sábado, 10 de julio de 2021

TRES HIGAS A LA OMS

 


Antonio Ruda, veterano de muy distintas enfermedades no bien clasificadas, entona el “En pie famélica legión” junto a la Plaza Mayor de la Villa y Corte. (Foto tomada de su muro en Facebook)

 

Buena orina y buen color,

Y tres higas al doctor.

(Luis de GÓNGORA)

 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) tiene en proyecto incluir la vejez en el censo de enfermedades, a partir de 1º de enero de 2022. La OMS es muy dueña de hacerlo, pero no deja de ser una insensatez caballuna. Puede que la vejez sea una enfermedad, según se considere cuestión tan delicada; pero resulta indudable que la alternativa es notablemente peor, como le gusta decir a mi cuñado José Manuel, que es una eminencia médica.

Yo, así por libre, estaría sin embargo dispuesto a negociar el asunto, sin vetos y sin líneas rojas. Rodríguez versus OMS, en una mesa de uno contra uno. Yo, fíjense, estaría dispuesto a la inclusión de la Vejez en el censo de Enfermedades, a condición de que se incluyeran asimismo la Niñez, la Adolescencia, la Juventud y la Madurez. A todos estos estadios de la vida van asociadas diversas patologías, como le ocurre a la vejez. Curémonos entonces en salud, nunca mejor dicho, y abordemos la Vida misma como una enfermedad desde el punto de vista científico, institucional y administrativo.

Solo de ese modo podrá satisfacerse el ansia de globalidad de la globalización en el mundo. O todos moros, o todos cristianos, se decía antes. O todos sanos, o todos enfermos, sería la contrarréplica actual. Y si se quiere llevar el tema al delirio de parcelización tan del gusto de los legisladores de las hornadas recientes, prepárese una Ley Trans por la cual cada persona podrá decidir, no solo sobre su propio sexo, sino además sobre su eventual condición de Joven, Maduro/a o Vetusto/a. Los certificados auténticos expedidos por la Administración rubricarán y defenderán la adscripción motu proprio de cada cual a una de las dichas clasificaciones, y cada persona será hospitalariamente tratada en función de la enfermedad a la que esté administrativamente adscrita. Se acabó de una vez por todas el poti-poti.

Mientras me llega el momento de asumir ese trago, tengo intención de solicitar de la autoridad competente que me sea concedido, como a todos los condenados, un último deseo antes de que se cumpla la sentencia en todo su rigor. Elijo acompañar a mi amigo de Facebook Antonio Ruda, presidente de la ONG Parroquianos sin Fronteras, en uno de sus garbeos por los Madriles vetustos o suburbanos, en busca de caldos generosos y tapas sabrosas de todo tipo y condición. Desde la enfermedad senil que ya no consigo ocultar al círculo de mis íntimos, suspiro casi cada mañana al ver las fotos que cuelga Antonio y sus textos concisos, informativos y bien regodeados. ¡Antonio, espérame que ahora voy!