, que la frase “poner un huevo de pie” puede referirse a dos acciones muy distintas: en la primera de ellas, lo que queda de pie es el huevo; en la segunda, quien lo pone (y el verbo “poner” cambia de significado en cada una de las dos acciones).
Me gusta mucho la antistrofa final, porque refuerza eficazmente el equívoco. No estoy seguro, en cualquier caso, de que sea en realidad una antistrofa, doctores tiene la academia para decidirlo.
He aquí la letra en cuestión:
Colón fue un hombre de gran renombre / que descubrió un mundo nuevo. / Pero además, fue el primer hombre / que puso un huevo / de pie.
[Antístrofa] ─¿Cómo lo puso? / ─ ¡De pie!
Hay más estrofas, e incluso una antistrofa dialogada más larga, pero no añaden nada a la idea original. Recuerdo, pero no sé dónde ni en qué circunstancias, haber cantado el sonsonete a coro con otros niños (¿en el cole?, ¿en cuál de ellos?). Y cuando el maestro de coro preguntó, en un tono fingido de asombro e incredulidad, “¿Cómo lo puso?”, nosotros nos levantamos a una de nuestros asientos para la declaración triunfal final: “¡De pie!”