Es sabido que todos
los caminos conducen a Roma. El porqué sigue siendo un misterio, después de siglos
de exploración del planeta y de cartografía científica.
Se sostiene
asimismo que los caminos del Señor no conducen a Roma como todos los demás,
sino que son imprevisibles, ya sea por antonomasia o ya por la razón que sea, que en
ese laberinto no me atrevo a entrar.
Ahora se da el caso
de que Carles Puigdemont, el hombre de Waterloo, aspira legítimamente a ir desde allí a
Estrasburgo, y al examinar el mapa oportuno ha averiguado que el camino más
directo entre ambos puntos no pasa por Roma sino, quién lo iba a decir, por
Madrid. De modo que, ni corto ni perezoso, ha puesto un recurso ante el ominoso
Tribunal Constitucional del Estado opresor contra la decisión del Parlament
independentista de Catalunya de retirar la delegación del voto a los incursos
en la causa del 1-O. (Puesto que sin el ejercicio del voto de nada le serviría
sentarse en el Parlamento de Estrasburgo.)
Juntos por Cataluña
(JxCat), la formación que lidera Puigdemont, ha hecho honor a su nombre apresurándose a hacer constar de
forma pública que el recurso en cuestión no va contra nadie (nadie es, en este caso concreto, su compañera de fatigas ERC), y que se trata de una mera
cuestión técnica.
No hacía falta la
aclaración, las bajas por fuego amigo han sido siempre una cuestión técnica.
Algo engorrosa, eso sí, quién explica a los familiares del fallecido que no se
le ha disparado por motivos personales sino solo por razones técnicas. “Pues me
cago en la noticia”, se supone que habrá respondido Roger Torrent, militante de ERC y presidente
del Parlament cuestionado desde las propias filas ante una autoridad respecto de
la cual tanto JxCat como la propia ERC predican su ilegitimidad radical desde la
unilateralidad que les anima.
El viaje a Ítaca de
los intrépidos independentistas catalanes se está complicando hasta extremos
impensables, mucho más allá de los ya complejos intríngulis iniciales. Ahora
viene a resultar que el camino a Ítaca pasa por Estrasburgo, y el camino a
Estrasburgo pasa inexcusablemente por denunciar al Parlament del Parc de la Ciutadella ante los
tribunales de Madrid.