martes, 6 de noviembre de 2018

COSPEDAL, MÁS ALLÁ DEL CUMPLIMIENTO DEL DEBER


Dolores Cospedal ha causado baja en combate, víctima de fuego amigo. La baja es relativa, puesto que, si bien renuncia a su cargo en el partido, mantiene en cambio su escaño en el Congreso; pero todo indica que, en próximos comicios más o menos inminentes, su nombre caerá de las listas y se consumará la ruina definitiva de su carrera política.
Son gajes del oficio, dirán algunos. Otros, que quien a hierro mata a hierro muere. La aportación de Cospedal al patrimonio de la historia política del país no ha sido muy relevante, contado y resumido todo a beneficio de inventario. Quedarán tal vez en el recuerdo el mote de Dama de Hierro, robado a Margaret Thatcher; el lapsus del finiquito en diferido para explicar la situación del ex tesorero Bárcenas, y el canto del Novio de la muerte, entonado en Málaga al paso de una compañía legionaria y coreado por varios ministros del PP igualmente olvidables.
Es gracioso, con todo, que después de que la ha pillado, la ha pillado, el carrito del helado, se defienda con el doble argumento de que ella siempre dijo la verdad, y por tanto no desmintió sus contactos con el policía Villarejo para espiar tanto a rivales como a vecinos; y de que al obrar así estaba cumpliendo con su deber, en tanto que secretaria general de su formación.
Solo le faltó añadir que todo vale en el amor como en la guerra. Porque nuestra ex ministra de Defensa tiene del todo interiorizado el concepto de que la política es guerra sin cuartel. O, invirtiendo el famoso axioma de Clausewitz, de que la política es la continuación de la guerra por otros medios.
Según Cospedal, su deber de dirigente política responsable era estar informada, y para eso intentaba acumular toda la información disponible. Lo cierto es que fue mucho más allá del cumplimiento estricto de ese deber. La información que buscaba eran grabaciones comprometedoras para otras personas (Javier Arenas, Alfredo Pérez Rubalcaba a través de su hermano), con el fin de someterlas a un chantaje sibilino que sirviera de paraguas protector a su partido, tal vez, y muy en particular a ella misma, una de las receptoras más destacadas y reiteradas de sobres en B.
La misma que pagaba por grabaciones de otros obtenidas ilícitamente, fue grabada ilícitamente a su vez. Hay una justicia poética en el caso, y un ejemplo nítido del peligro que comporta tener tratos clandestinos con agentes dobles, triples o cuádruples que tienen sus negociados ubicados permanentemente en las cloacas del Estado.
Como no es posible poner coto racional a una situación que muchos han convertido en una fuente de negocios pingües, quizá valga la pena tramitar ante la Unesco la petición de que nuestras cloacas estatales sean declaradas patrimonio de la humanidad y visitadas con guías adecuados por el turismo de masas internacional.