martes, 27 de julio de 2021

NOS LLAMAN "HA" MADRUGAR POR LA LENGUA

 


Ilya MILSTEIN, ilustración.

 

Arte diabólica es

─dijo don Pablo Casado─

Que para hablar eivissenc

Un hidalgo en Ciudad Real

Llega a viejo y lo habla mal,

Y allí lo parla un muchacho.

(Nicolás FERNÁNDEZ DE MORATÍN y YO)

 

Ni corto ni perezoso, Toni Cantó, flamante director de la Oficina del Español, ha puesto un tuit llamando «ha madrugar por España», y demostrado de paso que es mucho el recorrido que falta aún por cubrir en este terreno.

El llamamiento ha coincidido en el tiempo con una advertencia pedagógica de Pablo Casado a los baleares en general, de que ellos no hablan catalán, sino mallorquín, menorquín, eivissenc o formenterenc. La cosa es más compleja todavía, deberíamos matizar a don Pablo (*). O sea, igual que no existe el catalán canónico, otro tanto ocurre con el español que Cantó se ha puesto ha arreglar a su aire.

Cantó y Casado no son los primeros en pisar ese jardín, por lo demás. Por los pasillos del mundo editorial corrió hace años la anécdota del corrector de estilo, inflexible como el legendario metro de platino iridiado, que encontró que la prosa de Gabriel García Márquez estaba plagada de americanismos, y los corrigió absolutamente todos en el siguiente original que llegó a sus manos.

Creo que se trataba de la “Crónica de una muerte anunciada”, y obligó a una cuadrilla de recorrectores improvisados a hacer horas extra para devolver el texto a su estado prístino. En cualquier caso, sí fue la Crónica el libro de Gabo que mereció del crítico colombiano “Argos” (seudónimo) la crítica de que se le habían colado al escritor, de forma seguramente inadvertida, tres venezolanismos. García Márquez respondió a la acusación con un alegato formidable, “La conduerma de las palabras”, que yo leí primero en “El País” de aquellos tiempos (después sería incluido en una recopilación de artículos periodísticos del autor, galardonado ya con el Nobel y en consecuencia inobjetable para los celosos vigilantes de la pureza de la Marca Colombia); y lo recorté, y lo leí para mí muchas veces, porque era luminoso en cuestiones de lengua. La sustancia última, de la que se desprendía toda una serie de consecuencias necesarias para el buen uso de la lengua, era la siguiente: los tres venezolanismos denunciados eran de uso corriente en Aracataca (Colombia), y allí todos entendían lo que se quería decir con ellos. Si se quiere utilizar el vehículo de la lengua para cualquier otra cosa que no sea entenderse entre personas, se cae sin remedio en las mayores aberraciones. (Lo cual es cierto a uno y otro lado del río Ebro, y también en Formentera o en cualquier otra isla.)

Uno de los venezonalismos que escandalizaron a “Argos” era la voz “conduerma”, que guardé para mí por si acaso, pero que hasta hoy mismo no había tenido ocasión de utilizar. Dudo que Toni Cantó, tan belicoso él con la pureza del idioma, se avenga ha darla por buena.

 

(*) Joan Baldoví, portavoz de ‘Compromís’, ya lo ha hecho en el Congreso de los Diputados. Habló en palentino, para que don Pablo pudiera entenderle.