miércoles, 16 de diciembre de 2015

EL TRONERA Y LA SANTA


Informa el diario Público (no sé por qué los demás no recogen una noticia tan interesante) de que los tres ayuntamientos de mayor peso demográfico en el país han conseguido reducir su deuda 100 millones de euros en 100 días. El desglose es el siguiente: 54 millones (-0,6% sobre el total de la deuda) en el Madrid de Manuela Carmena, muy lastrado por las secuelas en tesorería de los sueños de grandeza de Gallardón; 34 m (-4,7%) en la Barcelona de Ada Colau, y 10 m (-1,3%) en la Valencia que fue de Rita Barberá y ahora gobierna Joan Ribó.
Resulta que otra política municipal sí era posible, a pesar de todo el viento que se nos había vendido en contra de tal idea. Hasta ahora, en la ponderada apreciación del escritor barcelonés Eduardo Mendoza, consustancial a la figura del alcalde era el gastar sin ton ni son y hacer el bandarra. La afirmación aparece en su novela La ciudad de los prodigios y se refiere en particular a los alcaldes de Barcelona. Cuenta el ilustre cronista, y sus palabras han de ser tenidas, por venir de quien vienen, como ciertas y fidedignas, que allá por 1927, estando la ciudad en obras para acoger la segunda Exposición Universal de su historia, la imagen de santa Eulalia, patrona de la ciudad, seriamente preocupada por la situación, decidió abandonar por unos minutos el pedestal que ocupaba en una capilla lateral de la catedral de Barcelona, se encaminó al cercano edificio del Ayuntamiento y entró en el despacho del alcalde don Darius Rumeu i Freixa, barón de Viver: «¡Ay, Darius, ya haréis de bestiezas entre todos!», apostrofó la santa al munícipe, según cuenta Mendoza.
El último de una larga saga de alcaldes barceloneses manirrotos y bon vivants ha sido hasta el momento Xavier Trias i Vidal de Llobatera, que lo fue por la desaparecida coalición Convergència i Unió. En estos días se está rasgando las vestiduras (Toni Farrés le habría recomendado como remedio un buen sastre) por la “infame” gestión de Colau, y aspira a convencer a sus compañeros de consistorio de que lo respalden en un voto de censura que coloque a la actual alcaldesa en la oposición de la que nunca debería, en su opinión, haber salido.
La historia se repite. En la versión actual, Trias encarna al barón de Viver, y Colau a santa Eulalia, dicho sea sin intención de ofender a ninguno de los dos.