Leo en un artículo
de Andrea Rizzi en elpais que el filósofo alemán Markus Gabriel invita a sus
colegas a un “activismo intelectual paneuropeo” con el fin de plasmar una
filosofía «que aspire no solo a diagnosticar, sino a reparar.»
La idea no es nueva.
Ya Carlos Marx, hace algún tiempo, señaló que por lo común los filósofos se han
limitado a interpretar el mundo, pero lo que hace falta es cambiarlo. Marx llevó a una concreción práctica el llamamiento genérico de Markus
Gabriel. También cumplió con el siguiente mandamiento de la propuesta: «Hay que
atreverse a pensar fuera de los esquemas.» Bien dicho. Es inevitable sin embargo,
lo señalo como comentario y no como crítica, que ese pensamiento fuera de
esquemas, si es fructífero y resulta útil para un número lo bastante amplio de
personas, acabe por integrarse en un esquema más amplio ─cuando no le quepa la
mala fortuna de degenerar en un dogma inamovible─, o se convierta él mismo en un
esquema autónomo.
No veo mucho
recorrido, de otro lado, a la idea de traspasar el encargo de “reparar” Europa
a literatos, artistas y poetas. No tengo nada en contra de la literatura, la
poesía y el arte, pero en el caso de que quisiera edificar una casa, pasaría el
encargo a un arquitecto solvente, no a un poeta excelso.
Dicho de otro modo:
me parece bien salirme de los esquemas, siempre y cuando eso no signifique salirme
demasiado.
En la Unión Europea
se han hecho hasta ahora muchas cosas, una parte de ellas bien. Puestos a
sopesar los pros y los contras de la institución, mi opinión es que se trata de un armatoste que sigue siendo
útil en muchos sentidos, aunque se debería mejorar su funcionamiento práctico para adaptarlo mejor
a la situación actual, llámenla paradigma si les apetece. El jurista italiano
Umberto Romagnoli describió esa situación o paradigma como un “seísmo”. Pocas cosas
quedan en pie del viejo orden, y muchas de ellas necesitan reparación urgente. Otras será preciso refundarlas, y algunos tratados habrán de ser abolidos y sustituidos por otros más adecuados.
Rizzi propone tres
principios para la nueva Europa, que toma prestados de Italo Calvino. Son la levedad, la rapidez y la visibilidad. No le sigo el hilo. Algunos suspiramos por otra clase de
cualidades, no sé si dentro o fuera de esquema, pero que echamos mucho de
menos en la actual constitución europea: inclusión, igualdad, sostenibilidad, solidaridad.