martes, 18 de mayo de 2021

LOS PUDIENTES

 


Gaza. Aquí no hay sexo explícito, solo desfachatez y chulería de un lado, y miedo cerval del otro.

 

Les croquants vont en ville, à cheval sur leurs sous

Acheter des pucelles aux saintes bonnes gens

Les croquants leur mettent à prix d'argent

La main dessus, la main dessous*

G. BRASSENS, ‘Les Croquants’

 

La prensa airea que Bill Gates, el rico más famoso del mundo, tenía relaciones con empleadas de Microsoft.

Howard Hughes se hacía llevar las actrices más cotizadas a su mansión de lujo o a su avión privado, y allí las sometía a complicados ejercicios sexuales en los que el contacto físico quedaba subordinado a una profilaxis rigurosa en prevención de infecciones.

Estaba chalado, pero era una locura con cierta grandeza (de algún modo más bien dudoso). En cambio, tirarte los fines de semana a una empleada de la firma en cuyo organigrama ocupas una posición relevante, como hacía Fred McMurray con Shirley McLaine en “El apartamento”, es una conducta rastrera, impropia de un multimillonario que debería ser ejemplo para la ciudadanía en unos tiempos en los que el éxito lo es todo.

Pues no. Melinda ha acabado por hartarse, a pesar de tantas fundaciones benéficas en común, y ahora están los dos en un divorcio que, este sí, va a ser digno de la leyenda de sus protagonistas y quedará en las crónicas. Algo es algo.

No ha sido el único caso de prepotencia sexolaboral, desde luego, recuerden a Bill Clinton con la becaria, y a Ted Kennedy con Mary Jo, que tuvo la desgracia de ahogarse en una noche de borrachera. O al dictador Trujillo, como nos lo ha contado Vargas Llosa en “La fiesta del Chivo”.

Y retrocediendo muchos siglos en el túnel del tiempo, recuerden al sultán que se llevaba cada noche a una súbdita virgen de buena familia a su lecho, y la mandaba decapitar con las primeras luces del alba. Hasta que se presentó la princesa Sheherezade, capaz de mantener distraído al capullo con cuentos chinos durante mil y pico de noches, lo que le permitió finalmente sobrevivir.

No es la erótica del poder, desde luego, sino el ejercicio impune de la prepotencia lo que mueve a tantos Weinstein a comportarse como lo hacen. En un mundo abismalmente desigual, esa desigualdad se tiene que notar mucho pero mucho, para que el afortunado varón pueda sentir la inmensa satisfacción de haberse conocido. No es la capacidad de seducir sino la de inspirar miedo, humillar, ensuciar.

Trasladen esta pauta de comportamiento de los poderosos a otros ámbitos, y funciona de la misma forma. Lo esencial es que el campesino, el inmigrante ilegal, el palestino, sepa que no es nadie, que depende de forma absoluta de otra persona. Y hacérselo sentir. Un ejercicio rutinario por parte de las mafias que controlan el tráfico de pateras entre África y Europa es la violación de las jóvenes migrantes. Está incluido en el precio del pasaje.

 

(*) “Los pudientes bajan a la ciudad cabalgando en su dinero, para comprar doncellas a las santas buenas gentes. Los pudientes pagan precios muy altos por meterles mano, por aquí y por allá.”