domingo, 27 de diciembre de 2015

TAMBIÉN MATAN A LOS CABALLOS


Las páginas de la prensa de sustancia vienen pobladas hoy de artículos de opinión firmados por las mejores plumas de la panoplia actual, con un tema en común: la definición del próximo gobierno.
Enric Juliana, en La Vanguardia, intuye un nexo íntimo entre el acto al que se está dedicando, en los momentos en que escribo, la CUP en Sabadell, y el devenir político general en España. La vía libre o no a la investidura de Mas, es su argumento, sería el resorte que pondría en marcha la concreción de una u otra serie de futuribles hipotéticos en una escala más amplia de realidades. La pelota ha topado con el borde superior de la red, está en el aire y puede caer en uno u otro lado de la pista. Matchpoint.
Me atrevo a decir que el maestro no atina en esta ocasión. El resto de analistas de primera fila que comparecen hoy en las páginas de El País apenas se refieren a Cataluña, y lo que decida hacer en definitiva la CUP con sus diez votos en sede parlamentaria no les empacha la digestión del desayuno. Sol Gallego centra su análisis en Mariano Rajoy, ¿por qué insiste en presentar su candidatura al gobierno de la nación si sabe perfectamente que no va a encontrar apoyos en otros grupos? Ernesto Ekaizer, por su parte, coloca en el punto de mira a Pedro Sánchez. Tiene como candidato el problema opuesto al de Rajoy: podría encontrar apoyos externos para su candidatura, pero le falla el necesario respaldo de su grupo. Voces de muerte están sonando cerca del Guadalquivir.
Así pues, Mas sería una variable despreciable en la ecuación, gane o no gane la investidura. El procès con Mas, después del 20D, tendría un recorrido muy corto; y para el procès sin Mas, no habría recorrido en absoluto. La mera idea de Cataluña gobernada por una tetrarquía semeja de ópera bufa. No se ha visto cosa igual desde las postrimerías del imperio romano. Y entonces, si a alguien le interesa recordarlo, no acabó bien.
La bronca está instalada en las dos grandes casas del bipartidismo residual. En ambas se pide a voces congreso. En el PP no se discute (aún) la figura de Rajoy, pero sí todo lo demás. Y el propio Rajoy es enarbolado como un recurso provisional, con el que ganar el tiempo necesario para una sucesión ordenada. En el PSOE ya llevan tiempo paseando por el filo de la navaja: la idea predominante es que, puesto que Pedro no ha dado la talla, se le cambia, y cuanto antes mejor. También matan a los caballos, como dejó dicho para la eternidad Horace McCoy.
He dejado para el final la perla de los análisis de hoy domingo. La firma en El País Mario Vargas Llosa, y lleva por título «La gran coalición». Muchos de ustedes se asombrarán de que califique de “perla” un texto semejante. De hecho, es pura huachafería, para expresarlo con un término propio del autor. Pero Mario no escribe estas cosas motu proprio, ni siquiera las piensa probablemente. Su firma es una pantalla interpuesta para la expresión coral de un sindicato de intereses (en la peor acepción del término “sindicato”), y en ese sentido vale la pena leer el artículo, y más aún leer entre líneas.
Esta es la propuesta, en sus propios términos: «… la única fórmula que puede funcionar si las tres fuerzas inequívocamente democráticas, proeuropeas y modernas —el Partido Popular, el Partido Socialista y Ciudadanos—, deponiendo sus diferencias y enemistades en aras del futuro de España, elaboran seriamente un programa común de mínimos que garantice la operatividad del próximo Gobierno y, en vez de debilitarlas, fortalezca las instituciones, dé una base popular sólida a las reformas necesarias y de este modo consiga los apoyos financieros, económicos y políticos internacionales que permitan a España salir cuanto antes de la crisis que todavía frena la creación de empleo y demora el crecimiento de la economía.»
Anoten ustedes la cascada de beneficios que representaría la suma de las tres fuerzas “inequívocamente democráticas, proeuropeas y modernas” (los tres adjetivos y el adverbio utilizados dan ya materia en sí mismos para un sugerente análisis semántico): a) en aras del futuro de España; b) fortalecimiento de las instituciones; c) base sólida a las reformas necesarias; d) apoyos financieros, económicos y políticos (por este orden preciso) internacionales; e) salida “cuanto antes” de la crisis que todavía etcétera.
Esta retahíla representa la continuación por otros medios de la política emprendida en los seis últimos años por los dos gobiernos que han tenido que afrontar la crisis en España. La enunciación sigue siendo la misma que se hizo en 2008. No hay ninguna evaluación de los resultados obtenidos en este tiempo, ni de las novedades en el marco internacional, ni el menor signo de rectificación. Todo lo cual nos lleva, más allá de la literatura del egregio premionóbel que firma el panfleto, a adivinar quiénes forman parte del sindicato de intereses antes aludido. Gente seria, gente de negocios.
Lo interesante, el único dato nuevo, es que se reclama de las tres fuerzas generosidad y “sacrificios” (sic) para abordar la nueva etapa con el mandato que una mayoría de electores ha expresado a través de las “ánforas” (sic de nuevo). ¿Sacrificios? ¿Qué sacrificios pueden reclamar las ánforas en la presente tesitura, si todas las bondades que se ofrecen son las mismas que estaban ya en el escaparate hace seis años, y sobre las cuales han jurado en vano nuestros líderes con tanto entusiasmo como contumacia?
Si leemos entre líneas, quizá lleguemos a la conclusión de que lo que se reclama por nóbel interpuesto en este panfleto sibilino son las cabezas de Arturo, de Pedro y de Mariano, en aras de un futuro radiante. ¿Por qué no? ¿Acaso no matan a los caballos?